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“Para mí, todo es materia de ficción, incluso la historia”
Mateo Sagasta: “Novela negra es la descripción de una sociedad, y de sus partes perjudiciales. Si tomamos la corrupción en el siglo XVII, vemos que no hemos cambiado mucho”.
Mateo-Sagasta es licenciado en Geografía e Historia, especializado en Historia Antigua y Medieval. Ha publicado las novelas "El olor de las especias", "Ladrones de tinta", "El gabinete de las maravillas", "Las caras del tigre", "Caminarás con el sol". En su breve visita a Buenos Aires para participar del festival "BAN! Buenos Aires Negra", y presentar su nueva novela "El reino de los hombres sin amor", dialogamos sobre su enjundiosa y amena saga histórico-literaria que transcurre en la época del Siglo de Oro Español
Periodista: Es curioso que un escritor consagrado a la novela histórica sea uno de los invitados de "BAN! Buenos Aires Negra" el festival porteño de novela policial. ¿Ha estado en otros?
Alfonso Mateo-Sagasta: En muchos. Voy casi todos los años a la Semana Negra de Gijón, que es fundacional de las que vinieron detrás. He estado en Barcelona Negra, en Getafe Negro, en Valencia Negra. Y si bien me invitan por mi obra en general, hay un libro de la serie de Isidoro Montemayor, "Ladrones de tinta", que es un thriller, que es una novela negra en cuanto describe las miserias de una sociedad del siglo XVII. Es novela negra porque es social. No hay en la novela un crimen, salvo un crimen literario: el robo de la autoría de la segunda parte del Quijote, que es el Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda. El libro es una investigación de los sospechosos de ser Avellaneda, que es un seudónimo, no es nadie, es un misterio literario que se ha mantenido durante 400 años, y es una descripción de esa sociedad.
P.: En un sentido más clásico de novela negra es el segundo tomo de su saga, "El gabinete de las maravillas", que se inicia con un asesinato en un espacio cerrado.
A.M.: "Ladrones de tinta" es una novela urbana, abierta, madrileña, con muchos personajes históricos alimentados con sus propios textos, de donde saco su personalidad. Quería escribir una novela negra policial. "El gabinete de las maravillas" arranca con un muerto y la investigación de ese crimen. Pero como no iba a autoplagiarme es una novela de interiores, puramente policial. Es otro punto de vista. Mi idea fue crear un caleidoscopio de la misma época, con distintos puntos de vista, con el mismo protagonista. La tercera, "El reino de los hombres sin amor", es una novela de espías. Es novela negra porque, si bien no hay un crimen, hay delitos de corrupción política.
P.: ¿Qué es para usted una "novela negra"?
A.M.: La descripción de una sociedad, y de sus partes perjudiciales. Si tomamos la corrupción en el siglo XVII era semejante en España, en Inglaterra, en Francia, y a la vez eso lo vemos hoy mismo, no hemos cambiado mucho. ¿Dónde están las raíces de la corrupción actual? No hay tales raíces, está en todas partes siempre. Escribir una novela histórica es una trampa. La novela perdura hoy en función de la epopeya humana que se narra al margen del marco. Mi marco, el siglo XVII, es circunstancial, lo que cuento de los sistemas, de las debilidades humanas, eso es universal. En cuanto a la creación histórica intento recrear un siglo XVII creíble, no quiere decir un siglo XVII real, eso no existe. Nadie sabe cómo era, tenemos rastros, pequeños detalles, de cómo pudo ser.
P.: ¿Por qué le interesa tanto el Siglo de Oro español?
A.M.: Porque arranqué con El Quijote. Y no era que me gustara. Lo tuve que leer a los 15 años, y me aburrió tremendamente. Pero cuando me dediqué a escribir, en mi primera novela, "El olor de las especias", sentí la necesidad de volver al Quijote, a la novela que se supone fundacional y que a mí no me había gustado nada. Fue un reencuentro de adulto, y me maravilló. Y no sólo el Quijote sino también su mundo. Todos los libros que escribo son como una forma de reflexión personal. Para mí el Quijote y "Ladrones de tinta" fue una clase de literatura, qué es la literatura, cuál es el papel del autor, qué es la inspiración. "Ladrones de tinta" es una reelaboración de lo que va ser la segunda parte del Quijote. Ocurre en el verano de 1614 que es cuando acaba de salir el Quijote apócrifo, y Cervantes está escribiendo se segunda parte de El Quijote. El Quijote son dos libros, con 10 años de diferencia. Son 10 años en la vida de un hombre de una vida muy intensa. El valor de que saliera un libro que robara esa segunda parte a Cervantes, lleva a que Cervantes escribiera una segunda parte marcada por ese hecho. En "Ladrones de tinta" Isidoro Montemayor tiene que investigar acerca del robo de Avellaneda y hablar con Tirso de Molina, Lope de Vega, Góngora. En ese juego literario no sólo va a marcar cómo Cervantes escribe la segunda parte del Quijote sino que va a explicar a Lope cómo escribir "Fuenteovejuna", le da a fray Gabriel Tellez su seudónimo Tirso de Molina, le pasa lo mismo con Vélez de Guevara y "El diablo cojuelo". Con todos esos autores con los que entra en contacto va a cambiar la percepción de su vida, y va a condicionar las obras maestras tal como se han escrito después. Al pobre Montemayor le ha copiado todo el mundo, Edgard Allan Poe un cuento, Alain-René Lesage su "Gil Blas de Santillana", entre otros.
P.: ¿Cómo concibió el personaje de Isidoro Montemayor?
A.M.: Fue conformándose con el paso del tiempo y su interacción con los otros protagonistas. Es un pícaro, alguien que asiste a la corrupción, un superviviente, pero no un moralista. Cuando le cuenta a Lope de Vega su relación con Micaela, la Condesa de Cameros, su secretario y amante, le pide: haz algo con esto, en realidad le está contando "El perro del hortelano". A medida que fui escribiendo fui conociendo de su carácter.
P.: ¿Cómo hace la relación entre lo histórico y lo ficcional?
A.M.: Para mí todo es ficcional. La Historia es una ficción. Todo es materia de ficción. Depende de ti como quieras jugar, cómo interviene tu imaginación, en qué documentos te apoyas, qué es lo que puedes manejar. Si Montemayor junta en meses cosas que han ocurrido en tres años es un error de su memoria. Las fuentes históricas están escritas por señores con mucho tiempo de diferencia, que mezclan cosas, y tomamos sus libros como si fueran sagrados, y la Historia no es sagrada, no existe, no es algo aprehensible, es una creación del intelecto. A partir de ahí yo juego con todo. Por eso yo me coloco en editor de las memorias de Isidoro Montemayor, y desde allí reclamo una libertad absoluta.
P.: ¿A quiénes considera sus maestros dentro de la novela histórica?
A.M.: Alejo Carpentier con "El siglo de las luces" me parece maravilloso, el "Bomarzo" de Manuel Mujica Láinez una preciosidad, "Memorias de Adriano" de Marguerite Yourcenar, la novelas de Robert Graves, allí está la gran novela histórica. La gran novela histórica no habla de un período histórico en sí, que es el problema de la novela histórica actual (que quiere enseñar historia a la gente cuando no es su función), sino que habla de grandes dramas humanos. El marco que eligen es anecdótico, en verdad están contando historias de personas. ¿Dickens os está contando la Revolución Francesa? No, para eso hay otros libros. Lo de él es una historia preciosa, narrada maravillosamente. En "El reino de los hombres sin amor" le robo personajes a Dumas, esos tres mosqueteros que gracias a Montemayor nos enteramos de que no son personajes sino personas reales. ¿Qué nos importa si Richelieu, Ana de Austria o el duque de Buckingham eran así como los pinta Dumas si "Los tres mosqueteros" es una novela fantástica? Esa es la riqueza de la literatura, ofrecernos imágenes inolvidables.
P.: Lleva ya publicadas seis novelas, ¿qué está escribiendo ahora?
A.M.: Ahora tengo tres historias abiertas, no sé por cuál me voy a decidir. Por ahora voy a dejar de lado el siglo XVII. La saga de Isidoro Montemayor que por ahora es una trilogía, la había planeado como una tetralogía que ofreciera cuatro puntos de vista: lo urbano, el mundo de los interiores, lo rural, los viajes, Me quedaría el exterior, el camino de Flandes, América, el Mediterráneo. Hay unas historias apasionantes en América, pero creo que Isidoro Montemayor no me sirve para contarlas porque me obliga a escribir en primera persona, y América es plural, y necesita de muchas voces. Las historias que estoy pensando ahora son actuales para liberar la mente y volver a la Historia con otra perspectiva. Aunque los lectores no perdonan, piden más de lo mismo. Y yo siempre trato de narrar algo distinto, aunque sea algo histórico, eso ha hecho que cada una de las novelas de la saga de Isidoro Montemayor se pueda leer independientemente.
Entrevista de Máximo Soto


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