21 de septiembre 2009 - 00:00

Obama enfrenta a ex jefes de la CIA: “Nadie está por encima de la ley”

Barack Obama, ayer durante la entrevista con el periodista de la cadena ABC George Stephanopoulos. También mantuvo reportajes con los canales CNN, NBC, CBS y Univisión. La Casa Blanca excluyó de la ronda a Fox, la cadena de noticias más crítica.
Barack Obama, ayer durante la entrevista con el periodista de la cadena ABC George Stephanopoulos. También mantuvo reportajes con los canales CNN, NBC, CBS y Univisión. La Casa Blanca excluyó de la ronda a Fox, la cadena de noticias más crítica.
Washington - Barack Obama rechazó de plano detener las investigaciones judiciales sobre torturas y abusos cometidos por la CIA en la lucha contra el terrorismo, como reclamaron el sábado siete ex directores del organismo de inteligencia. «Nadie está por encima de la ley», dijo el mandatario demócrata en el marco de un domingo en el que dio cinco entrevistas televisivas.

Obama encaró reportajes con casi todas las grandes cadenas televisivas -fue excluida la conservadora Fox News- en el inicio de una semana crucial para las políticas externa e interna de EE.UU. (ver nota aparte), con la reforma de salud como objetivo crucial de la Casa Blanca.

Los ex directores de la Central de Inteligencia Americana (CIA), entre los que se encuentran Michael Hayden y George Tenet, que cumplieron funciones durante el Gobierno de George W. Bush, argumentaron en su pedido que las investigaciones «obstaculizarán un trabajo efectivo de la agencia».

Interrogatorios

Informes internos revelaron recientemente el uso de técnicas de interrogatorio ilegales, como ejecuciones simuladas, privación del sueño y «waterboarding» (submarino), entre otras, la mayoría de ellas en Afganistán e Irak o en cárceles clandestinas de la CIA. Entre las víctimas se encuentra el supuesto organizador de los atentados del 11 de setiembre de 2001, Jalid Sheij Mohamed, quien fue sometido a 183 sesiones de submarino. A la cabeza de los defensores de las llamadas técnicas especiales, el ex vicepresidente de Bush, Dick Cheney, sugirió que podría revelar con precisión los atentados terroristas que se evitaron gracias a las torturas infringidas a sospechosos.

El fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, nombró hace un mes a un fiscal especial para que investigue las presuntas torturas de la CIA y de contratistas privados en una decena de casos durante la administración Bush. La decisión de Holder, que generó un aluvión de críticas de los republicanos, se produjo después de que el Gobierno de Obama diera señales contradictorias al respecto.

En las entrevistas con las cadenas ABC, CBS, NBC, CNN y la hispana Univisión, Obama se mostró además escéptico sobre el envío de más tropas a Afganistán, que cumplen una misión que algunos comparan con el suplicio de Vietnam. En el inédito despliegue televisivo, con el que buscó recuperar iniciativas y apoyo, Obama aseguró que «hasta que no esté convencido de que tenemos la estrategia correcta no pondré en peligro la vida de hombres y mujeres más de lo que ya hacemos», dijo. Ello representa al menos un punto de inflexión en la estrategia del jefe de la Casa Blanca, quien puso en marcha este año la mayor ofensiva de la historia en el país asiático, hasta ahora con escasos resultados.

No obstante, el objetivo principal de la aparición de Obama fue impulsar la reforma de salud, su objetivo central en cuanto a política doméstica, y que, al calor de la polémica, le ha costado varios puntos de popularidad.

Obama indicó que la reforma de salud, que se propone extender la cobertura a unas 35 millones de personas y mejorar la calidad de los servicios de las aseguradoras, saldrá pese a la oposición de un núcleo duro de republicanos, al tiempo que lamentó «tanto veneno que se ha expresado en el debate».

El mandatario negó una vez más que el plan de salud signifique un aumento de impuestos para la clase media y ratificó que no se propone incluir entre los beneficiarios a unos 12 millones de inmigrantes indocumentados. Esos puntos son sólo dos de la gran cantidad de críticas que merece el proyecto entre sectores de centro y de derecha.

Críticos

Por último, Obama se refirió a sus críticos más feroces, que lo califican como «socialista» y que, según algunos progresistas, esconden motivaciones raciales. «¿Hay alguien a quien no le gusto por mi raza? Estoy seguro. Pero hay también alguien que sólo me ha votado por mi raza: siempre habrá gente que me acabe juzgando bajo el prisma de la raza, pero no es ése el factor determinante», dijo.

El presidente subrayó que la fuerte discrepancia existente tiene su base «sentimientos antigobierno». «Hay personas que sólo quieren vencerme políticamente, pero no hay nada nuevo en ello», dijo.

A la CNN Obama recordó que no es el primer presidente contra el que arremeten con protestas enfurecidas: «Las cosas que decían de Roosevelt eran muy parecidas a las que dicen de mí, que si era un comunista, que era un socialista»». Siempre componedor, el presidente recordó: «También muchas cosas que dijeron de Ronald Reagan cuando intentó cambiar algunos aspectos del New Deal fueron bastante feas».

Agencias ANSA, EFE y DPA

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