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Pasajeros sufren en Madrid y en Roma
Ayer fueron setenta los vuelos de Alitalia que no partieron o arribaron de Fiumicino por efecto de una inesperada asamblea del sindicato que agrupa al personal que hace la limpieza de las aeronaves y de la carga y descarga de equipajes. La mayor parte de las cancelaciones fueron conexiones internacionales. La medida de fuerza se produjo a apenas cinco días del nacimiento de la Nueva Alitalia, y provocó además extravíos o bloqueos de equipajes y la ruidosa protesta de los pasajeros varados. Centenares de valijas permanecían en las bodegas de los aviones, en los carritos portamaletas o tiradas a la vera de las cintas transportadoras, mientras centenares de frustrados viajeros intentaban recuperarlas.
Seguramente, esta huelga salvaje no habrá influido en la decisión estratégica tomada por la alemana Lufthansa y anunciada ayer, respecto de que no está interesada en adquirir una participación en Alitalia. Un vocero de la aérea teutona declaró que «Lufthansa no presentó oferta alguna, sino una propuesta de colaboración con el grupo de compañías aéreas Star Alliance», a la que pertenece la empresa Lufthansa y está encabezada por la estadounidense United Airlines.
El vocero desmintió así versiones periodísticas que en los últimos días afirmaban que Lufthansa aspiraba a comprar acciones en Alitalia, por lo que Air France-KLM quedó sola en esta carrera que, finalmente, tiene un solo inscripto.
En tanto, a la española Iberia no le fue mucho mejor ayer, cuando canceló 31 vuelos y tuvo atrasos de hasta catorce horas en el 50% de sus rutas, todo provocado también por el «trabajo a reglamento» de sus pilotos. Nuevamente, la situación recuerda lo hecho por APLA (el sindicado que agrupa a los comandantes de Aerolíneas Argentinas) y que hundió en el caos absoluto a la aérea nacional, con la posterior reeestatización.
Iberia acusa a los pilotos de llevar a cabo una «huelga de celo» (lo que en la Argentina se llama «trabajo a reglamento») para presionar en la negociación, mientras que el SEPLA (sindicato de los pilotos de Iberia) asegura que las demoras y las cancelaciones se deben a que faltan tripulantes técnicos y la compañía programa vuelos por encima de sus posibilidades. Un «déjà vu» de los mismos argumentos esgrimidos en su momento por APLA, «irregularidades» todas que desaparecieron mágicamente cuando el Gobierno asumió el control de Aerolíneas.
Según fuentes de la empresa, Iberia lleva gastados más de cinco millones de euros «sólo en atender a los clientes afectados por esta huelga no declarada».


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