2 de octubre 2009 - 00:00

Palermo en el reino de los enanos

Palermo en el reino de los enanos
Martín Palermo debió esperar diez años para marcar nuevamente un gol con la camiseta de la Selección, desde aquella Copa América de Paraguay 1999, donde la memoria calificada argentina, ha puesto el foco en los tres penales errados del centrodelantero en la fatídica noche de la ciudad de Luque ante Colombia. Dueño de una voluntad de acero y una fuerza anímica a prueba de misiles, el mayor goleador en actividad del fútbol argentino, cerca de los 36 años (los cumplirá el 7 de noviembre), Martín vive una nueva primavera en su carrera, repleta de matices, a la cual, por su vigencia goleadora y por la alarmante falta de contundencia y de variantes en el ataque dentro de la era Maradona en el equipo nacional, lo ponen de cara, al máximo desafío deportivo que puede aspirar un futbolista: estar presente en un Mundial.

La presencia de Palermo en el partido ante Perú del sábado 10 de octubre en el Monumental, la adelantó Maradona en el epílogo inmediato del triunfo ante Ghana, pero la justificación de tal presencia, aparte de la voracidad goleadora del 9, la brinda lo flaco en emociones que estuvo el equipo en las últimas actuaciones ante Brasil y Paraguay, es decir, lo poco que transmitió en el campo, y como consecuencia, hacia las tribunas, sobre todo en el clásico que se jugó ante los brasileños en Rosario. Ante semejante urgencia, la figura de Martín Palermo emerge por sí sola y se sustenta a base del juego que mejor juega y que más le gusta: hacer goles, un bien que en las arcas del seleccionado escasea.

Desde el debut de Maradona como DT, en noviembre de 2008, se han jugado 11 encuentros (dos con el equipo «local» y nueve con el plantel «estelar») de los cuales, seis fueron por Eliminatorias, que en definitiva, es el máximo escollo que debía enfrentar el equipo durante el calendario de 2009. Acumuló dos victorias (Venezuela y Colombia de local) y cuatro derrotas (Bolivia, Ecuador, Brasil y Paraguay), marcando 7 goles (cuatro a los venezolanos, y uno a Bolivia, Colombia y Brasil), en ellos, sólo tres fueron de los hombres de punta: Messi, Agüero y Tevez, todos en la goleada ante Venezuela en marzo pasado en River. ¿Alcanzan tres goles de los delanteros en Eliminatorias, en el lapso de un año calendario? Podríamos decir que sí, si Argentina mostrara variantes reales de marcar en la red rival, pero en este proceso ha ido perdiendo peso en el área rival hasta transformarse en un rival accesible ante quien se enfrente.

Ante semejante anemia goleadora, pensar en Palermo es lógico, entendible y hasta necesario. Lisandro López ha marcado de a decenas sus goles en Portugal y actualmente en el Lyon francés, Diego Milito no llegó ni por asomo a ser el implacable definidor que hoy brilla en el Inter y lo de Gonzalo Higuaín por ahora es una gran incógnita con la camiseta celeste y blanca en su primer llamado a la Selección mayor. Todos ellos, por características físicas y técnicas, capaces de ser el «grandote» que acompañe al «chiquito» que juega por afuera. Para jugar de eso, Palermo es superior. Lo demostró con el mellizo Guillermo, con Palacio y fueron suficientes 57 minutos junto a Hauche para reconfirmar, que si tiene uno que lo asista, apostarle a Palermo, no es tirar la plata. Claro, que la tentación de tirársela al Titán a la cabeza es muy grande, pero no pareciera que fuese un motivo de segura efectividad. A Palermo hay que rodearlo, Maradona deberá definir quién le pone a un lado, quién jugará al otro costado y también quién es el mejor que lo habilite con un pase cortado al ras del piso. Eso debe trabajarse, sólo con Palermo no alcanza.

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