24 de abril 2012 - 00:00

Obispos se amotinan contra los códigos

Durante la asamblea también se escuchará un informe sobre medio ambiente, preparado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
Durante la asamblea también se escuchará un informe sobre medio ambiente, preparado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
Alquiler de vientres, contratos prenupciales y divorcios exprés. En estado de alerta, los obispos de la Conferencia Episcopal Argentina se amotinaron ayer en la casa de ejercicios espirituales «El Cenáculo», de Pilar, para planear la ofensiva contra el paquete de reformas a los códigos Civil y Comercial lanzadas por Cristina de Kirchner en la apertura de las sesiones ordinarias del Honorable Congreso.

Será el debut de José María Arancedo como nuevo jefe de la Iglesia Católica argentina en reemplazo de Jorge Bergoglio, quien marcó políticamente su administración al frente de la CEA sobre la base de una tensa relación con el entonces presidente Néstor Kirchner. La batalla de Bergoglio fue contra los proyectos de ley que despenalizaban el aborto. Y salió airoso, más allá del reciente fallo de la Corte Suprema que sólo ordena cumplir con lo legislado actualmente en el artículo 86 del Código Penal en relación con los abortos terapéuticos. La resistencia clerical patinó durante el primer período del matrimonio Kirchner en relación con la distribución gratuita de la píldora del día después.

La gestión Arancedo arranca también en medio de un tembladeral para los preceptos cristianos. Con un kirchnerismo hegemónico en ambas Cámaras del Congreso Nacional, los obispos deberán soportar el avance de los cambios que la Casa Rosada impulsa en los códigos Civil y Comercial. La reforma del Código Civil será el plato fuerte de la discusión que comenzó ayer la Iglesia Católica argentina durante el Primer Plenario de Obispos. Arancedo logró ayer el respaldo de centenar de obispos en el plenario que se extenderá hasta el próximo sábado. En el temario oficial del encuentro figura un intercambio entre los obispos «y propuestas sobre el nuevo Código Civil», además de «otros temas vinculados al cuidado de la vida».

En su mensaje por las Pascuas, Arancedo había afirmado que ante la propuesta de reforma del Código la Iglesia «no puede permanecer indiferente ni ser espectadores de decisiones que requieren de una amplia participación federal y reflexión».

La jefe del Estado anunció que este año buscará reformar el Código Civil, a través de una serie de cambios que fueron confeccionados por un equipo encabezado por el titular de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti.

Entre las principales modificaciones se destacan la simplificación de los trámites de adopción y de divorcio; la incorporación de los contratos prenupciales para dividir las ganancias; y temas sensibles para la Iglesia como la fertilización asistida, la maternidad subrogada -o alquiler de vientres- y la inseminación post mortem.

Ayer, el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, exponente del ala más conservadora de la Iglesia, advirtió que, de aprobarse un nuevo Código Civil, se producirán «graves consecuencias» y «alteraciones muy graves contra la constitución de la familia y la dignidad de la vida humana». «Se establece en ese texto una diferencia injustificable desde el punto de vista científico; se reconoce como persona humana desde el momento de la concepción aquella que es engendrada en el cuerpo de la mujer, pero no la que inicia su trayecto vital en una probeta. Ésta sólo sería persona a partir de su implantación en el seno que la reciba», dijo Aguer. Agregó que «hay también cosas lamentables, por ejemplo, la eliminación del deber de fidelidad en el matrimonio, que es un elemento fundamental».

El prelado consideró que «en el anteproyecto se banaliza además del matrimonio, el divorcio, que pasa a ser lo que se llama divorcio exprés».

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