- ámbito
- Edición Impresa
“Nuestra civilización se mezcla con la barbarie”
• DIÁLOGO CON LA ESCRITORA AGUSTINA BAZTERRICA
Su libro “Cadáver exquisito” es una distopía sobre una sociedad que naturalizó el canibalismo y cría a los seres humanos como ganado.
Bioy. “Lo conocí y me dio un consejo cuando era adolescente: ‘Seguí escribiendo y no dejes que te enseñen’”.

Cadáver Exquisito. Imagen de portada del libro de Agustina Bazterrica.
P.: ¿El tabú del canibalismo funciona como un llamado de atención a los lectores? ¿Qué devoluciones tuviste?
A.B: No fue concebido como un llamado de atención, fue pensado como respuesta a la pregunta ¿qué pasaría si el canibalismo simbólico se convirtiera en literal? Sin embargo, a los lectores los impacta porque nadie quiere suponer que al mejor amigo se lo pueden comer. Nadie se quiere imaginar siendo faenado en un frigorífico. Lo que generan estos temas tabú es un profundo rechazo y una enorme atracción. Las reacciones de los lectores son increíbles. Ocurre que cuando lo terminan de leer se sienten movilizados, aturdidos. Dependiendo de las distintas sensibilidades hubo gente que lloró, otra que tuvo que tomarse un calmante, alguna que sintió náuseas al pasar por una carnicería, varias que me dijeron que me odiaron y amaron con la misma intensidad a lo largo del libro. Otras personas, que conocían algo de la trama y tenían cierta resistencia con el tema, me escribieron para decirme que lo leyeron con mucho placer e interés. En pocas palabras, hubo infinidad de reacciones. Igualmente la reacción que me da mayores alegrías pasó hace unos días. La hermana adolescente de una amiga me llamó para decirme que había sido el primer libro que la había enganchado al punto de dejar el celular por cuatro horas hasta terminarlo y que le habían dado ganas de leer más, otros libros.
P.: ¿Por qué escribir la historia como una distopía? ¿Qué ventajas te dio ese subgénero?
A.B.: Creo que las buenas distopías como "1984", "Nosotros", "Un mundo feliz", "El cuento de la criada" están denunciando problemáticas del período en el cual fueron escritas. Al momento de escribir la novela no pensé racionalmente en estas cosas. Fue un proceso más intuitivo y un fuerte ejercicio literario. Pero después tomando distancia entiendo que había muchas cuestiones que venía cavilando y que las volqué en la novela. Por eso en la obra trabajo con distintos estratos de reflexión, porque no me interesa quedarme sólo en la anécdota del canibalismo. Supongo que elegí contar la historia desde el marco de una distopía y no de una historia de terror o dramática porque quería ir más allá. Desde la cercanía explorar a fondo algunos escenarios, realizar una especulación sociológica que implique al lector, imaginar un mundo que aún no existe de manera concreta, aunque intuimos, como te comentaba antes, que sí existe de manera simbólica. Por otro lado, si bien es un riesgo imaginar un mundo nuevo, con reglas distintas, porque podés caer en el inverosímil o en la descripción excesiva, también es una ventaja porque te da más libertad.
P.: ¿Cuál es tu relación con la ciencia ficción? ¿Hay otras obras que te hayan influenciado?
A.B.: Es una buena relación como la tengo con otros géneros. Supongo que hay una influencia porque "1984" y "Un mundo feliz" me impactaron sobremanera, así como la obra de Asimov y Bradbury por nombrarte algunos autores. Destaco que al momento de escribir la novela investigué mucho, leí y releí libros que no tienen nada que ver con la ciencia ficción. En ese sentido la novela de Ana Paula Maia "De Ganados y de Hombres" fue una enorme guía al momento de escribir sobre el frigorífico. También "Cuadernos de campo" de Carlos Ríos. Leí de Elías Neuman "El Patrón, radiografía de un crimen" donde se habla de un caso real de un empleado de una carnicería que se ve obligado a adulterar la carne. Leí el artículo "Todos somos caníbales" de Lévi-Stauss, la tesis doctoral "Pensar caníbal" de Adolfo Chaparro Amaya. Releí "El Entenado" de Saer, "Robinson Crusoe" de Defoe, "La Vegetariana" de Han Kang, "Comí" de Caparrós. También leí "Extraños animales" de la filósofa argentina Monica Cragnolini que habla de los derechos de los animales desde un punto de vista filosófico. Incluso para escribir la única escena erótica de la novela leí "Lolita" de Nabokov, "El traductor" de Salvador Benesdra, releí "El limonero real" de Saer y "La sierva" de Rivera, todo eso para escribir dos páginas y para tratar de no caer ni en lo porno ni en lo cursi.
P.: ¿Qué diferencia hay entre ser publicada por el camino tradicional y serlo a través de un premio que tiene mucha difusión?
A.B.: Antes del Premio Clarín no había sido publicada por editoriales grandes. Me habían publicado dos editoriales independientes, pequeñas, con pocos recursos con lo cual, al ganar el premio, el salto fue exponencial. Objetivamente había tenido una mínima visibilidad porque en ambientes especializados hubo interés en mis dos libros y ya había ganado otros premios. Pero, nunca había experimentado el enorme alcance masivo.
P.: ¿Cómo ves el presente de los nuevos autores de la literatura argentina?
A.B.: Excelente. Lo digo con conocimiento de causa. Gracias a los diversos ciclos y espacios literarios a los que asisto tengo un panorama bastante actualizado y amplio de lo que se escribe hoy y hay muchísimo talento en nuestro país y alrededores. Por ejemplo, en el ciclo de artes que coordino con Pamela Terlizzi Prina que se llama Siga al Conejo Blanco cada invitado es una muestra de mi afirmación sobre la calidad de los nuevos autores. Invito a que exploren la página (www.sigaalconejoblanco.com
P.: ¿Los talleres sirven para formar a un autor?
A.B.: Depende de qué taller, de qué autor y del ciclo de vida cultural de esa persona. Recuerdo que cuando era adolescente tuve la oportunidad de conocer a Adolfo Bioy Casares, en la Primera Bienal de Arte Joven. Mi madre le contó que yo escribía desde chica y le preguntó si tenía que ir a algún profesor. Bioy la desalentó. Me habló a mí, directamente. Me dijo: "Ahora seguí escribiendo. No vayas a que te enseñen nada. Registrá tus emociones y tus experiencias". "Yo todavía", dijo Bioy Casares, "busco mis cuadernos de aquella época, lo que escribía en mi adolescencia, para inspirarme. La técnica la adquirís con el tiempo. Las vivencias no se recuperan. No pierdas la oportunidad de registrarlas. Como sea, como lo sientas, seguí escribiendo". Considero que fue un buen consejo por mi edad. Pero, es algo muy personal, cada cual tiene que transitar su propio recorrido. Seguí el consejo de Bioy y sólo con los años participé en talleres literarios. Me sirvieron y mucho. Fui al taller de Liliana Diaz Mindurry durante bastante tiempo. Si bien ya no voy a sus talleres de manera sistemática, la sigo consultando cuando estoy trabajando en alguna obra. Más recientemente asistí al taller de Nicolás Hochman. Ahora aplico lo que aprendí y lo que considero valioso en mi propio taller de lectura -lo coordinamos junto a Agustina Caride- donde se disfruta la lectura, pero también hay un trabajo intenso. Nos interesa construir mapas dinámicos de lectura, conexiones, intertextualidades. La lectura es la antesala a la escritura. En definitiva, creo que un taller puede ser un espacio de aprendizaje, respeto y compromiso vital. Aunque no tengamos la intención de escribir todos podemos ser grandes lectores. Pero, pienso que seguramente no hay un buen escritor que no haya sido primero un gran lector.

Dejá tu comentario