8 de enero 2014 - 00:00

“No hay escritor argentino que no haya amado el cine”

Damiani: “‘La distracción’ es un homenaje al cine. Y una novela sobre la amistad, y la amistad está entrelazada con y por el cine. Me parece que el cine, la literatura, el teatro, generan amistades que a veces son indestructibles, que van más allá de la muerte”.
Damiani: “‘La distracción’ es un homenaje al cine. Y una novela sobre la amistad, y la amistad está entrelazada con y por el cine. Me parece que el cine, la literatura, el teatro, generan amistades que a veces son indestructibles, que van más allá de la muerte”.
Dos críticos de cine, que hacen un culto de la amistad que se profesan, practican una devoción compartida a las obras mayores del séptimo arte, y consideran a Guillermo Cabrera Infante como el maestro de los maestros de su profesión, para ellos la vida es una fiesta de imágenes y palabras hasta que un accidente y la aparición de una mujer cambian la secuencia definitivamente, es apenas el argumento de "La distracción", la nueva novela de Marcelo Damiani, que acaba de publicar Simurg. Apenas el argumento porque lo que sucede lleva al pasar al lector a profundidades teóricas y diversiones diversas. El cordobés Marcelo Damiani, que está dedicado a la docencia universitaria, es egresado de Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y del Bath Spa Univesrity College de Gran Bretaña, y fue becario del Banff Centre for the Arts de Canadá. Ha publicado las novelas "Adiós, Pequeña", "El sentido de la vida", "El oficio de sobrevivir" y "Algunos apuntes sobre mi madre", curiosa obra breve que va ampliando en cada nueva publicación, el libro de poemas "Pasajeros" y la compilación "El efecto Libertella". Dialogamos con él.

Periodista: ¿Es cierto que su novela "La distracción" contó con la lectura colaboradora de Guillermo Cabrera Infante, Roberto Bolaño, Héctor Libertella y Juan José Saer?

Marcelo Damiani:
Sí, exactamente así fue. La cuestión es que el libro lo fui escribiendo durante diez años, en capítulos que eran como independientes. Me gustan mucho las novelas que están formadas por partes independientes, como si los capítulos fueran cuentos, que tienen una cierta autonomía y, a medida que se va leyendo, se puede ir encadenando la historia. Esos capítulos-cuento se los fui dando a esos escritores amigos para que me dieran su opinión. A Cabrera Infante lo había conocido cuando me dio en el 2001 el segundo premio del Premio Clarín de Novela por "El sentido de la vida", luego cuando fui becado para estudiar en Inglaterra trabamos amistad, que es un poco lo que cuento en "La distracción". Era amigo, por entrevistarlo, de Saer, y amigo de la vida con Libertella. Con ellos nos intercambiábamos textos. Ellos leyeron sobre todo los primeros capítulos de mi novela.

P.: Su novela comienza con dos fanáticos cinéfilos que consideran que Caín, es decir Cabrera Infante, es el mejor crítico de cine del mundo.

M.D.:
Para poder contar esa parte tuve que pedirle datos a él porque yo no estuve nunca en Cuba, y la novela termina en Cuba. Él empezaba a contarme: "Bueno, yo iba al Atlantis...", y yo pensaba qué interesante, qué buena vida la del crítico de cine en los años cincuenta y principios de los sesenta en Cuba, y luego vino la Revolución y la cosa cambió. Después me encontraba con Libertella y le pasaba capítulos que eran más libertellianos. La novela comienza con una cosa juguetona, divertida, a lo Cabrera Infante, y se va poniendo más densa, y en esa densidad hay una cierta oscuridad, que juega con asuntos más complejos, como lo hace Libertella. Me pareció un camino interesante ir entrando de a poco en complejidades. Eso me permitió escapar del mero hedonismo lingüístico. Sumar varios registros para lograr algo distinto. Imitar es fácil, lo difícil es no tener un modelo, y para eso hay que tener muchos, y no tener con ninguno una relación absoluta, sino vínculos parciales. Y es bueno que sea así, si no uno se convierte en una suerte de epígono, y hay mucho de eso, y es algo que yo trato de evitar.

P.: ¿"La distracción" es un homenaje al cine?

M.D.: Es un homenaje al cine. Y una novela sobre la amistad, y la amistad está entrelazada con y por el cine. Me parece que el cine, la literatura, el teatro, generan amistades que a veces son indestructibles, que van más allá de la muerte. Después del fallecimiento de Héctor Libertella, yo hice un libro sobre él, "El efecto Libertella", y organicé unas jornadas sobre su obra. Y con Cabrera Infante sigo en contacto con la viuda, que el otro día me mandó felicitaciones por la salida de la novela. Si sumo a Saer y a Bolaño tendría que hablar de la generosidad y la solidaridad entre colegas.

P.: En su libro comienza con un chiste sobre Orson Welles y va pasando hasta llegar al cine de los hermanos Coen.

M.D.:
En el libro hago una especie de historia encubierta del cine, en cinco momentos. Comienzo con "El Ciudadano", considerada la mejor película de todos los tiempos, y después paso a "Vértigo" de Hitchcock, otra indiscutible. Mis personajes son dos críticos de cine, por lo tanto aman lo mejor, lo más clásico. Después hay un homenaje a Tarkovsky por "El espejo", y los hermanos Coen, que considero los grandes directores del cine reciente, por "Barton Fink". Por el medio de éstos pasan muchos otros directores y películas. Reynaldo Gómez y Nicolás Campriglia, los críticos, van escribiendo notas sobre las películas. La de "Vertigo" aparece con la firma de Caín, como un homenaje a todas las que escribió Cabrera Infante, donde tomo elementos de ese comentario excepcional que hizo de la película el gran escritor cubano. Yo le dije mirá lo que voy a hacer. Y él me dijo hacé lo que quieras. Cuando le mostré lo que había escrito le encantó, con la salvedad de "ésas no serían mis palabras".

P.: La amistad entre críticos de cine, punto de arranque de su historia, es algo que se ha dado mucho en nuestro país.

M.D.:
Hay desde nombres mediáticos a los de aquellos que antes, durante o después pasaron a la literatura. No hay escritor argentino importante que no haya amado el cine. Empecemos por Quiroga, Borges, Arlt, Cortázar, Puig, y sigamos de allí para adelante. Y sus relatos son muy cinematográficos. El cine a partir de la segunda década del siglo XX atraviesa la literatura. Mí literatura ha salido de esa contribución y de ese estímulo.

P.: ¿Qué relaciones ve entre sus novelas?

M.D.:
En mi novela anterior, "El oficio de sobrevivir", aparece un crítico de cine uruguayo que es Reynaldo Gómez , que tiene nada más que veinte páginas. "El oficio de sobrevivir" tiene cierta relación con la obra de Saer "Cicatrices" porque son seis personajes que cuentan sus historias, y están encadenadas. En la quinta Reynaldo Gómez es un crítico de cine que lo mandan a hacer crítica literaria, y va y hace lo que puede. Me encantó ese personaje y me di cuenta que me había quedado corto. Creo que Reynaldo Gómez me apuró para que le haga una novela (ríe), y le tuve que hacer "La distracción". "El sentido de la vida", mi primera novela, es una obra experimental sobre cómo se escribe una novela, qué es una novela, por qué una novela puede estar formada por cuentos, por poemas, por guiones, y que todo eso sea fácil de leer. De esa novela salió "El oficio de sobrevivir" cómo una especie de respuesta. Un punto en común de las tres novelas es que están situadas en una isla imaginaria, literaria. Las tres novelas tienen prólogo de Alan Moon, que es un personaje de "El oficio de sobrevivir". Hay citas de personajes en la primera que en la segunda se desarrollan. Hay vasos comunicantes entre las novelas, un encadenamiento inconsciente que surgió sin que yo supiera que estaba escribiendo una trilogía. Construí una trilogía involuntaria. Es un recorrido que se puede hacer de cualquiera libro a cualquier otro libro.

P.: ¿Da por cerrada la serie?

M.D.:
No sé, hay un personaje, el filósofo León Tolver, en "El sentido de sobrevivir" que me parece que da para más. Creo que voy a tener que hacer una tetralogía involuntaria.

P.: Sus novelas tienen algo de puzzle y de novela policial.

M.D.:
Tal cual, están pensadas para que el lector arme su propia novela, para que vaya buscando a lo "Rayuela" su recorrido de lectura. En la traducción inglesa de "El oficio de sobrevivir" me pidieron sacar el primer capítulo. Acepté y surgió otra novela, fue interesante. En la versión italiana y la francesa, dejaron todo como está en español. En cuanto al policial, hay una intriga latente que el detective lector puede dedicarse a descubrir. Y tener eso me llevó a tener como escritor una tensión distinta en el momento de narrar.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

M.D.:
Tengo un libro de ensayos dando vueltas, fruto de mi labor en la docencia universitaria. A la vez estoy buscando explorar la relación entre la línea narrativa juguetona, de enigma a resolver, y la línea más personal, más visceral. Tengo otra novela concluida, "Sin comentarios", pero uno se vuelve obsesivo, y no para de corregir hasta que el libro está impreso.

Entrevista de Máximo Soto

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