11 de febrero 2013 - 00:00

Nuevo libro explora el legado de José Gurvich

Nuevo libro explora el legado de José Gurvich
A fines de 2012, en ocasión de dos muestras realizadas en la Fundación Pablo Atchugarry de Maldonado y en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo se editó «Los Mundos Fantásticos de José Gurvich», importante volumen que difunde una vez más su inagotable legado artístico.

Gracias a la Fundación José Gurvich, presidida actualmente por su hijo Martín y el Museo que lleva su nombre, este libro profusamente ilustrado llega a los admiradores de un artista cuya corta vida abarcó lugares y culturas diversas.

Varios autores han colaborado con sus textos, por ejemplo, Cecilia de Torres que se ocupa de su biografía y las diversas fuentes de su obra, «la disciplina interior, un modo concreto del hacer plástico» que le dio el Taller Torres García. La música, vital para Gurvich, debe recordarse que era un gran violinista y muchas veces dijo «quisiera pintar algo parecido a un vibrato en el violín o el bajo de un violoncelo como fondo de una flauta». También el descubrimiento en el Museo del Prado de Jerónimo Bosch y Peter Bruegel, la vida rural en el kibutz cuando llega a Israel, la dinámica de todo lo que Nueva York significaba, las novelas de Ray Bradbury.

Juan Manuel Bonet en «Puerto Constructivo-Divagaciones Gurvichianas» se refiere a la importancia del puerto montevideano que tanto influyó en Torres García: «¡qué visión más extraordinaria, ese descomunal puerto!», escribió en «La Ciudad sin nombre». Aquí llega en 1932 José Gurvich a los cinco años. Cafés y puerto eran su paisaje cotidiano que después compondría de manera abigarrada. Bonet describe varios de estos cuadros sobre un puerto al que nunca volvería.

El texto de Edward J. Sullivan «La Naturaleza Muerta de José Gurvich» comienza por el importante resurgimiento del interés académico por esta temática. Relata una breve historia desde sus comienzos en el mundo greco-romano hasta su surgimiento como un género independiente a fines del siglo XVI pasando por su época de oro durante el Impresionismo. Hay varios ejemplos realizados en 1940, en homenaje a Corot, otras en tonos sombríos, «Naturaleza Muerta construida» (1960), las clásicas, trabajos realistas , la influencia de los españoles del siglo XVIII, lo que Gurvich hace es «crear formas realistas que actualizan las de sus predecesores en décadas y siglos anteriores».

«El Universalismo Constructivo de José Gurvich» es tratado por Laura Malosetti Costa. Cuando el artista regresa de un viaje a Europa e Israel en 1956, decisivo para su vida, le imprimió a su lenguaje constructivo una nueva libertad. La autora lo analiza al señalar el «ablandamiento» de la cuadrícula, la organización de sus telas a partir de espirales y la figura humana que va a ocupar un lugar central a partir de los 50. «Hombre Constructivo en espiral», «Hombre Construido en rojo», ambas de 1960, figuras llenas de símbolos y palabras significativas como ALMA, escrita del lado del corazón , del lado de la luna. Más adelante sus figuras se poblarán de símbolos judíos como en «Composición del Kibutz» (1964).

Muy conmovedor y nostálgico es el texto de su hijo Martín en «Gurvich para niños» .Recuerda a su padre como un gran contador de cuentos fantásticos, como un ser cariñoso con los niños, como maestro.

«El Cerro de Montevideo» es el texto del arquitecto Rafael Lorente Mourelle en el que señala que en «la historia del Arte Moderno es frecuente la identificación del artista con un lugar: Cézanne, Gauguin, Monet, Utrillo, Marquet, Torres García. Gurvich y el Cerro están íntimamente ligados, su vida personal, su taller de Pintura y Cerámica, es un «intérprete del espíritu del sitio».

Sus parejas, es el tema que aborda Alicia Haber, una de las más importantes especialistas en el artista. «Pareja Cósmica» (1966) es una de las obras emblemáticas, las que están en obras que celebran las festividades, las que sobrevuelan abrazadas, es un leit motiv en sus composiciones importantes, las imágenes posteriores a la segunda mitad de los 60 revelan ímpetu, alegría, dicha.

«José Gurvich y los senderos de su imaginación» está a cargo de Cristina Rossi. Al promediar la década del 60 su imaginación lo llevó a la creación de mundos fantásticos. Este período requiere una lectura minuciosa, como la que Gurvich realizó sobre grandes maestros. «Los Siete Pecados Capitales», «Carta al Hombre» «Hombre Cósmico en Colores Primarios». Gurvich está en su plenitud creativa.

Julio Sapollnick explora «Gurvich y los Universos Judíos». «Contiene todas las emociones humanas. Mantiene alerta a la imaginación, propone aumentar nuestra sensibilidad e incorpora para la pintura la proyección de una dimensión histórica y tangible aún inexplorada».

La serie de textos culmina con «N. York. N. York» de Alvaro Medina (Colombia) que ensalza la amistad que se profesaron y las muchas ocasiones en las que se vieron durante un año en Nueva York. Relata el por qué de su intento por captar todo lo que allí sucedía mientras caminaba por sus calles, lo que podría parecer inconexo pero Gurvich dijo: «todo es posible, porque todo lo imagino».

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