30 de agosto 2010 - 00:00

Parrafadas denuncian a la prensa del mundo

Por si no alcanzaran sus cotidianas irrupciones por cadena nacional y el atractivo que tiene su retórica para los medios en general, Hugo Chávez escribe parrafadas todos los domingos que son reproducidas por el sistema oficial y paraoficial de información. En esta ocasión, vale la pena conocer el contenido de la edición de ayer de «Las líneas de Chávez» para comprender los vericuetos de su denuncia de una campaña mundial en su contra, que -según dice creer- involucra a conglomerados como The New York Times, la CNN, La Stampa (Italia), El Tiempo (Colombia) y el Grupo Prisa (España). Poco serio. Intenta desmontar Chávez notas periodísticas que hablan de la inseguridad en Venezuela y de la relación de su Gobierno con extremistas islámicos antisemitas, algo de lo que el mandatario se enorgullece en público.

Llama la atención la estrategia de difamación e intriga que han puesto en marcha en la arena mediática internacional. Alerto al pueblo: ellos cuentan con poderosas herramientas y las van a utilizar a fondo en la misma medida en que nos acerquemos al 26 de septiembre.

No hace mucho, en junio, lanzaron al aire un documental llamado «Los guardianes de Chávez», realizado por gente vinculada al grupo Prisa de España. Se trató de la presentación de un conjunto de groseras mentiras, con el fin de crear y extender una matriz de opinión para que se declare a Venezuela país forajido. Luego del estreno en los canales españoles Cuatro y CNN Plus, inmediatamente CNN en español se puso en sintonía y lo emitió en horario estelar, amén de realizar posteriormente varios programas especiales. Finalmente, lo colgaron en Youtube y en 24 horas ya se registraban 45.530 reproducciones. Aquello fue una verdadera conflagración especializada y poderosísima, orientada a hacerle creer al mundo que el Gobierno bolivariano es ilegítimo y terrorista.

En este mismo orden de ataques, el fin de semana pasado, la misma cadena CNN pasó varias veces un reportaje acerca de nuestra línea aérea Conviasa y sus vuelos tanto a Damasco como a Teherán. De nuevo un rosario de falsedades: que no tienen en el Medio Oriente control en las aduanas y, por eso mismo, viajan sospechosos que vienen a prepararnos en acciones terroristas; que Venezuela es la ruta perfecta para ingresar árabes islámicos en nuestra América; que desde Maiquetía los aviones parten cargados de uranio nuestro para abastecer las plantas iraníes, y pare usted de contar.

Aunque este espurio reportaje es de aparición reciente, ya la línea editorial había sido difundida el 3 de agosto pasado por una página web llamada Painkiller. Allí el ar-tículo «Hizbulá y las arepas: Terrorismo islámico en Venezuela» da cuenta de una entrevista realizada por el diario bogotano El Tiempo, donde la directora general para América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, Dorit Shavit, orientó sus descalificaciones hacia nuestro país por el supuesto apoyo que aquí reciben «organizaciones terroristas».

Este mismo artículo se hace eco de una noticia publicada en el diario italiano La Stampa, que reportó que «los vuelos Caracas-Teherán servían para transportar material militar y tecnología nuclear a Siria, evitando los controles de Naciones Unidas y, a cambio, Caracas estaría recibiendo de Teherán armamento bélico y apoyo para actividades de inteligencia.

Y como si esta descarada andanada de calumnias fuera poco, el lunes pasado nos lanzan otro misil desde The New York Times, evidentemente en sintonía con la campaña interna que vienen adelantando los desestabilizadores medios privados venezolanos en relación con el tema de la inseguridad. Un señor que se hace llamar Simón Romero, y que parece ser corresponsal de ese diario en nuestro país, titula su entrega: Venezuela es más peligrosa que Irak. En qué cabeza cabe comparar la dimensión de la violencia desatada en Irak, producto de una invasión genocida, donde el llanto de los sobrevivientes no alcanzará, jamás ni nunca, para aplacar sus penas, con el problema estructural de la inseguridad en nuestro país, originado por las brutales desigualdades que heredó nuestro Gobierno, y que hoy estamos enfrentando con la mayor firmeza y rigor, desde una visión preventiva y no represiva. Pero evidentemente no se le puede pedir un mínimo de objetividad a cierto periodismo de baja estofa que no hace sino acentuar el amarillismo más grotesco.

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