20 de noviembre 2012 - 00:00

Para el Gobierno, paro será acotado, pero habrá ‘‘caos’’

Sergio Berni
Sergio Berni
Cristina de Kirchner bajó una indicación terminante y puntual al secretario de Seguridad, Sergio Berni: auscultar con detenimiento y en alerta los intentos de cortar vías que anunciaron los gremios que motorizan el paro montado para hoy contra el Gobierno.

A dos años de la muerte de Mariano Ferreyra, mientras se desarrolla el juicio por el crimen del militante del PO -ayer se confirmó el procesamiento de José Pedraza, jerarca de la Unión Ferroviaria, en una causa lateral-, la Presidente estableció como prioridad evitar tensiones con los trenes.

La cuestión ferroviaria, en una secuencia siniestra, se volvió un karma para Olivos. Según la mitología K, el asesi-nato de Ferreyra alteró co-

mo pocos episodios a Néstor Kirchner antes de su muerte. La tragedia de Once, el verano pasado, trituró la primavera cristinista del 54%.

Como símbolo, y como precaución, la foto que más pánico genera en la Casa Rosada es una que reedite eventuales incidentes sobre las vías. Por eso, Berni enfocó parte del dispositivo de seguridad a custodiar los ramales que podrían convertirse en focos críticos.

La ecuación es simple: el sector ferroviario ligado a la izquierda concentra su fuerza, capitaneada por Rubén «Pollo» Sobrero, en la línea Sarmiento, donde, admiten en el Gobierno, está en condiciones de paralizar -o al menos generar demoras- el servicio.

En cambio, en el resto de las trazas -con cierta presencia, pero acotada, en el Roca-,

la actividad está controlada por la Unión Ferroviaria (UF), que no adhiere a la medida de fuerza. Sobre esas líneas está puesto el foco donde se anunciaron cortes de vía que son resistidos por el gremio que prometió garantizar el servicio.

Pronóstico

Un chispazo de ese tipo -la protesta del PO en respaldo de los tercerizados; la UF decidida a despejar las vías- fue el prólogo del crimen de Ferreyra. Ayer por la tarde hubo charlas, reuniones y gestiones del ministro del Interior, Florencio Randazzo, con los gremios ferroviarios para prevenir desmadres.

El criterio sobre el servicio ferroviario, con un paro de alcance parcial, pero con posibilidades de complicaciones por «piquetes», se derramaba ayer como pronóstico global sobre la protesta que involucra a Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Pablo Micheli, el PO, Libres del Sur y la Corriente Clasista y Combativa (CCC).

Con Moyano diezmado en cuanto a aliados -perdió a la UTA, socio clave en su amenaza de «paralizar» el país-, el poder de la CGT Azopardo está acotado: afectará la esencial recolección de residuos y los vuelos de cabotaje, entre lo más relevante, mientras la Azul y Blanco barrionuevista sólo impacta en la diaria en estaciones de servicio.

La CTA rama Micheli, a su vez, limita su impacto a sectores de ATE, algunos ámbitos de la educación y, con alcance reducido, hospitales a través de Fesprosa. Sindicatos de izquierda están, además, en condiciones de frenar la línea B del subte.

Ante ese diagnóstico, el Gobierno espera un paro limitado, aunque, por esa razón, entiende que las agrupaciones políticas y las organizaciones sociales que adhieren a la medida serán las que le darán el mayor volumen a través de la ristra de piquetes, cortes

de calle y de vías que planean la CCC y Libres del Sur.


En el lenguaje K, el paro tendrá propósitos de «generar caos» ante la imposibilidad de paralizar la actividad. En Casa Rosada ayer usaban otro argumento: «No es un paro, es una extorsión porque no deja trabajar a los que quieren ir a trabajar».

Frente a la primera medida de fuerza en su contra definitiva como «paro nacional», y que presenta a Moyano, antiguo edecán K, contra su Gobierno, la Presidente se rodeará de militantes de La Cámpora, Kolina y el Movimiento Evita en San Pedro durante el acto para recordar la Vuelta de Obligado.

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