Cruces en el recinto y explicaciones reiteradas para defenderse por fueros.
No hubo sorpresas en el demorado debut de Cristina de Kirchner en el Senado. La legisladora evitó cruzarse con sus pares (no está claro que íntimamente los considere así) durante los debates del paquete económico en la Comisión de Presupuesto y Hacienda donde se emitieron los dictámenes de los proyectos que anoche se convirtieron en ley. Esos dos faltazos tienen una clara justificación: no había nada que la expresidente pudiera responder o debatir allí en medio de números y datos tributarios que, comparativamente, no favorecen a su gobierno.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ayer cambió esas ausencias por un desembarco en el recinto en el que arrancó planteando una cuestión de privilegio por lo que consideró un avasallamiento de la representación parlamentaria ante el pedido de Claudio Bonadío para que se le quiten los fueros y llegó hasta intentar imponer reglas especiales para su participación en el debate. Fue cuando tuvo un cruce, nada guerrero, con Gabriela Michetti para que se le otorgara más tiempo para hablar que a los demás, justificando la necesidad con una chicana: "Tanto que reclamaban mi presencia ahora le pido 10 o 15 minutos más para una cuestión tan importante" .
En esa argumentación recordó lo que sabe cualquier estudiante (no avanzado) de Derecho Constitucional: que los fueros no pertenecen a los legisladores sino que son prerrogativa del cuerpo. El parlamentarismo británico aporta a esa doctrina desde hace cientos de años. Aprovechó para lanzar una crítica al Gobierno en la persona de Michetti: "Es notable cómo su Gobierno públicamente dice qué tipo de oposición quieren. Es posible que a usted y al Presidente no le guste el tipo de oposición que haremos. A mí no me gusta el Gobierno que ustedes hacen y no por eso voy a pretender que se vaya". Nada nuevo; nada sorprendente. Por lo menos para un debut como este.
Dejá tu comentario