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"No hay mucho lugar para cambios sobre Medio Oriente"
Michael Hudson
Periodista: Barack Obama emitió señales divergentes en torno a Medio Oriente y al mundo árabe en general. ¿Avizora un cambio en la postura de Estados Unidos hacia la región?
Michael Hudson: La respuesta inicial es que no lo sé. Tenemos que hacer un balance entre los signos de cambio y de continuidad mencionados por Barack Obama durante la campaña. En cuanto a lo primero, Obama hizo declaraciones referidas particularmente a Irán, en cuanto a abrir un poco el diálogo. Pero tenemos que tener en cuenta que cuanto más cercana sea la posición hacia Israel, menor es la señal de cambio. Sabemos que Obama hizo un discurso durante la campaña ante el grupo de influencia Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí muy cercano a las posiciones de ese país, específicamente en la cuestión de Jerusalén. Dijo que la ciudad tiene que ser completamente israelí, aunque luego aclaró que debía ser un tema de negociación. En el balance de sus dichos podría haber una perspectiva de cambio. Luego, si se mira a las personas que se van a ocupar de Medio Oriente, encontramos a Hillary Clinton como secretaria de Estado. A pesar de que en los 90, durante la presidencia de Bill Clinton, ellos parecieron tener una posición equidistante por un breve período, cuando ella compitió por la banca del Senado por Nueva York, asumió una postura muy militante a favor de Israel. Ello supone que no habrá mucho espacio para cambios. Obama va a entrar encarando una crisis en Gaza, y en estas semanas evitó hacer comentarios. Ello se puede interpretar de muchas maneras; una de ellas es que no está dispuesto a hacer ningún movimiento dramático.
P.: Hay académicos que sostienen que la alianza entre Israel y Estados Unidos es muy fuerte por los vínculos entre las élites de ambos países, más allá de los gobiernos. ¿Coincide?
M.H.: En los últimos ocho años, cuando los neoconservadores dominaron el Partido Republicano y la administración Bush, hubo una fuerte relación con el ala derecha de Israel. Pero los neoconservadores no están más en el poder y los demócratas tienen una filosofía política diferente. La coalición no es tan fuerte como lo fue. Dos puntos interesantes. Hillary Clinton nombró a Dennis Ross -un antiguo mediador muy cercano a los Clinton en la década del 90- como jefe de asesores para Medio Oriente, lo que es una buena noticia para los pro israelíes y una mala para los pro palestinos. Pero Obama va a poner como consejero de Seguridad Nacional al general James Jones, un hombre de los marines que no ha demostrado tener simpatía política hacia ninguno de los dos lados y tiene experiencia como facilitador de las fuerzas de seguridad de ambos. Tiene un gran conocimiento de campo y puede suponer una buena noticia para los menos pro israelíes. Es posible que haya un balance entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado.
P.: La situación en Gaza desde que Hamás ganó las elecciones en 2006 ha significado, en los hechos, mucho sufrimiento para la población, más allá de que desde el lado palestino se culpe a Israel de la situación. ¿Puede este padecimiento objetivo, ahora agravado por la guerra, socavar el poder de Hamás desde un punto de vista pragmático?
M.H.: Es más complicado, porque la Franja de Gaza ha estado bajo ocupación israelí y desde 2005, después de que los colonos se fueron, el territorio ha sido bloqueado. Muchos palestinos en Gaza creen que el lanzamiento de los cohetes de Hamás responde a la situación restrictiva que están viviendo. Allí todavía la mayor parte piensa que Israel es el enemigo y no Hamás.
P.: Se ha hablado de una fisura entre una posición más pragmática del jefe de Hamás en Gaza, Ismail Haniye, y otra más fundamentalista de Jaled Meshal, uno de los jefes en el exilio. ¿Estima que esa división es real?
M.H.: Examinando los dichos de todos, incluido uno de los representantes en Damasco, Abú Marzuk, queda claro que todos quieren las fronteras abiertas de la Franja. No creo que haya una situación de una diferencia obvia ni sustancial entre lo que Hamás piensa en Gaza y lo que sostiene en Damasco.
P.: Si Mahmud Ahmadineyad entrara en problemas para sostenerse en Irán, ¿ello podría afectar el apoyo de ese país a Hamás?
M.H.: No tengo claro quién podría ocupar ahora el lugar de Ahmadineyad. Los reformistas están tratando de recobrar la influencia perdida. Pero la relación con Hamás no es de la facción de Ahmadineyad en Irán. Desde la perspectiva estratégica de Irán, Hamás juega un papel clave. Por lo que un nuevo presidente, incluso si fuera más pragmático, no estaría dispuesto a aislar a Hamás, que está ahí protagonizando un juego que a Teherán le interesa.


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