8 de junio 2012 - 00:00

Nuevo gabinete: no hay más ministros con superpoderes

Julio De Vido
Julio De Vido
«Mañana anuncia que crea el Ministerio de Obras Públicas».

El humor negro, catastrónico, fue el recurso antipánico que ensayó el devidismo. De arder la tarde-noche del miércoles, tras el anuncio de la mudanza de Transporte, el elenco de Julio De Vido se entregó ayer a la desazón.

Salpicado ese micromundo de un rumor sólido sobre la renuncia del ministro de Planificación que, según el relato, la Presidente desestimó. La ironía sobre Obras Públicas se nutrió de la audiencia que al mediodía de ayer, Cristina de Kirchner mantuvo con José López en Olivos.

Infraestructura es el último conglomerado contundente que permanece en el ministerio aunque desde la época de Néstor Kirchner ese rubro lo centraliza López, desde la protohistoria K enemistado con el ministro. Los otros son Minería y Comunicaciones.

Enclaustrado, De Vido deslizó mensajes de ocasión. «Tranquilos: nosotros tenemos que aguantar y acompañar. Nuestra obligación es estar con Cristina». Sus laderos tenían menos cautela: diagnosticaban días de sequía y una casi inevitable salida del Gobierno.

En el último tiempo, el ministro perfeccionó sus reproches sobre La Cámpora. Siempre en privado porque en público soportó, estoico, que Axel Kicillof destroce la política energética que tuvo a De Vido como ordenador. Fue más lejos: desde su cercanía -y el ministro lo autorizó- se buscó sellar una tregua con Guillermo Moreno, con quien se detestan mutuamente. Tus enemigos son mis enemigos pueden decir: el secretario de Comercio despotrica también contra el neocamporismo.

Le imputa a Kicillof ser el ideólogo de la «revolución cultural» contra el dólar aunque, más allá del economista, ve aparecer la mano de Carlos Zannini. El secretario de Legal y Técnica, dicen sus críticos, es un secreto agitador de las aventuras económicas camporistas.

Pero no todo es calma en esos dominios: Kicillof y Eduardo «Wado» De Pedro se convirtieron en habitués de Olivos y concurren ya sin la mediación de Máximo. El hijo presidencial -según contó Andrés «Cuervo» Larroque, su traductor- está molesto por esa autonomía.

El desangramiento de De Vido aporta un dato inédito: el gabinete perdió, anteayer, a su último ministro «con poder». La parálisis convirtió al gabinete K en un pelotón cauteloso. Kirchner anuló las reuniones de gabinete; nunca menos, Cristina lo anuló.

Opera, además, una dualidad: los segundos resultan figuras con más margen de decisión y acceso a la Presidente que los primeros. Hernán Lorenzino, Julio Alak y Nilda Garré ven cómo Kicillof, Julián Álvarez y Sergio Berni son vices con mando superior al de ellos.

Sólo Alicia Kirchner está exenta: la construcción de su candidatura bonaerense justifica su protagonismo. La cuñada aplicó en su área el modelo Cristina: en la difusión suprimió las secretarías y las convirtió en «políticas de» Desarrollo Social. «Alicismo» explícito.

A «Wado» y Álvarez se los sindica, además, como promotores de la postulación de Daniel Reposo para reemplazar a Esteban Righi. Se invoca una relación amistosa entre el candidato y Álvarez. Ese nexo, entonces, contribuyó a que la Presidente acepte la propuesta de Amado Boudou.

El miércoles, el vicepresidente pisó junto a Miguel Ángel Pichetto la quinta de Olivos. Cristina de Kirchner los recibió para puntear mano a mano los votos sobre el expediente Reposo.

En ese chequeo se decidió la suerte de Reposo que ayer renunció a su postulación con una carta pública. Para entonces el Gobierno estaba explorando quién podría ser el posible candidato que reemplazara al renunciante, y en definitiva, a Esteban Righi.

Pos De Vido, Florencio Randazzo entrará hoy en la etapa transporte durante una cumbre con Mauricio Macri y Daniel Scioli (ver nota aparte). Repetirá lo que el miércoles avisó Alejandro Ramos y ayer ratificó la Presidente: que, por ahora, no se discutirá la cuestión subsidios.

Hay un tema más urgente: el 1 de julio, en teoría, comienza a regir el esquema de la SUBE con el sistema de descuentos. Juan Pablo Schiavi, antes de que lo sepulte la tragedia de Once, repartió -a los tumbos- en una campaña complicada 11 millones de tarjetas. Lo que hoy es un sistema práctico se convertirá desde julio en una ventaja económica: los que tengan SUBE seguirán pagando la tarifa actual o con subas del 25%; los que no la tengan pagarán entre el 50% y el 100% más.

El problema no es ése: en toda el área metropolitana hay 2.000 puestos de recarga, de los cuales no todos están garantizados. Si el 30% de los que retiraron la tarjeta entran al sistema de recarga, se podría generar un colapso.

Cosas de la vida: en el conurbano, la zona más difícil en ese aspecto, los puntos de recarga son los locales de loterías de la provincia que tiene activo su sistema on line. El prestador es Boldt a quien Daniel Scioli no le renovará, en noviembre, ese contrato.

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