17 de octubre 2012 - 00:00

Pacto Macri-De Narváez, plan verano de PJ anti-K

Mauricio Macri
Mauricio Macri
Lo que Mauricio Macri y Francisco de Narváez no pueden enhebrar entre sí podría forzarlo el cacerolazo del 8-N. La posibilidad de una protesta masiva contra Cristina de Kirchner el mes próximo aparece como un elemento para acelerar el reencuentro entre los antiguos socios.

Figura, al menos, entre las perspectivas que alimenta el PJ anti-K, pivoteando entre el jefe de Gobierno y el diputado, para coronar, antes de fin de año, si no un pacto al menos una tregua que permita darle entidad a un acuerdo electoral para 2013.

El calendario electoral, que fija junio como fecha de cierre de listas y mayo para inscripción de alianzas, empezó a inquietar a los operadores de ambos sectores que impulsan la resucitación de Unión-PRO, la marca electoral que derrotó a Néstor Kirchner en 2009.

La presunción -o el deseo- es que un fin de año crítico para Cristina de Kirchner podría operar como condicionante para que Macri y De Narváez archiven sus tensiones y, de mínima, dejen correr la versión de un acuerdo. No ocurrió hasta ahora y fue Macri, en particular, el bombardero.

Siguen, sin embargo, entreverados en la letra chica. El porteño pidió, tiempo atrás, que el bonaerense lo postule abiertamente como su futuro candidato a presidente, pero De Narváez dijo que, para pensar en 2015, primero hay que pasar exitosamente 2013.

Macri lo recela. Especula que su socio de 2009 podría «utilizarlo» el año próximo pero, luego, rumbear hacia Daniel Scioli, José de la Sota o cualquier opción peronista que encare, con chances, la batalla presidencial de 2015.

Hay, en el macrismo, otras teorías. Tras caerse la opción Michetti en provincia, el núcleo que expresa Marcos Peña y se nutre del encuestólogo Jaime Durán Barba empezó a deslizar la alternativa de un escenario en el que Macri directamente no juegue en 2013 en provincia.

Enfrente, Emilio Monzó arrima variables como el acercamiento con Gustavo Posse, referente de un malón de dirigentes radicales, que podría confluir en un armado más amplio que anude a De Narváez y Macri. Sólo de ese modo, esa tropa de la UCR podría despegar de Ricardo Alfonsín.

En el PRO confrontan dos miradas: una remite a 2009 y consiste en hacer jugar abiertamente al jefe de Gobierno en la elección bonaerense; la otra se fija en 2011 y plantea competir sólo en aquellos lugares donde tiene chances, como Capital y Santa Fe, sin arriesgar en distritos como Córdoba, Mendoza o Buenos Aires.

Fue lo que Macri hizo el año pasado cuando el PRO, así como no llevó candidato presidencial, tampoco anotó lista propia de diputados en provincia; se convirtió en un partido municipal con algunos aspirantes a intendente mientras insertó nombres en la boleta de Eduardo Duhalde.

En esa ecuación interviene, además, Sergio Massa. La posible irrupción del intendente de Tigre como candidato contra el Gobierno le ofrecería a Macri un atajo para «respaldar» a un candidato anti-K sin arriesgar.

De Narváez, por su lado, se apoya sobre una convicción: se presenta como el único dirigente que, en la mirada de los votantes, sintoniza con Macri y mantiene un núcleo duro, de entre 10 y 15 puntos, en intención de votos.

A su lado advierten, igual, que demorar más de la cuenta la opción de un entendimiento -o al menos un pacto de no agresión- resultará funcional al otro bloque anti-K, el que conforman la UCR y el FAP, que puso varios candidatos en escena y podría salir a jugar antes del verano.

«Para ganarle la elección al Gobierno o quedar a unos puntos hay que polarizar, y si tardamos en armar, eso pueden lograr el FAP y la UCR juntos», dicen los peronistas que operan en el denarvaísmo.

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