31 de octubre 2018 - 21:06

Olivier Norek: “Soy simplemente un cana”

El autor de “Entre dos mundos” sostiene que “el héroe no existe. Sólo son personas comunes que, en ciertas circunstancias, realizan un acto heroico”.

Olivier Norek. Expolicía y autor de novelas negras, el francés visitó Buenos Aires para la reciente edición del BAN!
Olivier Norek. Expolicía y autor de novelas negras, el francés visitó Buenos Aires para la reciente edición del BAN!
"Soy simplemente un cana" podría declarar el francés Olivier Norek, aunque hoy esté instalado junto a grandes de la novela policial europea como Pierre Lemaitre y Petro Markaris. Norek fue una de las figuras destacadas del Festival Internacional de novela policial -BAN! - qué concluyó el sábado pasado. Tras colaborar en misiones humanitarias y en campos de refugiados, Norek entró en la Policía y es teniente en investigación judicial. Guionista de cine y televisión, lleva publicadas las novelas "Distrito 93", "Territorios", "Efecto dominó" (Premio mejor Novela Negra Europea) y "Entre dos mundos". En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con él.

Periodista: ¿Puede un policía, que es novelista, denunciar literariamente a la Policía?

Olivier Norek: Esa denuncia es la base de la novela negra, lo que la diferencia de la novela policial. El género hoy se divide en novela policial, thriller y novela negra. La característica fundamental de la novela negra es ser sociopolítica y siempre contiene una denuncia. En Francia tenemos pocas novelas cuyo eje sea la corrupción policial porque hay poca corrupción policial. Si es casi inexistente es porque tenemos, por encima de la Policía, una Policía que investiga a los policías, y por encima otro organismo que controla a esa Policía de la Policía. En Francia el policía suele ser un héroe. Esto no me impide criticar la institución policial. Me gusta tanto mi trabajo que eso me impulsa a escarbar para que mejore. Cada vez que saco un libro la jerarquía me convoca porque denuncio cuestiones policiales sin caricaturas ni exageraciones, y me alientan a que lo siga haciendo porque eso ayuda. En uno de mis libros cuento de un asalto al archivo de seguridad de documentos y bienes decomisados por la policía. No había casi seguridad allí, se podía entrar sin problema. Imaginé un robo de ese lugar donde hay pruebas, entre otros, de delitos políticos y empresarios. Dos meses después de que salió mi novela había en ese lugar dos personas de seguridad en forma permanente, un detector de metales, tres cámaras, y para entrar hay que marcar dos códigos. En fin, señalo cosas que se pueden cambiar y mejorar. Me doy cuenta, estando en la Argentina, que eso es algo fantástico. Leí que acá los ratones se comieron kilos de marihuana, para mí que la deben de estar vendiendo.

P.: Sus investigadores policiales no se comportan como héroes.

O.N.: No soy un policía estadounidense. Mis policías no trabajan solos, trabajan en equipo. Si hay un héroe es el equipo. No es un héroe en absoluto, es un tipo común y corriente que va a trabajar en unas investigaciones que sí son extraordinarias. Yo llevo al lector conmigo, y si mi protagonista es un héroe sin fallas no hay identificación con él. El héroe no existe, es un día, en un momento particular, que va a realizar un acto heroico. Ese día tiene que tomar decisiones que lo convierten en un héroe o en un cobarde. Necesito de un personaje que tenga fallas, una pasta oscura, porque eso me permite crear a su enemigo, un monstruo que tenga un lado luminoso. Un personaje común que realiza un acto heroico resulta maravilloso, y no el que lo hace por rutina.

P.: Sus novelas cumplen con algo que está de moda: "basada en hechos reales".

O.N.: Los 18 años que pasé trabajando en el sector dedicado al crimen de la policía judicial alimentan mis libros. El 90 por cierto de lo que cuento son hechos reales. El 10 por ciento restante es para las historias de amor que invento. En las investigaciones me las he tenido que ver con pedófilos, con un caníbal, con padres que mataron a sus hijos, con violadores seriales, con pibes que quemaron a una chica, como con el policía que es héroe, estos no son monstruos todo el tiempo; hay un momento en que algo se quiebra en ellos y se vuelven monstruos. Cuando estás frente a ellos no lo parecen. El monstruo las 24 horas es para el cine o la televisión. El homicidio es un acto tabú. En las pantallas uno ve al tipo que mata y se ríe y está orgulloso de lo que hizo. En la realidad el criminal capturado tiene la cabeza gacha, los hombros caídos. Cuando alguien mata se está matando un poco a sí mismo. Para ser totalmente monstruo hay que estar psiquiátricamente perturbado. Conocí muchos monstruos.

P.: ¿La novela policial engaña al lector como el criminal engaña al investigador?

O.N.: ¿Entonces el delincuente es el autor, el que lleva la trama? ¿Es el que engaña al lector? El criminal establece la intriga. El escritor es un tramposo que busca esconder lo que sabe para que lo que cuenta sea interesante. La primera cosa que uno piensa frente a la hoja en blanco es como va a engañar al lector. El objetivo de la novela policial es jugar al gato y el ratón con el lector. Agatha Christie lo hace muy bien, y al final uno descubre como lo fue engañando. Uno sabe al comienzo quién es el asesino y cómo buscará engañar todo el tiempo al teniente Columbo. En Agatha Christie se está del lado del detective, en Columbo de la parte del criminal. El autor decide en qué lugar va a colocar a su lector. Simenon traza una radiografía del contexto sociopolítico, va del policial a la novela negra arrastrando al lector. Y su Maigret a veces se equivoca. Un policía que se equivoca puede ser mejor.

P: ¿Cómo decidió ponerle "Simplemente un cana" para una serie de televisión?

O.N.: Martine Monteil fue la primera mujer que dirigió las brigadas contra el tráfico de drogas, la trata y el crimen. En 1980, cuando investigaba al asesino serial más grande de Francia, la entrevistó la televisión: ¿Cómo hace con su marido, los chicos, su trabajo? ¿Qué es: esposa, madre, investigadora? Respondió: "Soy simplemente un cana". Se convirtió en una frase mítica, de ahí el título de mi serie.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

O.N.: Para hacer una represa se tuvo que inundar un pueblo y entonces se replicó el pueblo en una zona más elevada. Ahora hay un pueblo nuevo y, a dos kilómetros, el mismo pueblo pero bajo las aguas. Una policía trabaja sobre un crimen que se cometió 30 años atrás. Las pruebas están sumergidas, y el crimen en la memoria de los ancianos del pueblo. Eso es solo una parte de la investigación que relataré.

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