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Papa cierra agenda criolla y prepara primera encíclica
Daniel Scioli
Desde el Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires, último centro de operaciones de Bergoglio antes de elevarse a máximo representante de Dios en la Tierra para una grey de aproximadamente 1.200 millones, también confirmaron la expedición de Scioli y Rabolini. Y destacaron la excepcionalidad de la audiencia, una especie de deferencia papal con el gobernador, teniendo en cuenta que en julio comienzan las vacaciones del Sumo Pontífice en Castel Gandolfo, donde tiene previsto recluirse antes de su primer viaje internacional a Brasil para encabezar las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Carreras, antiguo militante peronista que conoció a Bergoglio en tiempos de Guardia de Hierro en la Universidad de Salvador, aclaró que se trata de un encuentro privado, a propuesta del Papa, y que nada tiene que ver con el inicio de la campaña electoral en la Argentina. Tanto que el gobernador no estará acompañado por ningún otro dirigente o candidato del Frente para la Victoria. Desde la Secretaría de Culto de la Nación a cargo de Guillermo Oliveri también desmintieron que Cristina de Kirchner viaje a Río de Janeiro entre el 23 y el 28 de julio para mantener un encuentro con el Papa.
Carreras, un dirigente peronista de larga trayectoria que ahora se desempeña como asesor del ministro de Trabajo bonaerense, Oscar Cuartango, es el encargado de coordinar el viaje del matrimonio Scioli-Rabolini. Pero no es el único nexo del Gobierno bonaerense con el Papa argentino. El jefe de Gabinete, Alberto Pérez, y el titular del Bapro, Gustavo Marangoni, se formaron en la Universidad del Salvador, cueva académica de los jesuitas en el país.
A ellos se suma el periodista Enrique Moltoni, quien en tiempos de Scioli vicepresidente y titular del Senado de la Nación, se encargaba de calmar las ánimos del Episcopado que en ese momento presidía Bergoglio, cada vez que Néstor Kirchner enviaba al Congreso proyectos de tono anticlerical, como la venta libre de la pastilla del día después o la obligatoriedad de educación sexual en escuelas públicas.
En la Semana de Mayo, Bergoglio ya se había entrevistado con otros dos presidenciables para 2015. El socialista santafesino, Hermes Binner, y el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich. Con el mandatario chaqueño, el Sumo Pontífice compartió la celebración de una misa privada y hasta un desayuno, donde también participó el monseñor argentino Fabricio Sigampa, el mismo que le dedicó un mural a Carlos Menem cuando su fe reportaba al Obispado de La Rioja. Aquella mañana del 22 de mayo, Capitanich le obsequió al Papa una imagen de la Virgen con el Niño Jesús en brazos, tallada en madera. Y un libro de Bernardo Kliksberg sobre la lucha contra la pobreza, un tema que obsesiona al asceta Bergoglio quien solía mortificar a los Kirchner con sus denuncias desde el púlpito sobre la "pobreza escandalosa". Francisco reveló además que está abocado a la escritura de una nueva encíclica vaticana sobre la pobreza que pronto saldría a la luz.
Pero no sólo a la escritura deberá dedicarse Francisco antes de verse con Scioli. Es inminente también la cobertura de obispados que quedaron vacantes en la Argentina. El más delicado, el caso del obispado castrense que ocupó Antonio Baseotto hoy a cargo del administrador diocesano, Pedro Candia. El Papa también deberá designar tropa propia en Bariloche, Reconquista, Rafaela y La Pampa, sede vacante desde la asunción de Mario Poli como sucesor de Bergoglio en el Arzobispado porteño. Ramón Alfredo Dus, de Resistencia, y Carlos María Franzini, de Mendoza, y Poli recibirán este sábado en la Santa Sede el Palio Arzobispal de manos del sucesor de Benedicto XVI en la solemnidad de Pedro y Pablo.
Sin embargo Scioli, Rabolini, Poli, Dus y Franzini no serán las únicas visitas que tendrá el Papa provenientes de su país natal. Su amiga personal Alicia Oliveira, la misma abogada de detenidos-desaparecidos que integró la comitiva presidencial que asistió a la entronación de Francisco, también se entrevistará con el Papa. En esa comitiva estará también el dirigente peronista Eduardo Valdez, autor de un proyecto contra la flexibilización laboral que no sólo llegó al escritorio del entonces Santo Padre, Juan Pablo II; sino también a los despachos de la OIT en Ginebra.

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