Una de las dificultades que enfrentamos quienes analizamos lo que ocurre o puede ocurrir en el mercado financiero es que el comportamiento de los seres humanos no es simétrico. Así, una mala noticia puede disparar una serie de reacciones que poco y nada pueden tener que ver con la misma noticia, pero dada en un sentido contrario. Por ejemplo, resulta casi imposible predecir cuál será la reacción al anuncio de que el G-20 abandonó la idea de nuevos estímulos fiscales a favor de imponer entre sus miembros un mayor control del déficit. Es claro que esto puede significar problemas para el Viejo Continente, al menos hasta fin de año. Pero con el agregado de Hungría a los PIGS, ya no se puede pensar en seguir dándole alegremente a la maquinita, cuando este dinero puede llegar a ser necesario para evitar que se hunda el barco. Sin embargo, el gran perdedor en Corea, no fue Europa sino los EE.UU. A pesar del despotricar del secretario del Tesoro, Timothy Geithner, contra la política monetaria China, no sólo no hubo ninguna crítica por el tema del yuan, sino que se impuso (al menos en teoría) la idea del ministro de Finanzas chino que lo importante era controlar el riesgo inflacionario y fiscal. El otro punto donde perdieron Obama/Geithner fue en su idea de un impuesto global al sistema bancario y un nuevo marco regulatorio mundial. Un poco la idea de los ministros que asistieron a la reunión fue darle una señal de calma y racionalidad al mercado financiero. Ojalá esto ocurra, porque eso de perder un 2,02%, como ocurrió en la última semana (el viernes el Dow cedió un impresionante 3,15%, a 9.931,97 puntos), no es algo que pueda alegrar a muchos. ¿Qué podemos agregar que no hayamos dicho antes?: prudencia.
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