30 de septiembre 2009 - 00:00

OLIVOS TIENE UN SOLO PLAN: KIRCHNER EN PRIMERA VUELTA

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Resignado a que su nombre no puede pasar ningún ballottage, Néstor Kirchner tiene un solo plan: arrastrar al peronismo a una reunificación partidaria que borre de la primera vuelta presidencial de 2011 a todos sus adversarios internos y sindicarlos, superando la convivencia odiosa que él mismo promovió hacia dentro del PJ desde 2003, detrás de su postulación. Para esa elección ha descartado ya que exista otro peronista con el nivel de adhesión interna que pueda superar lo que dice él tiene de piso, un 28% de los votos nacionales según el resultado de las elecciones legislativas del 28 de junio. Si el peronismo no logra vencer en una primera vuelta, insiste ante cada visitante a Olivos que se prepare para el triunfo de la oposición en cualquier ballottage, y a ocho años en el desierto y fuera del poder.

Las últimas dudas sobre esta fantasía de futuro se disiparon con el anuncio de Daniel Scioli de que intentará la reelección como gobernador y con la derrota del peronismo en las elecciones locales del domingo pasado. Eso le hace entender a Kirchner que no hay enemigos a la derecha. Hacia la izquierda del PJ, que sería la disidencia que le ganó a él las elecciones en Buenos Aires, percibe sólo a Felipe Solá. El ex presidente cree que Solá podría entrar en esa interna embretada del PJ porque sus relaciones con los socios del 28 de junio están peor que nunca. Este diario ya contó que cuando le preguntó a Mauricio Macri qué había en Unión-PRO para él en 2011, le respondió que nada, porque él sería candidato a presidente; y Francisco de Narváez, a gobernador de Buenos Aires. Lo consoló con esas frases frías aprendidas por Macri en la platea de Boca: «Esperá, a mí me puede pasar algo, no sé, un Cro-mañón, siempre puede pasar algo». Felipe quedó a punto de caramelo para que lo seduzcan.

Kirchner festejó el anuncio de Scioli porque dice que disipó la duda de que con el eclipse de Reutemann dejase flotando una candidatura presidencial. Durante el último mes fue su obsesión y operó sobre el gobernador con el clásico plan canje, fondos a cambio de política. La negociación final se hizo hace 15 días en una quinta de City Bell en donde transcurren las principales operaciones políticas del peronismo. Allí Scioli, Alberto Balestrini, y un grupo chico de ministros y asesores del gobernador le transmitieron a Juan Carlos Mazzón la decisión y las condiciones, que no son otra cosa que el cese de las hostilidades financieras de la Nación a la provincia. Al escuchar el informe del «Chueco», Kirchner sonrió: «Es muy importante lo que hace Daniel, con esto distiende todo y disipa inseguridades».

La clave para ese proyecto de jugar a todo o nada está en estas horas en manos de abogados que leen y releen el proyecto de reforma electoral que impone un sistema de elecciones internas abiertas que fuerce a todos los candidatos del peronismo a participar en la del PJ y que inhiba a quienes perdieron en la interna a que corran por afuera del partido. Es decir, impedirle la vía que usó el propio Kirchner para hacerse de la presidencia en 2003, cuando con Eduardo Duhalde impusieron la extravagancia de los neolemas que llevó al partido con tres candidaturas presidenciales.

Asustar a los peronistas con el espanto de la derrota es el procedimiento con el cual Kirchner suma adhesiones de gobernadores e intendentes, que se ven forzados a admitir cuando están frente a él que no hay hasta ahora ningún dirigente del peronismo que tenga el liderazgo sobre ese 28% de los votos. Cuando los ve flojos de convicciones, Kirchner juguetea con que está obligado a sostener que tiene un proyecto de futuro. «¿Se imaginan cómo estaría el Gobierno de Cristina si yo anunciase que me rendí y que no voy a pelear más. Ahí estaríamos ante una crisis institucional porque el público le perdería respeto a la Presidente y el peronismo se lanzaría a buscar otros referentes quitándole más respaldo a la gestión», es el argumento que repite ante sus visitantes.

En esas reuniones, Kirchner remata con frases de este tipo: «Por ahí hay que empezar a instalar que en 2011 soy yo o Cristina, Cristina o yo». La respuesta unánime es: «No, tenés que ser vos, que inventaste esto. Vos o vos». La despedida es con sonrisas de compromiso, porque también los peronistas, como la oposición, le temen a jugar sin red, sin plan alternativo, ir a todo o nada a las patas de un candidato que recibió el 28 de junio el 70% de rechazo en las urnas.

Para este dilema, Kirchner tiene los abogados que le están preparando una reforma que encorsete a sus adversarios internos y los obligue a participar de la interna PJ, incluyendo a los disidentes que hasta ahora juegan con extrapartidarios como Mauricio Macri y Francisco de Narváez. Los detalles de esa reforma los adelantó ya este diario y repite, con pocas modificaciones, el contenido de la ley que sancionó el Congreso en 2002 y que nunca se aplicó hasta la derogación en 2006.

Esa ley de internas nunca se pudo aplicar porque no convenía al peronismo (Ver nota en pág. 12). Para que ahora les convenga, dicen estas quimeras kirchneristas, les agrega condimentos como la condición de cada candidato -según el proyecto que circula por oficinas del Gobierno- sólo pueda anotarse en esas internas si tiene el 4 por mil de las afiliaciones de su partido en por lo menos cinco distritos. Hoy para jugar en una elección, basta con el 4 por mil de adherentes que firmen listados, no necesariamente de afiliados. Pedir que sean afiliados les impone un piso alto que pocos candidatos pueden cumplir, afuera o adentro del PJ.

El proyecto prevé que esos listados de apoyo a candidatos con el 4 por mil de las afiliaciones sea colgado de internet a la fecha del cierre de las internas y que mantenga en todo el proceso electoral bajo un control electrónico en tiempo real.

Con esto, cree Kirchner, forzará al reutemismo, al duhaldismo y al albertismo a encerrarse en el PJ y dar la interna.

Para doblegar la resistencia al riesgo que tiene todo político, y más en el peronismo en donde perder es peor que la muerte, Kirchner ha lanzado algunos chocolatines: a Alberto Rodríguez Saá le ha dicho que le aceptará la idea de que las internas sean escalonadas (o sea no simultáneas) y que la elección sea indirecta, a través de compromisarios o delegados como en los Estados Unidos, ya lo contó este diario. No hay nada que plazca más al peronismo que una elección indirecta, siempre han envidiado en esto a los radicales (el testimonio lo provee Eduardo Duhalde); aunque prefieran el dedazo.

La derrota del peronismo en Santa Fe del domingo ha dejado al jefe territorial Carlos Reutemann con las defensas caídas y el proyecto Kirchner lo festeja porque aleja más al Lole de una nominación presidencial. «Y si la tiene, que la juegue adentro del PJ con este sistema», dijo un intendente del conurbano al salir la semana pasada de Olivos.

Con el terreno político alisado hacia adentro del peronismo, le queda ahora a Kirchner lograr el armado del corsé reglamentario que fuerce a los peronistas a quedarse adentro del PJ y se sometan a la inhibición de no ir por afuera, dividiendo al oficialismo ante una candidatura de Julio Cobos que puede tentar a toda la oposición como el dueño de cualquier ballottage.

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