“Nuestro cine empieza a figurar en el mapa”

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«La adelfa es una flor más conocida por su veneno que por su belleza», explica graciosamente Adelfa Martínez Bonilla, la joven encargada de la Dirección de Cinematografía de Colombia. Pero en su caso, a diferencia de la flor, no se le conoce veneno, más bien se aprecia enseguida su encanto natural. Charlamos con ella, aprovechando su visita en Buenos Aires con motivo del Festival Colombia Cultural que culminó el sábado.

Periodista: ¿Usted viene a ser la Liliana Mazure de su país?

Adelfa Martínez Bonilla: Con Liliana hacemos parte del acuerdo de coproducción y nos vemos en reuniones del Programa Ibermedia. La última fue en esta ciudad, hace dos meses. Es bueno ver cómo podemos aportar y recibir aportes de las cinematografías más desarrolladas. A partir de este tipo de reuniones ahora Colombia y Venezuela estamos trabajando en conjunto, lo que beneficia a toda la zona.

P.: ¿Y con Argentina?

A.M.B.: Le menciono dos coproducciones recientes: «El páramo», de terror, presentada en el Festival Colombia Cultural, que Wild Bunch distribuye en Europa, y «Roa», que inaugura esta semana el Festival de Cartagena (que cierra con «Tesis sobre un homicidio»). «Roa» se ambienta en los 40, refiere uno de los acontecimientos más importantes de nuestro pasado, y, como toda película de época, requirió una inversión mayor, lograda con apoyo de Ibermedia. Hay expectativa, su autor es uno de los más prolíficos y talentosos que tenemos, Andrés Baiz, cuyo «Satanás» logró mucha aceptación del público.

P.: ¿Recuperó su inversión en su propio mercado?

A.M.B.: Las películas comerciales lo recuperan. Tenemos un fenómeno surgido de la televisión, Dago García, que ya está haciendo hasta dos películas por año. La más reciente llevó más de 1.300.000 espectadores.

P.: ¿Se trata de comedias?

A.M.B.: Claro, mire. Ahora cada vez menos, pero hacer una película en Colombia tomaba cuatro o cinco años. El hace, mínimo, una por año. Creo que su éxito está en el ritmo, el tratamiento de los temas, la estructura de financiación, sin presupuestos exagerados, el respaldo de Caracol, y la estrategia de lanzamiento. Pero también en 2012 otras cinco películas, que no eran comedias, entre ellas «El páramo», tuvieron muy buen comportamiento con el público. En total hubo 23 estrenos, incluyendo algunos autorales, de nicho.

P.: ¿Cómo llegaron a 23? Antes apenas estrenaban tres por año.

A.M.B.: La ley 814 del 2003 da estímulos a productores locales, inversionistas, y donantes. Uno pone 100 y el Estado enseguida le devuelve 41.

P.: Suena generoso.

A.M.B.: Suena importante. Esto alentó la participación de inversores privados, y de la televisión. Así logramos irrigar al sector con unos 55 millones de dólares en nueve años. Y el fondo es alimentado por los aportes de taquilla. De las ganancias netas de exhibidores y distribuidores se deduce el 8.5 por ciento, y de los productores el 5 por ciento. Pero no solo interesa el número de películas sino el reconocimiento internacional. Empezamos a figurar en el mapa. «La cara oculta», «Los colores de la montaña», ya son miradas con otros ojos, aparecen los agentes internacionales de venta.

P.: ¿También alientan la producción extranjera en Colombia?

A.M.B.: El 4 de febrero publicamos la reglamentación para las empresas extranjeras que quieran beneficiarse con una nueva ley de retribución, la 1556, basada en modelos norteamericanos. En Estados Unidos casi todos los estados tienen este estímulo. Devolvemos el 40 por ciento de los gastos de producción y el 20 por ciento de los gastos de servicios, siempre y cuando hayan invertido unos 1.800 salarios mínimos (550.000 dólares). Esto beneficiará a películas con presupuestos medianos.

P.: ¿No se les llenará de pícaros filmando cintas de acción donde los colombianos son los malos?

A.M.B.: Corremos ese riesgo, pero no por ello vamos a caer en posibles censuras. Nuestro objetivo es fortalecer a las empresas de servicios y que nuestros técnicos reciban transmisión de conocimientos.

P.: A propósito, ¿qué pasó con «Operación E», la película inspirada en el hijo de Clara Rojas, nacido en cautiverio?

A.M.B.: «Operación E»
, con Luis Tosar, es española, tiene participación técnica y artística colombiana, y estamos muy contentos con los resultados del reclamo judicial. Entiendo que para Clara Rojas [política secuestrada por las FARC, embarazada de un guerrillero, y cuyo hijo quedó al cuidado de un campesino durante años] es difícil someterse a la difusión de una película que afecta sus emociones. Por eso quiso que la Justicia prohibiera su exhibición, pero el juez se declaró contra la censura. En Colombia no tenemos derecho a la censura. Esa fue una señal importante para nuestra libertad de expresión, y también, de paso, una señal de confianza para las productoras extranjeras.

P.: Pequeña indiscreción, ¿cómo llegó usted al cargo que ocupa?

A.M.B.:
Empecé como cineclubista de la Universidad del Valle, luego fui productora de documentales para un canal cultural, gerente y productora de la Muestra Internacional Documental, que ya va por su decimoquinta edición, en 1999 me vinculé a la función pública en la Dirección de Cinematografía, en el ejercicio de hacer posible que otros hagan sus obras, y desde 2010 estoy al frente.

P.: Linda definición, «el ejercicio de hacer posible que otros hagan sus obras». ¿Y se lo agradecen?

A.M.B.:
Estar en la función pública equivale a no esperar nunca un agradecimiento. Pero al menos un sector cada vez más organizado de gente del cine y la cultura reconoce la consistencia de nuestra política.

Entrevista de Paraná Sendrós

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