22 de julio 2011 - 00:00

Paradoja para los chinos: es difícil hallar dónde invertir

Timothy Geithner
Timothy Geithner
 Nueva York - De pronto, esas reservas de u$s 3 billones parecen una mala idea. En el caso de China, muy mala, conforme los inversores muestran una evidente preferencia por el yen sobre los dólares. El hecho de que los pagarés de un país endeudado, que envejece, se encuentra a la deriva en el plano político y que aún sufre las consecuencias de un fuerte terremoto y una crisis nuclear parezcan más seguros que los bonos del Tesoro de los Estados Unidos lo dice todo.

Muchos inversores todavía ven la monstruosa pila de reservas de China como un punto fuerte. Consideran que está protegida contra un apocalipsis financiero. En realidad, China está atrapada y se esfuerza por encontrar salidas que no existen. ¿Vender dólares para comprar deuda griega? Bien. ¿Pasar a obligaciones negociables italianas? Tal vez no. ¿Buscar una cantidad suficiente de francos suizos disponibles para diversificarse? Buena suerte.

Siempre está Japón. Dos problemas inmediatos vienen a la mente. Uno: los bonos a 10 años rinden un insignificante 1,06%, aproximadamente la tercera parte del rendimiento de los bonos norteamericanos comparables. Dos: dado que alrededor del 95% de la deuda pendiente de Japón se encuentra guardada bajo esteras tatami en el país, China no podría conseguir lo suficiente como para que el ejercicio valiera la pena. Los mercados de bonos de otros lugares de Asia son demasiado pequeños o demasiado ilíquidos para que pudieran servir de ayuda.

A medida que transcurre 2011, la arquitectura de Bretton Woods II que creó Asia luego de la crisis de 1997 no sólo se está desmoronando, sino que pone en peligro billones de dólares de riqueza del Estado. Las ideas románticas sobre un retorno al mundo original de Bretton Woods del patrón oro no son realistas en un sistema global tan apalancado y opaco como el nuestro. Tampoco lo es salvar a su sucesor, en el que Asia estableció de facto las paridades fijas respecto del dólar y acumuló montañas de reservas para protegerlas.

Nadie desarrolló ese juego con mayor habilidad y diligencia que China. Un yuan subvaluado es lo que aglutina y fortalece la segunda economía del mundo. Pero se está haciendo más difícil de mantener en momentos en que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, flirtea con otra ronda de flexibilización cuantitativa, o QE3, y el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, se endeuda hasta el cuello.

Más aún, se hace más caro cada día. Nada lo hace tan evidente como las recientes advertencias de Standard & Poors y Moodys Investors Service. Ambas consideran una reducción de la calificación AAA de los Estados Unidos. Es muy bueno ver que S&P y Moodys no sólo muestran cierta decisión, sino que también se plantan ante el deterioro de la situación fiscal de los Estados Unidos.

La idea de que en la actualidad alguna economía merezca la máxima calificación es risible. Los funcionarios chinos toman cada vez mayor conciencia de que el chiste son ellos. Los u$s 1,2 billón de bonos del Tesoro que tiene China son sólo una parte de ese chiste. La otra es el entusiasmo con el que China viene comprando deuda emitida por Grecia, Portugal y otros eslabones débiles del euro.

Todo eso dio lugar a una diplomacia fascinante. Ahora China implora a los Estados Unidos que proteja el dólar. Cuando la secretaria de Estado Hillary Clinton visita Pekín, la deuda norteamericana forma parte tan importante de la agenda como los derechos humanos. Europa espera que China contribuya a que sus economías en problemas eviten la necesidad de un rescate del FMI. Japón trata de ganarse la buena voluntad de Washington mediante promesas de que no se deshará de los dólares que tiene.

Así como China se convirtió en una gran ganadora luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre en los Estados Unidos, llegó a la cima a partir de la crisis financiera de 2008. Los Estados Unidos pasaron los años posteriores a los atentados librando guerras caras e inútiles y distanciándose de buena parte del mundo. China lo aprovechó al máximo: cultivó amistades y obtuvo contratos de energía y materias primas. Ahora China vuelve a llenar el vacío, y construye carreteras, puentes y redes eléctricas en todo el mundo a los efectos de fortalecer relaciones.

Acumular deuda europea es un ejemplo. La motivación es más política que económica. La economía, sin embargo, tiende a imponerse a los programas de los políticos y a sus cálculos. Ese fue el caso del efecto dominó en Asia a fines de la década de 1990. En Indonesia, volteó al presidente Suharto. En Corea del Sur, el caos financiero ayudó a un exdisidente, Kim Dae-Jung, a llegar a la presidencia.

Agencia Bloomberg

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