1 de febrero 2011 - 00:00

Pañuelos, tropa de La Cámpora y el “timming” comercial de Hebe

Hebe de Bonafini
Hebe de Bonafini
Dilma Rousseff tuvo, ayer, en su paso por Buenos Aires, una veloz aproximación al universo K. Su visita, un gesto contundente para reforzar la relación entre Brasil y la Argentina, estuvo cargada de simbolismos que reflejan, como pocos, las pasiones de Cristina de Kirchner.

Fuera de la agenda bilateral, con sus acuerdos y compromisos -ver nota aparte-, la anfitriona desplegó rasgos característicos sobre cómo quiere que la vean desde el exterior y, en particular, sus vecinos.

La relevancia que, en el derrotero de la carioca por Buenos Aires, se les dio a Abuelas y Madres de Plaza de Mayo es una señal inequívoca. Lo fue, también, la presencia ruidosa de tropa de La Cámpora en la recepción que se brindó a la mandataria brasileña.

El obsequio de los míticos pañuelos a la visitante, que durante la última dictadura en Brasil sufrió cárcel y torturas, estuvo cruzado por asuntos más mundanos. Fue Hebe de Bonafini quien aportó el anexo particular al tratar de seducir a la extranjera con «productos» de la Fundación Madres. En principio, la intención de Bonafini fue que Rousseff recorra una vivienda modular y un aula construida por ese «holding» social, y evalúe la alternativa de importar esas edificaciones para desplegar en las zonas de Brasil afectadas por las lluvias.

Pero por razones de seguridad, sugeridas por su custodia, Dilma observó de lejos las construcciones que se habían, previamente, montado frente a Casa Rosada sobre trailers. Fue cuando, invitada por Cristina, salieron al histórico balcón de Casa de Gobierno.

Previamente, La Fundación Madres donó una casa a Brasil, como aporte simbólico e inicial para la reconstrucción del Estado de Río de Janeiro, después del devastador temporal que azotó a las ciudades de Nova Friburgo, Teresópolis y Petrópolis.

Antes, las dos presidentas mantuvieron un encuentro con Bonafini y Estela de Carlotto. La charla se extendió por casi dos horas.

Luego, siempre juntas, Cristina y Dilma encabezaron un acto en la Casa Rosada. Fue allí donde la anfitriona agradeció la visita de Rousseff, que eligió la Argentina como primer viaje al extranjero. «La distingue -dijo de Kirchner- como mujer, como política y como madre».

«Por nuestra propia condición de género nos manejarnos con idiomas comunes. Les agradezco la reunión con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, un gesto que la distingue como mujer, como política, como madre», resaltó la presidenta.

Por su parte, Bonafini elogió a las mandatarias y dijo que «son dos mujeres revolucionarias».

«Lucharon junto a nuestros hijos y llegaron a ser presidentas», afirmó Bonafini en un breve diálogo con la prensa y subrayó que la audiencia fue «hermosísima».

A su vez, La Cámpora, el frente juvenil que adquiere día a día más protagonismo en el esquema oficial, también tuvo un protagonismo especial en la recepción de la mandataria brasileña.

Militantes de esa agrupación, que tiene a Máximo Kirchner como ordenador a larga distancia, se desplegaron en la entrada del Palacio San Martín, donde, por la tarde, las presidentas compartieron un almuerzo junto a sus comitivas, encabezadas respectivamente por los cancilleres Antonio Patriota y Héctor Timerman. En ese contexto, Rousseff -que llegó acompañada por siete ministros de su gabinete- destacó la «amistad histórica» entre ambos países y agradeció la ayuda recibida por las inclementes lluvias en Brasil.

En su discurso mencionó, además, que junto con Cristina de Kirchner «somos las dos primeras mujeres elegidas directamente para ser presidentas, por el voto popular», en sus respectivos países.

No se olvidó, la invitada, de mencionar a Néstor Kirchner a quien recordó como «fuente de inspiración» antes de proponer un brindis por la unidad y el trabajo común entre Brasil y la Argentina.

A su turno, además de las referencias a la cuestión de género y la amistad entre ambos Estados, la presidente argentina se ofreció a colaborar con Dilma en cuanto a la experiencia de gestión.

No faltó, en el raid, un comentario de moda. Cristina interrumpió el discurso de su visitante para pedirle a Nilda Garré que muestre su vestido. Las tres, luego, comentaron sobre la elección estética de la ministra de Seguridad. Aníbal Fernández habría dicho: diplomacia de alta peluquería.

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