13 de diciembre 2012 - 20:05

No hay cepo que frene la llegada de artistas al país

En el contexto de una cartelera siempre nutrida y atractiva, Lady Gaga y Bob Dylan volvieron a pasar por el país en 2012.
En el contexto de una cartelera siempre nutrida y atractiva, Lady Gaga y Bob Dylan volvieron a pasar por el país en 2012.
Como viene sucediendo en las últimas temporadas, y se acentúa a medida que se abarata la divisa norteamericana, la visita en masa de figuras extranjeras fue el aspecto saliente del año que concluye. Perspectivas para un 2013 que promete semejanzas.

Al hacer un cierre del año pasado, hablábamos de sobreoferta internacional y nos referíamos a que los números de la economía se estaban acercando a los de los tiempos de la convertibilidad, algo que entusiasmaba a los productores, que veían la posibilidad de hacer buenos negocios trayendo cantantes y músicos desde el exterior; hasta nos sorprendíamos por la locura que había sido la temporada. Vaya paradoja: las restricciones a la salida de dólares que han afectado a algunos rubros de la economía no parecen haberlo hecho en la música. Hubo cierta zozobra en un principio, apenas impuestas las medidas más severas; y hasta se dijo que no podría salir un dólar para un artista extranjero si no había un ingreso equivalente de la mano de un argentino actuando en el exterior. En la práctica, y aunque se supone que sigue siendo así, eso no ocurre y está claro que, papeles en regla mediante, la AFIP está autorizando la salida de divisas necesarias para pagar en su moneda y en su tierra a gente que llega de Uruguay o de Puerto Rico, de España o de los Estados Unidos, de África o de Inglaterra.

Esta «invasión» de figuras de todas partes tiene una valoración contradictoria. Por un lado, no puede negarse lo valioso que es para cualquier país recibir artistas distintos, consumir oferta cultural en toda su amplia gama, conocer otras voces, enterarse de las novedades mundiales, etcétera, y esto aún más allá de que la amplia mayoría de lo que llega tenga que ver con los grandes centros de expansión económica y no tanto de los países periféricos y que siga habiendo un porcentaje de la población que no tiene acceso a estos artistas. Pero por otro, es evidente también que esa avalancha de extranjeros deja proporcionalmente mal parados a los argentinos que tienen que disputar, en obvia desigualdad de condiciones, los bolsillos, los entusiasmos y las ganas del público.

Pensemos que aunque puedan haber decaído algunos valores macroeconómicos, se sostiene la buena capacidad de consumo de los sectores medios y medio-altos. Eso permite que sea importante el volumen de dinero que los habitantes de nuestro país -siempre con epicentro en Buenos Aires y su conurbano, por supuesto- destinan a este modo de entretenimiento. Pero todo tiene un límite. Se agotan la plata en esos bolsillos, el deseo de escuchar música, las posibilidades materiales de hacerlo, el espacio en los medios para difundirlos, etcétera: y quienes pagan las mayores consecuencias son los artistas locales.

Una lista enorme

Repasemos un poco. Aunque no siempre para los mismos públicos, el pop y el rock con predominancia de lo sajón y de la canción norteamericana fueron los géneros más favorecidos. Vinieron James Blunt, Selena Gómez, Alpha Blondy, Luz Casal, Camila, Enrique Bunbury, Morrisey, Marky Ramone -casi un compatriota de tan habitué-, Joe Cocker, Creedence Clearwater Revisited, Zucchero, Michael Bublé, Emir Kusturika & The No Smoking Orchestra, Gipsy Kings, Foo Fighters, Arctic Monkeys, Björk, Roxette, Lenine, Bob Dylan, Duran Duran, Crosby, Stills & Nash, Noel Gallagher, Buddy Guy, Ute Lemper, La Oreja de Van Gogh, Lila Downs, Jennifer López, Alan Parsons, Die Toten Hosen, Megadeth, Café Tacvba, Carlinhos Brown, Il Divo, Liza Minelli, Jon Anderson, Juanes, Joe Satriani, Robert Plant, Kate Nash, Kiss, Tony Bennet, entre muchos otros. Aunque, por supuesto, los picos en el interés de la prensa y de la gente estuvieron en la extensa lista de presentaciones de «The Wall» a cargo del británico Roger Waters (en el pasado verano de River, con el récord de once shows en esa cancha), la presencia de la muy admirada por los jóvenes Lady Gaga -ya sobre el final del año- y de la sempiterna reina del pop, Madonna, que volvió a pisar suelo argentino para actuar en River y en Córdoba y que siempre genera revuelo por aquí.

También tuvo una muy fuerte presencia un estilo que, con una muy amplia actitud de criterio, podríamos llamar canción latina, incluyendo allí a baladistas de los más variados, más emparentados con el pop o con la canción de inspiración local, con el bolero o con la bossa nova y el samba. En este caso, esa también muy larga lista incluiría, dejando a unos cuantos afuera, a Armando Manzanero, Marc Anthony -que estuvo dos veces, primero solo en GEBA y luego compartiendo cartel con Chayanne en Vélez-, Marco Antonio Solís -otro muy amado por el público argentino- Salvatore Adamo, Toquinho, Olga Román, Paulinho Moska, María Creuza, Caetano Veloso junto a su hijo Moreno, Franco De Vita, Rosana, Fernando Cabrera, Xavier Ribalta, Jorge Drexler, Omara Portuondo, Raphael, Nilda Fernández, Jaime Roos, Gal Gosta, Rubén Rada, Ismael Serrano, Julio Iglesias -también en dos visitas a lo largo del año-, Concha Buika, Gilberto Gil, Dyango, Diego El Cigala, José Luis Perales, Paco Ibáñez, Silvio Rodríguez, Ivete Sangalo, etcétera. En este caso, los mayores alborotos los generaron la dupla de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, que estuvieron dos veces, para arrancar su gira mundial en marzo en el Luna Park y muchas ciudades del país y para cerrarla en diciembre en Mendoza, Mar del Plata y la cancha de Boca; Ricardo Arjona, con sus cinco Vélez; y Luis Miguel, que confirmó su convocatoria con sus varios recitales en el club GEBA, más una cena show en La Rural con precios que harían temblar aun a un consumidor de Europa o los Estados Unidos.

Si pensamos en el jazz, una música que naturalmente tiene sus principales cultores fuera del país, la proporción de llegadas fue mucho menor. Y, aunque en buena medida recluido en el ámbito de clubes, pubs, cafés concerts y pequeñas salas, el jazz hecho aquí resistió con dignidad. De todos modos, hubo unas cuantas visitas, y puede mencionarse a John Zorn, Maceo Parker, Hugh Laurie (el inefable Dr. House reconvertido en pianista y cantante), Chick Corea, Stanley Clarke, Alva Noto, Ryuchi Sakamoto, Hugo Fattoruso (si podemos considerar extranjero a este talentoso uruguayo), Karen Souza, Paquito D'Rivera (que sólo vino para tocar en San Juan) o algunos músicos que fueron contratados por el Gobierno de la Ciudad para participar de su festival anual de hace pocos días, como Tom Harrell, Ralph Towner, David Gilmore, Horacio Fumero (un argentino que vive hace años en Europa), Kirk Lightsey, John Hollenbeck, el chileno Agustín Moya, Ramón Gossati, entre otros.

Y puestos a enumerar, también tuvo su representación foránea un rubro que podríamos denominar folklórico o de «músicas del mundo». Así, en este 2012 que concluye, llegaron a la Argentina Quilapayún, Hernán Gamboa, Lucecita Benítez, las murgas Falta y Resto y Agarrate Catalina, Illapu, Eva Ayllón, Inti Illimani, Tomatito o la portuguesa Mafalda Arnauth.

La resistencia argentina

El negocio de los discos ha dejado de ser tal, al menos si se lo compara con los tiempos de gloria en que los shows tenían la casi exclusiva pretensión de servir como promoción para su venta. La ecuación se ha invertido y si las figuras de alto impacto quieren sostener esos niveles de vida principescos que muchas veces llevan, tienen que pasar mucho tiempo en los escenarios y cobrar cachets muy altos; y por las circunstancias apuntadas, un país como el nuestro está siendo un bocado muy dulce para ellos. Obviamente, lo mismo les sucede con la venta de sus CD a los argentinos aunque, en cambio, no tienen la misma facilidad para actuar en el exterior, salvo que se acomoden a poner el cuerpo con mucha mayor humildad. En el ámbito local, apenas nombres ya muy instalados como los de Diego Torres, Charly García, Fito Páez, el Indio Solari, Soledad, Los Nocheros, el Chaqueño Palavecino, Pedro Aznar, Juanse, Sandra Mihanovich, Rally Barrionuevo, Valeria Lynch, el resurgido Palito Ortega o Axel (con su Vélez de diciembre) logran soportar el embate y conservar su espacio en el amor masivo del público. La gran mayoría, por su parte, sostiene sus vidas con la docencia, las grabaciones y algunos «laburitos» extra; y a la hora de tocar, se sienten satisfechos si pueden llevarse unos pocos pesos a casa y hasta con «salir empatados».

¿Y el arte?

Hasta aquí, sólo hemos hablado de dinero, de convocatorias, de cuestiones ligadas al negocio. ¿Es que no hay otra cosa para decir puestos a reflexionar sobre la temporada que termina? Y lo cierto es que queda, una vez más, muy poco en ese sentido. La música -seguramente como otras expresiones del arte y el entretenimiento- está pasando desde hace rato por un período de estancamiento, de reciclado de lo conocido, de permanencia o de revalorización de figuras con muchos años en sus espaldas -obsérvese, simplemente, las edades de muchos de quienes continúan siendo ídolos de los jóvenes-. Y seguimos esperando por algún cambio de estilo, de género, de sonido, de actitud, que nos sacuda la modorra y empiece a confrontarnos estéticamente, a obligarnos a repensar, a imponernos una actitud mucho más activa como oyentes.

Lo que vendrá

Cada balance incluye, inevitablemente, una perspectiva. Y aunque el futuro tiene siempre una muy alta cuota de imprevisibilidad, nada permite suponer que 2013 será distinto al año que concluye. Si nada cambia con el tema económico o si los cambios son leves, volveremos a tener una abundante llegada de extranjeros; y aunque todavía se están armando las agendas, ya podemos dar como confirmados a Djavan (Gran Rex, 17/1), el «Ultra Music Festival» con DJ's internacionales (Costanera Sur, en febrero), Pearl Jam (también en la Costanera, 3 de abril) y el «Rock in Río-Buenos Aires 2013», que tendrá el auspicio del Gobierno porteño y ocurrirá entre septiembre y octubre en el Parque de la Ciudad.

Los argentinos seguirán reclamando su porción de la torta, los productores -algunos, los más grandes- seguirán haciendo importantes diferencias con las figuras de mucha convocatoria, los medios -especialmente los audiovisuales- seguirán entusiasmándose con la parte farandulesca y las excentricidades de algunos de esos artistas. Y la música, parece, seguirá por ahora sin tener mucho para agregar a lo muchísimo que nos ha dado en el siglo XX.

Dejá tu comentario