19 de mayo 2015 - 00:00

Paola Krum revive un clásico de Neil Simon de los 70

Paola Krum: “En el comienzo, mi personaje está peleado con el amor y con la vida”.
Paola Krum: “En el comienzo, mi personaje está peleado con el amor y con la vida”.
Paola Krum protagoniza junto a Diego Peretti "La chica del adiós", de Neil Simon, una comedia romántica que tuvo un auspicioso debut cinematográfico en 1977 y que ahora se exhibe en el Teatro Metropolitan con dirección de Claudio Tolcachir ("La omisión de la familia Coleman"). "Cuando leí la obra me gustó. Luego vi la película por Youtube, pero lo que más me entusiasmó fue el equipo de trabajo. Moría por trabajar con Tolcachir y también me atrajo la idea de hacer comedia con Peretti, al que no conocía", señala la actriz.

En su regreso al teatro, Krum interpreta a Paula, una bailarina desocupada que vive con su hija preadolescente (Lucía Palacios) y acaba de ser abandonada por su último novio. Pronto descubre que su "ex" le subalquiló el departamento a un actor amigo y, pese a su furia, se ve obligada a convivir con el nuevo inquilino por falta de dinero. Dialogamos con ella.

Periodista: Es la clásica comedia donde los dos rivales terminan enamorados.

Paola Krum:
Sí, pero a Claudio se le ocurrieron cosas que enriquecieron la versión original. Además, le dio importancia a la música. En el elenco está Gipsy Bonafina que toca, canta e interpreta varios personajes. Y todos cantamos en algunos momentos porque la música se mete dentro de la historia.

P.: En la versión cinematográfica el personaje masculino resultaba más carismático que su contrafigura.

P.K.:
El es un personaje divertido y juguetón, y tiene mucho para desplegar por su veta de payaso. Ella es una mujer algo difícil porque ha sufrido frustraciones, sobre todo en el amor. Así que hubo que encontrarle la vuelta a este personaje para ubicarlo en el contexto de una comedia. Paula está peleada con el amor y con la vida, así que su malhumor estalla con la irrupción de este actor todos sus novios eran actores-, que además toca la guitarra a deshoras, se desnuda sin pudor y entona cánticos budistas al amanecer.

P.: Ella gana en comicidad cuando discute con la hija. ¿Cómo se lleva con su partenaire infantil?

P.K.:
Lucía tiene un aplomo impresionante. Durante el casting, fui a actuar con todas las nenas. Para mí era importante ver qué conexión teníamos y quedé impresionada por el talento y la valentía de estas chiquitas. ¡Dios mío! Yo tuve ese nivel de exposición recién a los 19 años, cuando hice "Drácula".

P.: ¿Qué esperaba encontrar en ella?

P.K.:
En un primer momento, poder conectar con su fragilidad. Después descubrí el talento de Lucía. Es mucho más rico un actor vulnerable que uno que se muestra entero y dueño de sí, como si no se hiciera ninguna pregunta. Y Lucía mostró vulnerabilidad y una gran calma. Era eso lo que yo buscaba, que hubiera entre nosotras una energía de comunicación, no de contraste. Porque las escenas que compartimos son de intimidad.

P.: ¿Le ha servido su experiencia como madre?

P.K.:
Sí. Por mi experiencia con mi hija, tengo donde buscar para este tipo de relación. Vivir sólo con ella generó una conexión particular, bastante diferente de la que tuve con mis padres y tres hermanos. Tuve la suerte de que las escenas con Lucía salieran sin ningún esfuerzo.

P.: ¿En la puesta de Tolcachir pesan más los sentimientos que las peculiaridades de los personajes?

P.K.:
Creo que sí. Acá se arma una familia, con un hombre que viene de fracasar como padre, una nena que nunca vivió con el suyo y una mujer que dejó de confiar en los hombres. Uno sabe desde el principio que los protagonistas van a terminar juntos, pero lo que importa es cómo llegan a esa instancia. Eso está bien contado en la obra y en la puesta de Claudio. En esta historia él puso de relieve las cosas más tiernas de la vida: el amor, la confianza y el cuidado mutuo. Lo difícil y lo fácil de este trabajo fue no enroscarnos ni darle demasiadas vueltas al asunto, sino dejar que la obra nos fuera llevando por su propia fuerza.

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