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Pasajes: atajo para no debatir el verdadero cambio
• LA HISTORIA DEL COMPLEMENTO SALARIAL DILECTO ENTRE LOS LEGISLADORES
Emilio Monzó
El año pasado el Senado lo actualizó y Diputados ante la desaprobación pública dio marcha atrás con la medida. Si un diputado hoy cambia un tramo aéreo a Salta o Río Gallegos recibe $1300, pero el Congreso paga el precio de ese pasaje según la tarifa aplicable. Obsérvese que el Senado reembolsa $3400 por el mismo boleto.
¿Deben los legisladores contar con pasajes? Una primera respuesta afirmativa podría ser que es parte de su trabajo. ¿Tienen derecho a canjearlos? Sólo si debe realizar un viaje especial que no puede hacerse por vía aérea, como muchos casos de cercanía. Lo que es seguro es que no pueden tener asignados pasajes los bloques o los funcionarios de ellos.
Las expresiones de Graciela Camaño, del bloque renovador, respecto del canje de pasajes del diputado Macri constituyen una chicana, ya que es público que el actual Presidente siempre donó la totalidad de sus haberes por todo concepto, a la fundación de Margarita Barrientos. Las ONG tienen como función fortalecer la sociedad civil y brindar información sobre el gasto de la política, pero deben profundizar los temas en análisis porque no es lo mismo, por caso, que un legislador utilice los tramos asignados para conocer la realidad de un tema sobre el que está trabajando o cambie por dinero para realizar el mismo viaje en su auto, que dicho canje sea considerado un simple ingreso adicional.
Las herramientas y los pasajes son una de ellas, se otorgan y organizan en función de objetivos, y que algunos representantes decidan acumularlos y cambiarlos una vez vencidos como hizo la exsenadora María Laura Leguizamón, y contemporáneamente aparezca en una suntuosa fiesta de cumpleaños en Marruecos, es un desatino que no invalida el mecanismo.
En igual sentido, no es lo mismo tener tramos innominados que se utilicen para el ejercicio político, que venderlos o regalarlos a miembros del despacho del legislador y/ o sus familiares y que éstos los usen para fines turísticos.
Más inexplicable es la extensión del mismo régimen a las autoridades de las cámaras y de los bloques -que no son legisladores-, que deberían ser eliminadas o bien rendir cuenta de por qué y para qué viajan, y en ningún caso podrían canjearse por dinero, ya que no representan al pueblo sino que sus designaciones suelen ser producto de la llamada rosca partidaria.
El exceso de corrección política no debe interponerse en las herramientas otorgadas, de la misma manera que senadores y diputados con 27% de pobreza deben sentirse interpelados a ejercer sus mandatos con ejemplaridad, si no lo hacen por virtud -en tiempos de redes y selfies- deben hacerlo por temor a ser escrachados y así soslayar las distorsiones y excesos en el uso de recursos públicos que provienen de los impuestos de los atribulados contribuyentes.


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