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No hay cepo que frene la llegada de artistas al país
En el contexto de una cartelera siempre nutrida y atractiva, Lady Gaga y Bob Dylan volvieron a pasar por el país en 2012.
También tuvo una muy fuerte presencia un estilo que, con una muy amplia actitud de criterio, podríamos llamar canción latina, incluyendo allí a baladistas de los más variados, más emparentados con el pop o con la canción de inspiración local, con el bolero o con la bossa nova y el samba. En este caso, esa también muy larga lista incluiría, dejando a unos cuantos afuera, a Armando Manzanero, Marc Anthony -que estuvo dos veces, primero solo en GEBA y luego compartiendo cartel con Chayanne en Vélez-, Marco Antonio Solís -otro muy amado por el público argentino- Salvatore Adamo, Toquinho, Olga Román, Paulinho Moska, María Creuza, Caetano Veloso junto a su hijo Moreno, Franco De Vita, Rosana, Fernando Cabrera, Xavier Ribalta, Jorge Drexler, Omara Portuondo, Raphael, Nilda Fernández, Jaime Roos, Gal Gosta, Rubén Rada, Ismael Serrano, Julio Iglesias -también en dos visitas a lo largo del año-, Concha Buika, Gilberto Gil, Dyango, Diego El Cigala, José Luis Perales, Paco Ibáñez, Silvio Rodríguez, Ivete Sangalo, etcétera. En este caso, los mayores alborotos los generaron la dupla de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, que estuvieron dos veces, para arrancar su gira mundial en marzo en el Luna Park y muchas ciudades del país y para cerrarla en diciembre en Mendoza, Mar del Plata y la cancha de Boca; Ricardo Arjona, con sus cinco Vélez; y Luis Miguel, que confirmó su convocatoria con sus varios recitales en el club GEBA, más una cena show en La Rural con precios que harían temblar aun a un consumidor de Europa o los Estados Unidos.
Si pensamos en el jazz, una música que naturalmente tiene sus principales cultores fuera del país, la proporción de llegadas fue mucho menor. Y, aunque en buena medida recluido en el ámbito de clubes, pubs, cafés concerts y pequeñas salas, el jazz hecho aquí resistió con dignidad. De todos modos, hubo unas cuantas visitas, y puede mencionarse a John Zorn, Maceo Parker, Hugh Laurie (el inefable Dr. House reconvertido en pianista y cantante), Chick Corea, Stanley Clarke, Alva Noto, Ryuchi Sakamoto, Hugo Fattoruso (si podemos considerar extranjero a este talentoso uruguayo), Karen Souza, Paquito D'Rivera (que sólo vino para tocar en San Juan) o algunos músicos que fueron contratados por el Gobierno de la Ciudad para participar de su festival anual de hace pocos días, como Tom Harrell, Ralph Towner, David Gilmore, Horacio Fumero (un argentino que vive hace años en Europa), Kirk Lightsey, John Hollenbeck, el chileno Agustín Moya, Ramón Gossati, entre otros.
Y puestos a enumerar, también tuvo su representación foránea un rubro que podríamos denominar folklórico o de «músicas del mundo». Así, en este 2012 que concluye, llegaron a la Argentina Quilapayún, Hernán Gamboa, Lucecita Benítez, las murgas Falta y Resto y Agarrate Catalina, Illapu, Eva Ayllón, Inti Illimani, Tomatito o la portuguesa Mafalda Arnauth.
La resistencia argentina
El negocio de los discos ha dejado de ser tal, al menos si se lo compara con los tiempos de gloria en que los shows tenían la casi exclusiva pretensión de servir como promoción para su venta. La ecuación se ha invertido y si las figuras de alto impacto quieren sostener esos niveles de vida principescos que muchas veces llevan, tienen que pasar mucho tiempo en los escenarios y cobrar cachets muy altos; y por las circunstancias apuntadas, un país como el nuestro está siendo un bocado muy dulce para ellos. Obviamente, lo mismo les sucede con la venta de sus CD a los argentinos aunque, en cambio, no tienen la misma facilidad para actuar en el exterior, salvo que se acomoden a poner el cuerpo con mucha mayor humildad. En el ámbito local, apenas nombres ya muy instalados como los de Diego Torres, Charly García, Fito Páez, el Indio Solari, Soledad, Los Nocheros, el Chaqueño Palavecino, Pedro Aznar, Juanse, Sandra Mihanovich, Rally Barrionuevo, Valeria Lynch, el resurgido Palito Ortega o Axel (con su Vélez de diciembre) logran soportar el embate y conservar su espacio en el amor masivo del público. La gran mayoría, por su parte, sostiene sus vidas con la docencia, las grabaciones y algunos «laburitos» extra; y a la hora de tocar, se sienten satisfechos si pueden llevarse unos pocos pesos a casa y hasta con «salir empatados».
¿Y el arte?
Hasta aquí, sólo hemos hablado de dinero, de convocatorias, de cuestiones ligadas al negocio. ¿Es que no hay otra cosa para decir puestos a reflexionar sobre la temporada que termina? Y lo cierto es que queda, una vez más, muy poco en ese sentido. La música -seguramente como otras expresiones del arte y el entretenimiento- está pasando desde hace rato por un período de estancamiento, de reciclado de lo conocido, de permanencia o de revalorización de figuras con muchos años en sus espaldas -obsérvese, simplemente, las edades de muchos de quienes continúan siendo ídolos de los jóvenes-. Y seguimos esperando por algún cambio de estilo, de género, de sonido, de actitud, que nos sacuda la modorra y empiece a confrontarnos estéticamente, a obligarnos a repensar, a imponernos una actitud mucho más activa como oyentes.
Lo que vendrá
Cada balance incluye, inevitablemente, una perspectiva. Y aunque el futuro tiene siempre una muy alta cuota de imprevisibilidad, nada permite suponer que 2013 será distinto al año que concluye. Si nada cambia con el tema económico o si los cambios son leves, volveremos a tener una abundante llegada de extranjeros; y aunque todavía se están armando las agendas, ya podemos dar como confirmados a Djavan (Gran Rex, 17/1), el «Ultra Music Festival» con DJ's internacionales (Costanera Sur, en febrero), Pearl Jam (también en la Costanera, 3 de abril) y el «Rock in Río-Buenos Aires 2013», que tendrá el auspicio del Gobierno porteño y ocurrirá entre septiembre y octubre en el Parque de la Ciudad.
Los argentinos seguirán reclamando su porción de la torta, los productores -algunos, los más grandes- seguirán haciendo importantes diferencias con las figuras de mucha convocatoria, los medios -especialmente los audiovisuales- seguirán entusiasmándose con la parte farandulesca y las excentricidades de algunos de esos artistas. Y la música, parece, seguirá por ahora sin tener mucho para agregar a lo muchísimo que nos ha dado en el siglo XX.


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