La rueda vino acompañada de todo tipo de titulares rimbombantes, capaces de explicar casi cualquier cosa que ocurriese en el mercado bursátil. Cualquiera menos por qué el Dow terminó con una ligera suba del 0,16% (el NASDAQ retrocedió el 0,23% y el S&P500 sumó apenas el 0,05%), a 10.642,15 puntos, negociándose apenas unos magrísimos 925 millones de papeles en el NYSE. Encabezando la lista estuvieron las noticias sobre un mayor endurecimiento del crédito en China para enfriar la economía y el disgusto que cunde en el Congreso por la inacción del Tesoro frente a lo que se considera la renuencia de aquella nación a revalorizar su moneda. Esto, apuntaló la moneda norteamericana, que terminó la jornada avanzando casi el 0,5% frente a las principales divisas del planeta. Como es fácil de suponer, la consecuencia inmediata fue el retroceso de los principales commodities (-0.8% en promedio), con algunas excepciones como el oro, impulsado por cierta intranquilidad frente a un panorama más cercano a lo confuso que a lo claro. Otro elemento que sirvió más para la cháchara que para la toma de decisiones fue la advertencia de la calificadora Moodys sobre los riesgos que podría llegar a enfrentar la deuda soberana de los países más desarrollados y en particular la de Inglaterra y los EE.UU. La mejor prueba de la intrascendencia de esta noticia la dio la baja que tuvo el costo del dinero a lo largo de toda la curva temporal de tasas de interés. Dado que las noticias de la macro, fueron mayoritariamente alcistas, la excusa de lo acontecido se volcó entonces sobre lo que podría llegar a anunciar en apenas horas el Comité Abierto de la Reserva Federal. ¿La estrella del día?: Walmart.
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