La pobreza explotó desde 2001, los mejores años para los países emergentes por el boom de las materias primas. En nuestro caso, especialmente la soja y los cereales. Eso incentivó a los gobernantes a aprovechar para cobrar impuestos y aumentar el gasto público. Las empresas y la población aguantaban porque, gracias a la bonanza de la soja, igual les quedaba más plata en los bolsillos.
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Ahora, con menores precios de materias primas, la población acostumbrada a vivir en esa bonanza y un Estado rebosante de fondos agudiza los conflictos. Nos faltó el profeta José, que recomendó al faraón acumular reservas, en los años pletóricos, para utilizarlas en los períodos de vacas flacas.
Las cifras pueden ser más elocuentes que los discursos. Presentamos datos del FMI, para comparar los distintos países con igual metodología. La segunda columna detalla la relación gasto público/pbi; a tercera, el déficit, y la cuarta la deuda pública neta, para el año 2015.
Estas cifras se extrajeron del FMI, para presentar una metodología coherente para comparar. Entre los latinoamericanos, Brasil se destaca por el elevado gasto y desbordante déficit fiscal, que precipitó la caída del Gobierno de Dilma Rousseff. Luego de Brasil, la Argentina es el país latinoamericano con mayor gasto público y déficit. El FMI no publicó cifras del endeudamiento argentino, en su base de datos para el Panorama Económico Mundial. Chile exhibe el menor gasto, déficit e inexistente endeudamiento.
El gasto público argentino es bastante superior al de EE.UU. Y la calidad comparativa de los servicios prestados es bien diferente, Además, EE.UU. incluye los gastos de defensa, los más elevados del planeta. La calidad prestada en la seguridad de las personas y propiedad, los niveles de sueldos y porcentaje de pobreza no puede ser más desigual
La deficiente prestación de los servicios públicos y elevada presión fiscal ahogan la creación de riqueza y empleo. El progreso de nuestro país sólo será logrado con mejores prestaciones del Estado, seguridad, salud, servicios y menores impuestos y trabas burocráticas innecesarias, en un esquema financiero sostenible en el tiempo. Sacando el caso da Brasil, en 2015 no hay otro país con mayor déficit fiscal. Situación extraordinariamente riesgosa para un país que se va endeudando en el exterior a tasas superiores a las de sus vecinos.
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