Cristina de Kirchner se rodeó de trabajadores de la planta Toyota al mismo tiempo que Hugo Moyano bramaba en el acto del Día del Camionero. La Presidente inició su discurso en el momento en que terminaba el jefe de la CGT.
Hugo Moyano optó por un recurso curioso para pulsear por la propiedad simbólica de Juan Domingo Perón: renunció, en simultáneo, a la jefatura del peronismo de Buenos Aires y a la vicepresidencia tercera del Consejo del PJ nacional.
Enlazadas, las dos butacas expresaban su pertenencia del camionero al dispositivo K. En la sede de Matheu lo sentó, en persona, Néstor Kirchner; a La Plata, como vice, lo arrastró Alberto Balestrini. Sin esos soportes, Moyano perdió a sus lazarillos en el PJ.
De la ráfaga de reproches que el jefe de la CGT lanzó desde Huracán en un tono brutal, la pista más explosiva es su decisión de abandonar las trincheras partidarias, una de las cuales -la bonaerense- teóricamente administra desde el 24 de agosto de 2010.
Dio razones. El PJ, dijo, es una «cáscara vacía» porque las decisiones se toman en «otro lugar». Sostuvo, además, que no tiene voluntad de ser un «bufón». El «link» es obvio con la hibernación que dispuso, tras la muerte de su esposo, Cristina de Kirchner en el partido.
El Gobierno se refugió en su clásico silencio. La Presidente optó por no responder y los coreautas K acataron ese mandato. La única referencia, elíptica, de Cristina fue cuando, durante el acto en Toyota, agradeció el respaldo de La Cámpora. «Son los que están siempre».
Las voces que rompieron el mutismo estratégico se detuvieron en una distinción: el menú de reclamos sindicales, a pesar del tono combativo, es conocido y figura hace tiempo en el relato moyanista. El desafío político, confió un funcionario, es el dato complejo.
Sobre esa base, los voceros K construyeron dos hipótesis sobre el movimiento de Moyano. Veamos:
La interpretación primaria, según trascendió en el Congreso y en Casa Rosada, es que el camionero cometió un «error» al renunciar al PJ. No sólo porque transgrede una regla milenaria del peronismo de que «nadie renuncia a nada», sino porque el prospecto con el que justificó su dimisión deja al resto de los miembros del partido en off side. «Entonces nosotros que estuvimos y estamos en el PJ somos unos bufones», renegó un legislador del FpV que integra el consejo partidario. Desde una provincia, controlada por un cacique histórico, bajó la misma impresión. «Hugo tendría que haber buscado otra forma de irse. Ésta no es la mejor porque nos obliga a nosotros a pararnos enfrente. Si busca socios, éste no es el camino». La reacción del partido será minimizar su renuncia. La orden es no darle trascendencia y cuando lleguen las dimisiones se aplicará la burocrática la vía administrativa: se registrarán por mesa de entrada. «Nadie se va a reunir para tratar su renuncia. Si eso es lo que espera Moyano, que se olvide». Entre otras incógnitas, no estaba claro, anoche, si otros jerarcas sindicales como Andrés Rodríguez (UPCN), Antonio Caló (UOM) o Gerardo Martínez (UOCRA), que también tienen cargos en el partido, imitarán al camionero. Tiempo atrás, Moyano dio pistas sobre su reacción: cuando el PJ viajó a Río Gallegos para homenajear a Kirchner en el Día del Militante, Moyano no fue.
El otro planteo huele a contraofensiva y refiere a que la parálisis del PJ bonaerense no fue producto de una disposición de Cristina, sino de la impericia de Moyano para poner en marcha el partido. En rigor, el camionero -recuerdan en Gobierno- no logró reunir el Consejo del PJ provincial porque jamás consiguió consensuar con los caciques territoriales. Lo padeció Omar Plaini -que ayer avisó que él también renuncia-, a quien Moyano impuso como delegado y tropezó con modos y hábitos incompatibles con los del sindicalismo. Traducción: la franquicia del PJ bonaerense no es una «cáscara» porque lo dispuso Cristina, no sesionó en los últimos meses porque Moyano no pudo, desde que asumió, ordenarlo. Molesto, Moyano refunfuñaba: «Al final el partido lo maneja Scioli». El kirchnerismo invoca otro ejemplo para apuntar a la inhabilidad del camionero. Anteanoche, en Costa Salguero, convocados por Juan Carlos «Chueco» Mazzón, se reunieron unos 200 dirigentes peronistas de todo el país: gobernadores -de Juan Manuel Urtubey a José Manuel de la Sota-, intendentes, legisladores y funcionarios. Orador único, Mazzón recordó a Kirchner: «Hace un año, recién había muerto Néstor, tomamos el compromiso de garantizar que este diciembre haya un presidente peronista. Cumplimos: Cristina está en la Casa Rosada. Ahora como peronismo nos comprometemos a garantizar la gobernabilidad de la Presidente hasta el final de su mandato». Moyano, claro, no estaba ahí.
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