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Otra marca de lujo que se va: Polo cierra sus locales
Ralph Lauren
Ralph Lauren (nacido Ralph Lipschitz) en Nueva York hace ya casi 50 años, afirma que el cierre es «temporario». Podría inferirse que cuando se abran las fronteras y puedan ingresar mercadería regresarán las camisas y las remeras con el polista en el costado izquierdo, los «commodities» de la marca.
Los ejecutivos locales de la firma habrían mantenido varias e infructuosas reuniones con el secretario de Comercio Guillermo Moreno, quien -como suele suceder en estos casos- les exigió que produjeran sus prendas localmente. La empresa se negó a esto, explicando que tenían centralizada su producción en determinados lugares del planeta por un tema de escala y de costos. La explicación no satisfizo a Moreno, quien ni siquiera les habría propuesto el ya famoso «uno a uno» (exportar un dólar por cada dólar que se importa) que le ha permitido sobrevivir a muchos importadores.
Polo Ralph Lauren se suma así a marcas como Cartier, Ermenegildo Zegna y Escada entre las que los argentinos sólo podrán adquirir en sus viajes al exterior porque cerraron en el país.
En un breve comunicado la empresa explica que «evaluó su situación en la Argentina y decidió cerrar temporariamente sus tres locales. La intención es continuar sus negocios en la Argentina y están enfocados en este esfuerzo, por lo que es una decisión temporaria».
El local «nave insignia» de la marca estaba en la Avenida Alvear, en una vieja casona a metros de Callao. Las otras dos tiendas de la firma estaban en los shopping Galerías Pacífico y Unicenter. Los clientes de Polo ya habían advertido que «algo» estaba pasando: las liquidaciones que se pusieron en marcha hace un mes eran a precios de incendio, y algunas camisas costaban en dólares «blue» menos que en los outlets del estado de Florida, tan populares entre los viajeros argentinos.
El cierre llega en un momento peculiar: desde hace años la clientela principal de los locales de Polo eran los turistas, en especial los brasileños, que encontraban más que convenientes los precios de sus tiendas, convertidos a reales. La innegable caída del turismo receptivo, sin embargo, fue compensada por el abaratamiento de esos precios para el consumidor local: el tipo de cambio oficial estancado y la inflación en alza hicieron que las camisas y remeras importadas de Polo estuvieran a precios parecidos y a veces hasta inferiores en relación con marcas locales «premium». Las restricciones a la importación le impidieron a la empresa aprovechar esa ventaja cambiaria para hacerse fuerte entre los consumidores locales.
Curiosamente, el inicio de Polo como marca está vinculado a la Argentina; en 1967 abrió un local donde vendía corbatas de su diseño bajo la marca Polo; el logo ya era un polista lanzado al galope con el taco en el aire. Casi contemporáneamente, la empresa nacional Dos Muñecos, que fabricaba los jeans Far West y tenía la licencia de Lee, lanzó su marca «top», Polo, con un logo casi idéntico. A partir de que uno conoció de la existencia del otro, comenzó una carrera global para registrar la marca, que terminó con Lipschitz-Lauren entregando el 5% de las acciones de su joven corporación a sus competidores argentinos a cambio de que descontinuaran la Polo argentina. Ese porcentaje se licuó con el tiempo, y de la marca local no queda ni el recuerdo.


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