Por la fuerte suba del gasoil, el transporte de cargas alerta que peligra toda la cadena de abastecimiento nacional
Las empresas advierten que el ritmo de los incrementos ya es insostenible. Piden que se restablezcan los mecanismos oficiales para amortiguar los aumentos.
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El 90% de la economía argentina se mueve a través del transporte terrestre de cargas con camiones.
El conflicto en Medio Oriente volvió a colocar al precio del petróleo en el centro de la escena global y reavivó un fantasma recurrente para las economías: el encarecimiento abrupto de la energía y su efecto dominó sobre la actividad productiva. En pocas semanas, el barril de crudo Brent pasó de u$s65 a más de u$s100, un salto que reconfiguró los costos logísticos a nivel mundial y encendió alarmas en todos los segmentos del transporte, desde el marítimo hasta el terrestre
En ese contexto, la situación argentina aparece como un caso sensible. La combinación de la mencionada volatilidad internacional, sumada a debilidades macroeconómicas internas y una estructura logística altamente dependiente del camión genera un escenario especialmente vulnerable.
Frente a este panorama, la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas lanzó una fuerte advertencia: “El desproporcionado aumento del combustible pone en riesgo la cadena de abastecimiento”.
El punto de quiebre se produjo durante marzo, cuando los precios del gasoil registraron incrementos de entre 20% y 25% en apenas 20 días, multiplicándose entre 3 y 5 veces en ese corto período.
Este salto abrupto llevó al gasoil grado 2 -el más utilizado por el transporte- a superar los $2.100 por litro, un valor que, medido en dólares, se ubica en torno a u$s1,50, posicionando a la Argentina entre los países con el combustible más caro de la región en la última década .
La magnitud del aumento no solo sorprendió por su intensidad, sino también por su velocidad. Mientras que durante todo 2025 el gasoil había acumulado una suba del 45%, en menos de un mes de 2026 ya se había superado un tercio de ese incremento anual.
Este fenómeno generó un impacto directo en la estructura de costos de las empresas transportistas, donde el combustible representa aproximadamente un tercio del total.
Impacto del combustible en los costos del transporte
El presidente de FADEEAC, Cristian Sanz, fue contundente al describir la gravedad del escenario: “La desproporcionada escalada del precio del gasoil es hoy la principal preocupación entre las más de 6.500 pymes que representamos. A los márgenes reducidos y la baja actividad en muchos rubros, se suma un impacto crítico: el combustible representa un tercio de nuestra estructura de costos”.
El diagnóstico del sector se apoya también en la evolución del Índice de Costos del Transporte (ICT), una herramienta clave que mide el comportamiento de 11 rubros operativos y que es auditada por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Según el último informe, en febrero el índice registró un incremento mensual del 2,28%, acumulando en el primer bimestre un alza del 4,4% y una variación interanual del 37,2% .
Mientras esperan los resultados de la medición de marzo, los datos de febrero alertaron a los empresarios: los mayores incrementos se concentraron en los peajes, que subieron 13,3%, impulsados por ajustes en corredores nacionales y accesos a la Ciudad de Buenos Aires, y en los gastos generales, que avanzaron 6,83%, reflejando el encarecimiento de servicios mayoristas.
El combustible, aunque con un aumento más moderado en ese mes (llegó a 2,77%), ya mostraba señales de presión alcista que terminarían de materializarse en marzo.
La combinación de estos factores configura un escenario complejo para las empresas del sector, que operan en un contexto de actividad todavía débil tras la recesión de 2024.
“El transporte de cargas continúa operando en una coyuntura desafiante, con señales de desaceleración en la economía real, presión sobre el combustible y deterioro de la infraestructura vial”, señalaron desde la entidad.
Piden medidas oficiales para amortiguar los aumentos
Sin embargo, el elemento que terminó de desestabilizar el equilibrio precario del sector fue el impacto del contexto internacional. La escalada del precio del petróleo, impulsada por el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente se trasladó rápidamente al mercado local, en un contexto donde -según FADEEAC- se han debilitado los mecanismos que históricamente permitían amortiguar estas fluctuaciones.
“El mercado global atraviesa un shock, pero la situación local es particularmente alarmante por el debilitamiento de los mecanismos que permitan desacoplar los precios internos de los internacionales”, advirtieron desde el Departamento de Estudios Económicos de la entidad.
En este marco, el riesgo de desabastecimiento comenzó a ser mencionado abiertamente por los referentes del sector. Sanz fue categórico: “La actualización de las tarifas debe ser inmediata, de lo contrario, muchas empresas se verán obligadas a dejar de operar, con el consiguiente impacto económico y social. Los camiones mueven más del 90% de la economía del país y el transporte y la logística generan el 4% del empleo nacional” .
“Si las tarifas no se adecuan, el sector no podrá seguir operando. No es una amenaza, es una imposibilidad fáctica. El desabastecimiento es el riesgo final si no se toman medidas urgentes”, concluyó el titular de FADEEAC .
La estructura del Índice de Costo del Transporte (ICT) muestra que el combustible tiene un efecto multiplicador sobre el resto de los costos. Según los cálculos de FADEEAC, cada aumento del 10% en el gasoil impacta en al menos un 3,5% en los costos operativos de los servicios de media y larga distancia. Este efecto en cascada explica por qué la reciente suba generó una reacción tan inmediata en todo el sistema.
En paralelo, el deterioro de la infraestructura vial también comienza a incidir con mayor fuerza en los costos operativos, según vienen informando las empresas del transporte automotor de cargas. El aumento en el rubro de reparaciones, aunque moderado en términos porcentuales, refleja un desgaste creciente de las unidades debido al estado de las rutas, lo que a largo plazo implica mayores gastos en mantenimiento y renovación de flota.
Frente a este panorama, el sector reclama medidas urgentes que permitan restablecer cierta previsibilidad. Entre las principales demandas se destacan la actualización inmediata de tarifas, la implementación de mecanismos que amortigüen la volatilidad del precio del combustible y políticas que mejoren la competitividad logística.
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