21 de marzo 2014 - 00:35

Pacto de Las Cañitas: en mayo, Fellner al PJ (pero falta Cristina)

• Gobernadores tejen “unidad”. Un espía K. Poggi se bajó. Peralta prefirió foto con De Vido.

Protagonistas anoche del Pacto de Las Cañitas: José Manuel De la Sota, Daniel Scioli, Francisco Pérez, Martin Buzzi, Jorge Capitanich, Luis Beder Herrera, Juan Manuel Urtubey, Lucía Ciorpacci, José Alperovich, Carlos Zannini, Gildo Insfran, José Luis Gioja, Oscar Jorge, y Eduardo Fellner.
Protagonistas anoche del Pacto de Las Cañitas: José Manuel De la Sota, Daniel Scioli, Francisco Pérez, Martin Buzzi, Jorge Capitanich, Luis Beder Herrera, Juan Manuel Urtubey, Lucía Ciorpacci, José Alperovich, Carlos Zannini, Gildo Insfran, José Luis Gioja, Oscar Jorge, y Eduardo Fellner.
De lejos, papal, Cristina de Kirchner bendijo la cumbre y los gobernadores peronistas cincelaron, anoche, la hoja de ruta hacia la normalización del PJ. El 3 de abril se reunirá el consejo del partido para convocar a un congreso para el 9 de mayo donde, a mano alzada, se proclamará al jujeño Eduardo Fellner como inocuo sucesor de Néstor Kirchner en la jefatura del PJ.

Es una remake: por un rato, en marzo de 2004, en medio de un espadeo entre Kirchner y Eduardo Duhalde, Fellner brotó como mesías de la unidad. Duró tres suspiros. En esta revancha tardía debe desafiar el axioma cinéfilo de que las segundas partes siempre son malas.

Desconfiada serial, Cristina impuso sorpresivamente en la cumbre al menos peronista de sus funcionarios, Carlos Zannini, cuya presencia generó incomodidad y murmullos. "Lo del Chino Zannini pone todo en riesgo", deslizó anoche un operador. El más incómodo fue José Manuel de la Sota, el cordobés díscolo que fue el único anti-K que trajinó los corredores y pasillos de la Dirección de Remonta del Ejército en Palermo, y llegó al quincho donde los caciques se acodaron en una enorme mesa cuadrada como duelistas en un póker descomunal.

El puntano Sergio Poggi, a quien anteanoche se incluía al trío de bienvenidos, se bajó de la peor manera de la cumbre unionista: circuló una carta áspera con Cristina de Kirchner por el maltrato a su provincia -la deuda federal- y reproches a los demás gobernadores por no mostrarse solidarios con San Luis. La letra chica de zigzagueo no figura en la nota: Poggi había avanzado en una charla con José Luis Gioja, pero Adolfo Rodríguez Saá, que tiene otro interlocutor en la Casa Rosada, frustró el pacto que pretende coronar él.

El segundo faltazo fue el de Daniel Peralta, santacruceño, patriarca que voceó elogios sobre Sergio Massa y acaba de sellar una tregua con la familia presidencial, vía Máximo Kirchner. Mientras los demás caciques surcaban el cielo patrio rumbo a la unitaria Buenos Aires, Peralta se abrazaba en Río Gallegos con Julio De Vido para lubricar la convivencia con los pingüinos, examigos, viejos conocidos.

Peralta, nestorista al fin, milita el regionalismo y celebra el slogan "primero Santa Cruz" antes de entregarse a la lotería incierta de una ronda de gobernadores que, en un simbolismo de diván, se desarrolló en la unidad del Ejército que se especializa en sementales. Correcto, el gobernador más zamarreado por el neocamporismo, mandó un mail de adhesión al proceso de normalización del PJ.

El Pacto de Las Cañitas activó, al margen de las ausencias de Poggi y Peralta -Sergio Urribarri está en gira zen por oriente- la normalización del PJ que naufraga, con mandatos vencidos, a tiro de la voluntad de María Romilda Servini de Cubría, "La doctora" en la jerga de los cautos peronistas que la tratan con algodones temerosos de una resolución indeseada.

Revive, más allá del vaticano guiño presidencial, a la liga de gobernadores en su máxima expresión porque inicialmente sólo hubo butacas para caciques provinciales -Jorge Capitanich, fue invitado más como gobernador con licencia del Chaco que como jefe de Gabinete cristinista- aunque sobre la hora hubo que agregar un sillón para Zannini.

El 3 de abril, el consejo que todavía preside Scioli, convocará al congreso para el 9 de mayo que en su orden del día incluirá una cláusula para que la elección de las autoridades del partido se haga con el voto de los congresales.

La reforma de la Carta Orgánica fulmina un mecanismo que fue emblema de la renovación peronista que Antonio Cafiero y Carlos Menem encabezaron en los 80 contra los ortodoxos Lorenzo Miguel y Herminio Iglesias: la elección de los cargos partidarios mediante el voto directo de los afiliados.

Nostalgias al margen, a nivel nacional jamás se aplicó ese sistema aunque lo hacen, con un simulacro bastante logrado, peronismos de provincia, entre ellos el bonaerense que siempre encuentra el atajo para la lista única como la que encabezó Fernando Espinoza. Sin embargo, jamás en la historia del PJ -que está por acumular siete décadas- se hizo una elección nacional de afiliados para elegir autoridades.

A ese ejercicio de aggionarmiento -o supervivencia- se entregaron Scioli, De la Sota, Gioja, Fellner, Capitanich, Francisco "Paco" Pérez (Mendoza), Lucía Corpacci (Catamarca), Gildo Insfrán (Formosa), José Alperovich (Tucumán), Oscar Jorge (La Pampa), Juan Manuel Urtubey (Salta) y Luis Beder Herrera (La Rioja).

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