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Palermo en el reino de los enanos

La presencia de Palermo en el partido ante Perú del sábado 10 de octubre en el Monumental, la adelantó Maradona en el epílogo inmediato del triunfo ante Ghana, pero la justificación de tal presencia, aparte de la voracidad goleadora del 9, la brinda lo flaco en emociones que estuvo el equipo en las últimas actuaciones ante Brasil y Paraguay, es decir, lo poco que transmitió en el campo, y como consecuencia, hacia las tribunas, sobre todo en el clásico que se jugó ante los brasileños en Rosario. Ante semejante urgencia, la figura de Martín Palermo emerge por sí sola y se sustenta a base del juego que mejor juega y que más le gusta: hacer goles, un bien que en las arcas del seleccionado escasea.
Desde el debut de Maradona como DT, en noviembre de 2008, se han jugado 11 encuentros (dos con el equipo «local» y nueve con el plantel «estelar») de los cuales, seis fueron por Eliminatorias, que en definitiva, es el máximo escollo que debía enfrentar el equipo durante el calendario de 2009. Acumuló dos victorias (Venezuela y Colombia de local) y cuatro derrotas (Bolivia, Ecuador, Brasil y Paraguay), marcando 7 goles (cuatro a los venezolanos, y uno a Bolivia, Colombia y Brasil), en ellos, sólo tres fueron de los hombres de punta: Messi, Agüero y Tevez, todos en la goleada ante Venezuela en marzo pasado en River. ¿Alcanzan tres goles de los delanteros en Eliminatorias, en el lapso de un año calendario? Podríamos decir que sí, si Argentina mostrara variantes reales de marcar en la red rival, pero en este proceso ha ido perdiendo peso en el área rival hasta transformarse en un rival accesible ante quien se enfrente.
Ante semejante anemia goleadora, pensar en Palermo es lógico, entendible y hasta necesario. Lisandro López ha marcado de a decenas sus goles en Portugal y actualmente en el Lyon francés, Diego Milito no llegó ni por asomo a ser el implacable definidor que hoy brilla en el Inter y lo de Gonzalo Higuaín por ahora es una gran incógnita con la camiseta celeste y blanca en su primer llamado a la Selección mayor. Todos ellos, por características físicas y técnicas, capaces de ser el «grandote» que acompañe al «chiquito» que juega por afuera. Para jugar de eso, Palermo es superior. Lo demostró con el mellizo Guillermo, con Palacio y fueron suficientes 57 minutos junto a Hauche para reconfirmar, que si tiene uno que lo asista, apostarle a Palermo, no es tirar la plata. Claro, que la tentación de tirársela al Titán a la cabeza es muy grande, pero no pareciera que fuese un motivo de segura efectividad. A Palermo hay que rodearlo, Maradona deberá definir quién le pone a un lado, quién jugará al otro costado y también quién es el mejor que lo habilite con un pase cortado al ras del piso. Eso debe trabajarse, sólo con Palermo no alcanza.


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