29 de septiembre 2010 - 00:00

Paro general hoy para doblegar a Zapatero

Trabajadores hicieron ayer piquetes en las plantas de los diarios en Barcelona. La adhesión al paro, que en los medios de prensa es un día antes, se sintió sobre todo en los diarios Público y El País, de Madrid, y en La Vanguardia y El Periódico, de la capital catalana.
Trabajadores hicieron ayer piquetes en las plantas de los diarios en Barcelona. La adhesión al paro, que en los medios de prensa es un día antes, se sintió sobre todo en los diarios Público y El País, de Madrid, y en La Vanguardia y El Periódico, de la capital catalana.
Madrid - En un creciente clima de tensión entre los sindicatos y José Luis Rodríguez Zapatero, a la 0 de hoy comenzó la primera huelga general en rechazo a la política del gobernante socialista y la séptima desde el retorno de la democracia en España. El grado de adhesión al paro determinará un impacto político especial, dado que las centrales sindicales fueron aliadas de Zapatero hasta el año pasado.

En opinión del secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT, socialista), Cándido Méndez, «más del 60 o 70 por ciento» de la población va a secundar el paro. «A nosotros no nos van a amedrentar ni a distraer», señaló Méndez para luego anunciar que podría haber más protestas. «Esta huelga la vamos a ganar limpiamente. Y no olvidéis algo, este presidente del Gobierno es experto en rectificar», añadió el dirigente sindical.

Por su parte, Ignacio Fernández Toxo, el líder del otro sindicato convocante, Comisiones Obreras (CC.OO., de origen comunista), se mostró más cauto. En sus palabras, el éxito de la huelga no estará en el seguimiento, sino en lograr revertir la reforma laboral, una ley recientemente sancionada y reclamada por las organizaciones empresariales, y el recorte de salarios de los empleados públicos. Para ello, además del paro, hoy están previstas más de 100 movilizaciones en diferentes ciudades.

Pese que España tiene un récord histórico de 4,6 millones de desempleados (el 20,09% de la población activa), los sindicatos no tienen asegurado el éxito de la protesta. Encuestas han anticipado que una clara minoría de los españoles adherirá a la medida, señal, entre otras cosas, del escaso rating del populismo en el país.

Los sindicatos han sumado apoyos en el ambiente artístico, mayormente zapaterista hasta hace poco. Algunos de los que respaldaron la huelga son el cantante Joaquín Sabina y el poeta José Manuel Caballero Bonald.

Por una parte, la reforma laboral, aprobada finalmente por el Congreso hace tres semanas, fue decretada por el Gobierno hace ya tres meses, con lo que la crispación por la medida ya se diluyó. Por el otro, mucha gente piensa que debido a la dura crisis del país, éste no es el momento de una huelga general. Ésta es también la postura del opositor Partido Popular (PP), pese a que éste rechaza, como los sindicatos, la reforma decretada por el Ejecutivo.

Perfil bajo

El Gobierno, mientras, intenta mantener un perfil bajo de cara a la huelga. Aunque Zapatero dejó claro que no retirará la reforma laboral pro mercado, sí ofreció a los sindicatos negociar su desarrollo. Es cierto que lo hizo un poco de apuro, en los últimos días, lo que generó una respuesta destemplada de los jefes sindicales.

Por primera vez en la historia democrática, el Gobierno pactó con los sindicatos los servicios mínimos que a escala nacional deben ser garantizados.

Así, durante la jornada de huelga operarán el 10% de los vuelos nacionales, el 20% de los vuelos europeos y el 40% de los demás vuelos internacionales.

Además, circularán una cuarta parte de los trenes suburbanos (el 30% en horario pico) y una quinta parte de los trenes de alta velocidad (AVE).

Para algunos analistas políticos, tanto el Gobierno de Zapatero como los sindicatos buscan que la huelga termine en tablas para que ninguna de las dos partes salga derrotada.

Así lo consideró también la secretaria general del Partido Popular (PP), María Dolores de Cospedal, quien manifestó que la protesta «parece pactada con el Gobierno», al igual que la «escenificación de la ruptura» de éste con los sindicatos.

Sea como fuere, hay mucho en juego tanto para el Ejecutivo de Zapatero como para los sindicatos: si la huelga resulta ser masiva, el primero quedará más tocado de lo que ya está. Y si la convocatoria resulta ser un fracaso, serán CC.OO. y UGT los que podrían sufrir una crisis de credibilidad superior a la que ya sufren.

España no vivía una huelga general desde el 20 de junio de 2002, cuando estaba en el poder el conservador José María Aznar.

Agencias DPA, ANSA y AFP

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