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Otra dura derrota electoral deja a Berlusconi con menos margen aún
Silvio Berlusconi se mostró adusto ayer, luego de conocidos los resultados. «La voluntad de los italianos es clara», dijo. La imagen corresponde a una conferencia de prensa junto a su par israelí, Benjamin Netanyahu, en Villa Madama, Roma. Sus opositores celebraron en las calles.
Según distintas proyecciones, el apoyo a la derogación de la norma privatizadora se elevaba a entre el 93,8 y el 95,3%. El voto contra la reapertura del programa nuclear del Gobierno oscilaba entre el 92,3 y el 96,3%. Y el no a la ley que permite a los altos funcionarios usar sus compromisos oficiales como «impedimento legítimo» para no presentarse a audiencias judiciales que los involucren se ubicaba entre el 92 y el 96%.
Berlusconi enfrenta varios procesos por corrupción y evasión fiscal, además de cargos de incitación a la prostitución de menores y abuso de poder por el caso «Ruby».
La ley italiana sólo permite la convocatoria a referendos derogativos, por lo que las respuestas afirmativas a las preguntas planteadas reflejaron la abrumadora voluntad del electorado de eliminar las normas aprobadas por el Gobierno de Berlusconi.
Las mismas proyecciones indicaban que la participación ciudadana fue particularmente elevada para este tipo de votación, en torno al 57%, por encima del 50% más un voto necesarios para que las consultas sean válidas, algo que no se concretaba desde 1995.
«La voluntad de los italianos es clara en todos los temas de la consulta popular», declaró Berlusconi al reconocer su derrota.
«La alta afluencia en los referendos demuestra una voluntad de participación de los ciudadanos en las decisiones sobre nuestro futuro que no pueden ser ignoradas», explicó. El Gobierno y el Parlamento tendrán que «aceptar plenamente» el resultado, añadió.
«Incluso aquellos que consideran que el referendo no es el instrumento más idóneo para afrontar cuestiones complejas, ven con claridad que la voluntad de los italianos es clara sobre todos los temas sometidos a consulta», dijo el mandatario, que había abogado por la abstención.
«Se trata de un resultado extraordinario», comentó por su parte Pier Luigi Bersani, líder del mayor partido de la izquierda, el Democrático, quien pidió la renuncia de Berlusconi. «Estamos ante un divorcio entre el Gobierno y los italianos», comentó.
La administración de derecha contaba con la indiferencia y el clima primaveral, de vacaciones, para que el referendo fracasara y llegó a aprobar inclusive un decreto ley que suspendía el programa de construcción de centrales nucleares durante dos años para impedir la realización de la consulta.
El referendo nuclear fue convocado para derogar la ley que reintroducía la energía atómica, una de las propuestas emblemáticas del Gobierno conservador, pese a los recientes sucesos en la central japonesa de Fukushima II.
La oposición de izquierda animó a los italianos a acudir a las urnas para intentar dar una segunda estocada electoral al jefe del Gobierno, tras el duro revés sufrido hace 15 días en las elecciones municipales, en las que perdió, entre otras localidades, la Alcaldía de Milán, su gran bastión.
«Dijimos no a lo nuclear y establecimos un principio sagrado: que la ley es igual para todos», declaró visiblemente satisfecho el exjuez «manos limpias» Antonio Di Pietro, uno de los organizadores de la consulta, al conocer los primeros resultados.
Italia dio «un adiós definitivo» a la energía nuclear, comentó, en tanto, Stefano Ciafani, director científico del movimiento ecologista Legambiente.
Apenas divulgado el resultado, cientos de personas se congregaron espontáneamente en Roma, en la céntrica iglesia Boca de la Verdad, para festejar.
«Hoy ganó el pueblo, ni la derecha ni la izquierda», gritaba el pensionado Giovanni Piocongi, mientras numerosos jóvenes de los comités organizadores de los referendos bailaban y cantaban.
«Si, si, si, si, habemus quórum» para que la consulta fuera válida, clamaban, mientras las páginas on line y Facebook celebran con comentarios, chistes y videos el resultado.
Como primera consecuencia, los títulos de varias empresas de energía renovable aumentaron en la Bolsa de Milán, en particular el de Enel Green Power, con el 3%.
«El resultado no debe tener repercusiones sobre el Gobierno», pidió el ministro de Defensa, Ignazio la Russa, quien teme que un rechazo tan alto desate una crisis política y el fin de la administración de Berlusconi.
Dividido y temeroso de perder nuevamente, el Ejecutivo había dado libertad de voto a sus simpatizantes, pero no pudo evitar la paliza, sobre todo porque el mundo católico se pronunció decididamente contra la privatización del agua.
Monjas, curas, ancianos, además de cientos de jóvenes ecologistas, participaron desde la primera jornada del voto, pese a la escasa atención dada por los canales de televisión al tema.
«El agua es un don de Dios, pertenece a todos», proclamaron los obispos italianos, retirando de hecho el apoyo que hasta ahora han dado a Berlusconi, quien para muchos analistas se encuentra en el ocaso de su carrera política.
Agencias AFP, EFE, DPA y ANSA, y Ámbito Financiero


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