Para frenar la inflación se deben afectar intereses

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En un año, de abril 2016 a abril 2017, la medición de inflación (ver cuadro) según el índice precios al consumidor del INDEC, promedió el 1,5% mensual. No se avanzó en frenar el ritmo de aumento de precios en pesos. Los últimos tres meses duplican la meta del 17% postulada por BCRA (1,31% mensual).

Las autoridades dicen que la principal herramienta para bajar las inflación es la política monetaria del BCRA. Consistente en mantener tasas de interés sumamente elevadas en los bonos en dólares, y también en pesos. Consecuencia: la cotización del dólar es inferior a lo esperable a mediano plazo. Reconocemos que un dólar bajo ayuda a contener precios de bienes y servicios y así atenuar los precios al consumidor, transitoriamente. Pero los bolsillos de los consumidores sufren la impotencia de esta herramienta.

Insuficiencias

La política monetaria no es suficiente. Porque nuestras normas determinan una economía largamente indexada y poco competitiva. En ese ámbito, los salarios, tarifas de servicios públicos y otras decisiones de alzas de precios y egresos del fisco tienen mayor impacto que la contención del dólar. Y los déficit fiscales agregan demanda, contribuyendo a sostener los precios y salarios. Por eso no existe ninguna certidumbre de avanzar en doblegar el azote inflacionario.

Las cifras disponibles alarman. Según BCRA, la cotización promedio del dólar, en abril 2016 fue 14,41 pesos. En igual mes de 2017, 15,36 pesos. Así,

en abril 2016, el índice de pre-cios al consumidor costaba 6,94 dólares. Y en igual mes de 2017, 8,30 dólares. Un 20% más. No creo que ningún país sufra tamaña inflación en dólares. Esto confirma que la Argentina está cara y es poco competitiva en el mundo.

En la Argentina la inflación en dólares fue 20% en un año (ver cuadro). ¡El BCRA parece más cerca de alcanzar la meta de inflación en dólares que en pesos!

Si realmente queremos atenuar la inflación debemos derribar el "no se puede", no es "políticamente posible". Desindexar salarios, precios, tarifas, decisiones de gastos, introducir competencia, tanto en el comercio interno como exterior, eliminar "protecciones" sectoriales, diseñar formulaciones flexibles en programas de gastos estatales para hacerlos más efectivos en atender necesidades de usuarios. En la Argentina, el combate a la inflación exigiría la concurrencia de todo el Gobierno y aportes de entidades privadas, sindicales, ONG, sociales, etc. Fundamentalmente, una nación progresista y competitiva requiere reglas estables en el tiempo. Hasta entonces seguiremos en la frustración de metas ilusorias.

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