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“No se puede todo; cada museo tiene su campo de acción”
Pacheco: «Cuando se inauguró Malba, Buenos Aires no tenía ningún museo donde ir a ver arte argentino. Es una manera equivocada de entender la gestión de los museos».
Periodista: El Malba generó resistencia antes de su apertura, pero hoy disfruta de mucha aceptación.
Marcelo Pacheco: La resistencia parece haber sido más grande de lo que fue en realidad por la repercusión que tuvo, ya que estaba concentrada específicamente en el Concejo Deliberante y en los vecinos de Barrio Parque, dos focos de oposición. En el medio artístico no había tanta resistencia. De hecho, se generó todo un movimiento con los abrazos a Malba y el medio cultural respondió.
P.: Nicolás García Uriburu habló entonces en la Legislatura, destacó el absurdo de ir a defender un Museo, y agregó que le daba «vergüenza que a Eduardo Costantini le pidan cosas». ¿Siguen pidiéndole «cosas»?
M.P.: El pedido de ampliación del Museo fue todo un tema y sin duda, sin la visión de Eduardo Costantini y su decisión no cumpliría hoy once años y con planes de ampliación. Ahora, para la ampliación hubos pedidos pero las gestiones fueron cambiando y también las negociaciones. Hubo sí, una discusión minuciosa sobre qué cantidad de metros iban a estar destinados a educación, a exhibición, ampliación de servicios. Está bien que los legisladores investiguen. Malba lo fomentó. Antes de presentar el proyecto se explicó en los diferentes bloques por qué Malba necesita la ampliación. Antes de discutirlo en la Legislatura se aclaró que la ampliación permitirá mejorar el servicio que se le da a la comunidad. Hoy van a Malba 30.000 chicos por año y quedan afuera otros tantos. Además, Malba genera trabajo, forma especialistas, contribuye con la industria turística, es una marca argentina que circula en el mundo. La ampliación se presentó en términos políticos, económicos y sociales, no sólo culturales.
P.: Nuestros artistas contemporáneos también necesitan un museo. Los extranjeros piden ver la escena del arte y se pierden oportunidades.
M.P.: Es uno de los motivos por los cuales se decidió formar la colección de los años 90 en adelante, la zona más desprotegida en ese momento por los demás museos, salvo el MACRO en Rosario. Los artistas tenían entre 45 y 50 años, no se trataba de emergentes, integraban un ciclo histórico en el cual un museo podía intervenir, y todavía estaban en una franja de mercado accesible. Con un presupuesto acotado y la ayuda de la Asociación de Amigos y particulares, Malba podía entrar en el mercado con mucha potencia y, en cinco años, armar una colección única en el país. Es la colección contemporánea que se trata de exhibir por lo menos una vez al año.
P.: El cierre del Museo de Arte Moderno durante años significó que muchos artistas quedaran afuera de la historia del arte. M.P.: Cuando se inauguró Malba, Buenos Aires no tenía ningún museo donde ir a ver arte argentino. El único lugar que lo exhibía era Malba. Es una manera equivocada de entender la gestión de los museos: las colecciones importantes son las internacionales y no las locales, y las muestras temporarias. Es ridículo. Todos los museos metropolitanos del mundo tienen una colección internacional, el absurdo es que no haya un espacio dedicado específicamente al arte argentino.
P.: Es difícil entender que el Estado tenga tesoros escondidos.
M.P.: El planteo es cuál es la política del Estado con respecto a los museos públicos. El MNBA tiene casi 12.000 piezas y está en el mismo edificio que se inauguró en 1933 que fue ampliando como pudo sus metros, pero no en relación con el crecimiento del patrimonio. Todos los grandes museos del mundo tienen el problema del espacio. Lo discutible es cómo se usan los metros disponibles y qué se exhibe de sus patrimonios.
P.: La obra de Kuitca se conoció porque la expuso el Malba, pero el público también desea ver a Jorge Macchi, o Adrián Villar Rojas, un artista casi desconocido..
M.P.:. De acuerdo, pero cada museo tiene un determinado campo de acción. Malba muestra artistas argentinos, latinoamericanos e internacionales: consagrados y menos conocidos. Malba no puede hacer todo. Malba dentro de su política ayudó a poner en el MoMA a Grippo, Bony y Lidy Prati; apostó a difundir a Yente, mostró un Xul Solar diferente coproducido con la Pinacoteca de San Pablo, y exportado a Houston y México. Las exhibiciones buscan ser lo mejor posible y con muy buenos catálogos. La política de catálogos fue clave, circulan y disparan de inmediato posibilidades.
P.: Pienso en Rubén Santantonin, Emilio Renart.
M.P.: De Santantonin y Renart casi no hay obra. Malba tiene dos Santantonin que son reconstrucciones, como las del MNBA. Y de Renart unos dibujos de los 60. Hay poca obra aunque, por ejemplo, el Museo de La Plata tiene trabajos excepcionales de ambos.
P.:¿Cómo se decidió llevar parte de la colección del Malba de gira por el interior del país?
M.P.: En el año 2004 el director del Museo de Bellas Artes de Neuquén, Oscar Smoljan, pidió una muestra con parte del patrimonio de Malba. En ese momento no se pudo hacer. Hace tres años Eduardo Costantini planteó el tema de las provincias entre otras cosas que Malba tenía pendientes. Entonces, se armaron dos proyectos: uno en cine y uno con la colección. Cine ya se hizo en 2012, mientras se trabajaba en la exposición que empezó en enero.
P.: ¿Qué perfil tiene la exposición?
M.P.: Hay piezas de Torres García, Barradas, Matta, Oiticica. Hay artistas de primera línea que la gente del interior verá por primera vez. No son obras que Malba no cuelga, con artistas latinoamericanos no sólo argentinos.
P.: El IVAM de Valencia y varios museos tienen sumo interés en exhibir la colección del Malba.
M.P.: Para Malba es una situación problemática, piden lo más importante y Malba no podía quedar vacío. El caso del Museo de Bellas Arte de Houston es diferente, Malba ya duplicó su patrimonio y ellos nos mandaron 15 obras importantes de su colección, más la muestra de Cruz Diez, para la celebración de los 10 años. Además con Houston tenemos un convenio de colaboración permanente.
P.: ¿Y qué hacen para sostener el tablero de los artistas, ese juego donde se barren las piezas que no encajan?
M.P.: Para eso Malba tiene el programa de contemporáneos, lo mismo que el de intervenciones con Schiavi, Vitali o con Avello, cuya obra «Volumen» está en la explanada. Los artistas argentinos no tenían ningún museo que les financiara obra de grandes dimensiones. Malba financió la construcción sin pedir nada a cambio, las obras son de los artistas. La de Avello la compramos independiente del programa, pero el artista fue generoso.
P.: ¿Cuándo veremos la ampliación con la sala del arte de los 90 y el de este siglo?
M.P.: La obra tiene un costo millonario, es subterránea y como estamos al lado del río, al metro ya hay agua. Se está viendo cómo conseguir algún otro privado o empresa que se sume al proyecto. Hay que cavar siete metros y el tipo de terreno aumenta mucho los costos.
P.: ¿Van a cerrar las puertas?
M.P.: Durante la primera parte de la obra, un año, Malba funcionará normalmente. Después, cuando los dos espacios se deban conectar, será complicado, ya veremos cómo cerrar lo menos posible.
Entrevista de Ana Martínez Quijano


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