29 de marzo 2010 - 00:00

“Nuevo tango”: buena fusión de estilos

En «Nuevo tango», Ana María Stekelman vuelve a exponer antiguas obsesiones que tienen que ver con la unión de la danza contemporánea y el tango.
En «Nuevo tango», Ana María Stekelman vuelve a exponer antiguas obsesiones que tienen que ver con la unión de la danza contemporánea y el tango.
«Nuevo tango». Compañía Tangokinesis. Coreog. y dir.: A. M. Stekelman. Co-dir.: N. Robles. Luces: L. Graciosi. Vest.: J. Ferrari. (Teatro del Pueblo). Todos los jueves.

Un nuevo ciclo de danza ocupa un escenario de la ciudad: esta vez es el del legendario Teatro del Pueblo. En ese espacio se ha programado un interesante desfile de diferentes compañías de danza que inició «Tangokinesis», que dirige la coreógrafa Ana María Stekelman.

En «Nuevo tango», la coreógrafa vuelve a exponer antiguas obsesiones que tienen que ver con la unión pródiga de la danza contemporánea y el tango. La fusión le permite a Stekelman infinitas posibilidades expresivas. Lo que en un principio parecían maneras inconciliables, el trabajo minucioso del Grupo Tankinesis lo hizo posible y es más, creó una nueva forma de danza que luego sería utilizada en numerosas propuestas del medio.

«Nuevo Tango» incluye trece instancias que parten de «Pantomima», de Raúl Garello y concluye en «Nocturna», de Julián Plaza. Entre estos dos polos el espíritu burlón de Stekelman juega con lo raro y lo tradicional, rompiendo con lo establecido en la concatenación de disímiles fragmentos que recurren a la música ciudadana cantada por grandes figuras de antaño pero también a Piazzolla y fragmentos como «Gotas II» de Rudnitzky o «Transición» de Julián Vat conformado una estética propia, que se ve glamorosa en sus insinuantes vestuarios y con su cuota de misterio aportada por la iluminación plena de claroscuros en lo visual y que tiene una compensación en el equilibrio con una dinámica de mucha potencia, rigor técnico y virtuosismo de un elenco maravilloso para el que ninguna dificultad parece amilanarlo.

Hasta la danza clásica por momentos viene a reforzar un lenguaje hecho de tensiones, distensiones, cortes, quiebres y expansiones varias que se concretan en «solos» transformados en dúos, principalmente, y en otras combinaciones. Nora Robles, Pedro Calveyra, Julieta Gros, Cecilia Vicencio, Yanina Rodolico, Chantal Fernández Crea, Alexis Ledesma, Julio Arias, Humberto Díaz y Eduardo Virasoro conforman un staff tan perfecto como de singular empatía con el espectador.

Fragmentos de «Beethoven» sobre el Cuarteto de Cuerdas Op. 18 N° 2, un soplo vital y casi neoclásico si no fuera por los tacones femeninos que le dan identidad popular, seguido por «Silencio», de Julián Vat, imágenes en movimiento que actúa a modo de transición entre Beethoven y los «5 mambos» que vienen luego, otra instancia virtuosa en la danza de aliento caribeño en la que brillan todos los participantes de la compañía en mambos de Pérez Prado, Osvaldo Farrés, Antar Daly y otros. Estas tres instancias cierran el espectáculo después de un breve intervalo.

El final cubano da lugar una vez más a efervescentes muestras de humor, algo que Tankinesis posee en su conformación grupal, y también una alegría generalizada, ya que el contagio opera en el espectador con la contundencia de un virus rozagante y fuertemente rítmico en caderas cimbreantes llenas de sensualidad latina.

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