30 de septiembre 2011 - 00:00

Paola Barrientos: cómo reír con “Hedda Gabler”

Paola Barrientos, actriz múltiple: la hizo famosa un comercial y ahora reúne todo tipo de público en «Estado de ira».
Paola Barrientos, actriz múltiple: la hizo famosa un comercial y ahora reúne todo tipo de público en «Estado de ira».
En «Estado de ira», Paola Barrientos interpreta a una actriz que debe ensayar el papel de «Hedda Gabler» en tiempo récord y sufriendo todo tipo de boicots por parte de sus «entrenadores». Esta ficción creada por Ciro Zorzoli (éxito de taquilla de la temporada 2010, en el Teatro Sarmiento y con una exitosa participación en el último Festival de Otoño de Madrid) se exhibe ahora en el Teatro Metropolitan, los lunes a las 21. La pieza interactúa con el drama de Henrik Ibsen, reflexiona sobre el fenómeno de la actuación e incluye situaciones de comicidad que la convirtieron en un éxito de público. Su arrolladora protagonista integra también el elenco de «Un tranvía llamado deseo» con Diego Peretti y Erica Rivas (Teatro Apolo) y meses antes tuvo una destacada participación en «Contra las cuerdas», la tira que protagonizó por «Canal 7» Rodrigo De la Serna. Sin embargo, la actriz debe su repercusión masiva a la campaña publicitaria de un Banco donde interpreta a una esposa hiperconsumista.

Periodista: ¿No le molesta haberse hecho conocida por un comercial?

Paola Barrientos: Ya no, la televisión me fue arrancando todos los prejuicios. Siempre fui un poco reacia al medio, pero luego de pasar por un unitario de tan buen nivel como «Para vestir santos», empecé a ver las cosas de otra manera. Fue la primera vez que en televisión leí ocho capítulos de un tirón de lo interesantes que eran. Igual no me pude relajar y disfrutar de ese espacio, recién pude liberarme un poco más en «Contra las cuerdas». Para mí fue una elección estar ahí por el elenco y por ser el canal público. Fue la primera experiencia en TV que me hizo feliz.

P.: Pero todas las notas que le hicieron se centraron en la campaña publicitaria y no en su trabajo teatral y televisivo.

P.B.: Pasé a ser «la chica de la tarjeta»... y esto me hubiera pegado muy mal de no haberlo contrarrestado con mi trabajo en «Estado de ira». Siento que algo ahí se emparejó. Igual estoy muy conforme con esta campaña que ya va por su tercer año. Eso no estaba previsto en un comienzo, si no me hubiera asustado mucho ante el peligro de quedar pegada a un producto. Pero el equipo creativo siempre fue de lo mejor. Juan Taratuto dirigió las primeras series y en realidad yo fui convocada para el casting porque me habían visto en «Teatro para pájaros» de Daniel Veronese.

P.: «Estado de ira» sigue atrayendo por igual a actores, directores, público raso y hasta técnicos de sala...

P.B.: Sí, nos enteramos de que entre los acomodadores del Complejo Teatral de Buenos Aires circulaba la idea de que estaba bueno ir al Sarmiento, porque la obra era muy divertida y agotaba localidades en todas las funciones. En octubre vamos al Festival de Montevideo y también a Rosario. (Aunque la actriz no lo menciona ya hay tratativas para llevar el espectáculo a España y Francia).

P.: Más allá de sus pasos de comedia la obra tiene momentos dramáticos que no siempre son apreciados por el público.

P.B.: Las risas del público forman parte de la obra, porque la acción se desarrolla durante un ensayo. Por lo tanto si Antonia Miguens, mi personaje, escucha que se ríen lo asocia a algo que ella hizo, que le pasó o que le están haciendo; con lo cual a todo ese entorno que la maltrata y se le vuelve en contra, también se suma el público. De todas maneras a mí me sorprendió que ante situaciones que tienen que ver con un maltrato profundo y cruel entre los personajes haya una explosión de risa. Tratamos de no cebarnos con eso para no perder el eje del trabajo que apunta a otra cosa.

P.: La obra puede ser leída como una metáfora de la condición humana, pero ante todo pone al desnudo los celos, envidias, pasiones y miserias que circulan por un escenario.

P.B.: En relación a las lecturas posibles de la pieza podría mencionar varias cosas, pero prefiero no hurgar en ellas para no intelectualizar mi trabajo. En lo único que pienso como actriz es que tengo hacer una función al otro día con lo cual me tengo que preparar para hacer de «Hedda Gabler» lo mejor posible. Sí, la obra habla de la actuación, del lugar del actor, de lo difícil que es hacer las cosas como correspondería hacerlas.

P.: Los actores que entrenan a la protagonista son presentados como empleados públicos que trabajan a reglamento y carecen de pasión por lo que hacen. Hay palos para los que sólo tiran letra y también para el texto de Ibsen.

P.B.: Yo siento que este fue un proceso liberador de un montón de cosas que nos suceden a los actores y que no es posible poner en juego haciendo una pieza tradicional. Como decirle a tu compañero: «Mirá no estoy creyendo nada de lo que estás diciendo» o poder preguntarle al público si quieren que hable más alto. Mi personaje le dice a la platea: «A veces parece que los actores actuamos porque hacemos gestos y ademanes grandilocuentes, pero sin sentimientos ni nada».

Entrevista de Patricia Espinosa

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