15 de mayo 2017 - 23:00

“No hay fórmula segura en teatro”

• DIÁLOGO CON EL DRAMATURGO SANTIAGO LOZA, QUIEN PUBLICARÁ UNA NOVELA
Para el autor de “La mujer puerca”, los productores argentinos prefieren desdeñar el talento local y apostar a comedias probadas en Broadway.

Loza. “Las fórmulas exitosas se repiten indefinidamente, y uno siente que está viendo siempre la misma obra.”
Loza. “Las fórmulas exitosas se repiten indefinidamente, y uno siente que está viendo siempre la misma obra.”
"El teatro comercial no termina de decidirse por la cantidad y riqueza de dramaturgos locales, y siempre termina optando por comprar textos de afuera. Hay miedo a obras que se corran del humor" dice el dramaturgo Santiago Loza, cuyas obras "Animales de invierno" y "Nada del amor me produce envidia" se están representando en Estados Unidos, habladas en inglés, lo que se suma al estreno en Madrid de "He nacido para verte sonreír". Loza es también autor de "La mujer puerca", que termina su quinta temporada, y de "Todas las canciones de amor", que protagonizó Marilú Marini con dirección de Alejandro Tantanián, y el mes próximo publicará la novela "El hombre que duerme a mi lado". Dialogamos con él:

Periodista: ¿A qué atribuye el éxito de sus obras en el exterior?

Santiago Loza: Esto me generan curiosidad, alegría, y hasta me da algo de gracia que ese material lanzado hace varios años pudiera dialogar con espectadores que nunca imaginé. En España hubo una adaptación con ciertos modismos que me desconcertó. Allí participé del estreno de "He nacido para verte sonreír".

P.: ¿Qué rasgos comunes hay en sus obras?

S. L.: En mis obras hay personajes con zonas grises, que aparentemente no tienen nada importante que decir; son personajes menores, no protagonistas, y generan una mirada que sacude pero a la vez enternece. Son personajes que dicen algo incómodo, o políticamente incorrecto, porque eso que expresan no es socialmente aceptado. Lo que tienen para comunicar se permite en el espacio de la obra y en esa soledad, porque de otro modo no está bien visto. Y el espectador entra en diálogo con esos pensamientos. También reconozco la suerte de que grandes actores hayan hecho a mis personajes. Esos textos resultan buenas herramientas.

P.: "La mujer puerca" fue un boom.

S.L.: Es un caso más de un personaje que está al margen sin ser marginado, que se siente ofendido en el momento de la obra, y uno asiste a un ritual donde esos caracteres pueden sobreponerse o resurgir de esa gran ofensa. El público participa de una suerte de exorcismo, en el caso de "La mujer puerca"; alguien que ha sido condenada por no ser especial, mientras en ese momento puede serlo. En las obras aparecen personajes vulnerados y ofendidos; la costurera de "Nada del amor me produce envidia", al decidir si el vestido iba para Eva Perón o Liberad Lamarque, opta por quedárselo ella y lo incendia. Toman decisiones que no son aceptadas pero es lo único que pueden hacer. Creo que si el espectador tiene empatía con esos personajes es porque yo la tengo.

P.: ¿Cómo evalúa la escena de dramaturgos argentinos en la cartelera local?

S.L.: Hay un espacio restringido. Tuve la suerte de que "Todas las canciones de amor" la protagonizara Marilú Marini con dirección de Alejandro Tantanián. Aun sin ser una comedia neta sino más bien confeccionada con un texto melancólico. Muchos productores sostienen que sólo funciona el humor, mientras que antes había más apuesta a otros textos; recuerdo "The Pillowman", con una puesta extraordinaria y una obra oscura, que ahora no tendría espacio.

P.: En el teatro comercial se va a lo seguro.

S.L.: Pero lo seguro tampoco es tan seguro, porque fórmulas como "Toc toc", con situaciones de pareja, después se replican en otras obras y uno siente que ve la misma obra todo el tiempo. Y eso va en detrimento de que aparezcan buenas puestas y textos, además es más restringido en términos expresivos.

P.: ¿El off no puede albergar a todos?

S.L.: El off es riquísimo, ahí conviven desde maestros como Kartun o Spregelburd con gente joven como Maruja Bustamante o Romina Paula. En Buenos Aires coexisten diferentes generaciones pero lo hacen en un espacio desamparado desde lo económico. Sigo viendo vivo al teatro de Buenos Aires y cuando uno cree que nada más puede aparecer, emergen nuevas voces.

P.: ¿Y el teatro oficial?

S.L.: Salvo por un Cervantes revitalizado, en el que Tantanian generó un espacio convocante, esperamos que el San Martín abra el 25 de mayo, veremos qué pasa. De haber más salas oficiales, la cantidad de artistas alternativos podrían tener esa exposición que el oficial ofrece, como pasa en otros países.

P.: ¿Cómo fue la experiencia de la serie "Doce casas" en la TV pública?

S.L.: No soy de la TV. Me gustó que me convocaran porque con poco presupuesto hubo mucha libertad y hacíamos un capítulo por día. Fueron 48 capítulos. Todo frenético, pero a la vez una experiencia con actrices y actores con quienes en cine no había trabajado. Fue sentir que se podía hacer ficción en ese canal con autoría argentina aunque las condiciones fueran precarias. De todos modos hay algo desgastante de la televisión.

P.: En junio se publica su novela "El hombre que duerme a mi lado", ¿de qué va?

S.L.: Es una suerte de policial de entrecasa que cuenta la historia de una señora de pueblo que tiene que venir a la casa de su hijo de manera accidental, porque no se siente bien ahí. Se da un reinado de esta mujer, porque es quien maneja los pulsos de esa casa y se genera una relación particular con la pareja de su hijo. Todo contado por esa mujer mayor que percibe el mundo de un modo que va desde la risa hasta el espanto.

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