17 de mayo 2010 - 00:25

Parque colapsado por puestos callejeros

Ferias legales, ferias ilegales, vendedores de todo tipo convirtieron al Parque Centenario en un lugar colapsado por los puestos callejeros.
Ferias legales, ferias ilegales, vendedores de todo tipo convirtieron al Parque Centenario en un lugar colapsado por los puestos callejeros.
El Parque Centenario se ha vuelto algo más parecido a un mercado central que a un espacio verde donde solían ser legión los deportistas que salen a trotar, algo casi imposible los sábados o domingos dado que toda su superficie está acaparada por puestos de todo tipo.

El Centenario (ubicado entre Ángel Gallardo, Díaz Vélez, Leopoldo Marechal y Patricias Argentinas) fue remodelado y reinaugurado el año pasado con la construcción del Anfiteatro Eva Perón, pero dista de ser el espacio cultural por el que apostó el Gobierno de la Ciudad. Tampoco constituye una alternativa al Rosedal de Palermo, donde se puede correr o respirar aire puro, pues lo que subyace es un sinnúmero de puestos, olor a choripán y música a todo volumen.

Esta postal se completa con los varios monumentos históricos, el Museo de Ciencias Naturales, el Hospital de Animales, el Hospital Naval y el lago artificial con patos, que caracteriza a un parque que en el año del Bicentenario no pasa por su mejor momento.

Existen tres ferias legales, una ilegal, y un mercado de frutas y verduras a 50 metros del parque. Las ferias homologadas por el Gobierno de la Ciudad son: la histórica feria de libros, la feria de artesanos (para la que es requisito presentar un certificado que acredite que el feriante fabrica las mercancías con sus propias manos) y dos más recientes: una fue creada en la crisis de 2001, llamada la feria de «Patricias Argentinas», y la otra surgida como desprendimiento de ésta, a la que bautizaron «Del Centenario». La primera está homologada por el Gobierno de la Ciudad, pero la segunda no.

Cada una de estas ferias cuenta con 500 puestos, algunos locales y otros «visitantes». En la «legal», se paga $ 15 a los delegados de la mutual «Creación alternativa de trabajo», entidad sin fines de lucro, homologada por la Ciudad (matrícula CF 2447), que nuclea a feriantes de parques y paseos públicos de todo el país.

El destino del dinero recaudado los fines de semana (y feriados corridos) apunta a la tramitación y entrega de cajas del plan de apoyo alimentario a las familias asociadas (más de 700), en cuyas sedes, chicos y adultos reciben ayuda económica.

Desde su creación en 2001, esta feria del Parque Centenario, que no resulta nada pintoresca en relación con otras como Plaza Francia o Plaza Dorrego, y en rigor se acerca más a la de Plaza Miserere en Once, fue motivo de queja de vecinos porque no sólo «afea» la zona sino que impide la libre circulación de vehículos y complica las caminatas de los peatones. Pero por tratarse un fin noble y regulado, en el parque convive la gimnasia, la artesanía, el choripán y la venta de toda clase de objetos, muchos provenientes de La Salada, igual que los manteros de la calle Florida.

Existe un delegado cada 50 puestos, quien se encarga de percibir y organizar a los feriantes, quienes se acercan para vender toda clase de accesorios: nuevo o usado, desde indumentaria, carteras, relojes, juguetes hasta CD, DVD y comida, estos últimos más controlados pues no pueden convivir muchos en la misma zona.

En esa feria se reúnen los «vinilos», feriantes que realizan compraventa de reliquias coleccionables, pero sólo suelen quedarse los domingos a la mañana, horario en que se reúnen con su público cautivo y a la tarde dejan el espacio para más visitantes. Los interesados en tener un puesto deben llegar al parque a las 7 de la mañana para que los delegados les asignen un lugar. Una vez instalados, a las 10 (horario tope para que llegue el «titular», algo a lo que se llega habiendo participado de la feria durante un año), comienza la jornada, que se extiende hasta las 18. En algún momento del día pasan los delegados a cobrar el dinero que, aseguran, llega a la mutual mencionada.

Existe una feria alternativa, que quienes trabajan para la mutual llaman «ilegal», sin homologación, y que aportó gran cantidad de puestos al otro lado del parque, lo que convierte al Centenario en una circunferencia de feriantes. A los puesteros de esta feria se les cobra $ 10 y son legión quienes traen de sus casas todo aquello que consideren es susceptible de ser vendido. La lista es infinita y aquí se ven teléfonos viejos, crickets, ropa usada muy vieja, calzado, utensilios de cocina. Cualquier objeto cabe en esta feria.

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