15 de abril 2016 - 00:00

Pase lo que pase, el camino no lleva al paraíso

Brasilia - Estamos ante la inminencia de la deposición legalizada de una presidenta electa. En un país cansado de la crisis, la élite política cuenta las horas que faltan para el desenlace.

Más de cien diputados se ocultan en la condición de indecisos para librarse de las presiones y saltar al barco vencedor. Son los legisladores que no soportan vivir fuera de un gobierno, de cualquier gobierno.

Sea cual sea el resultado, Brasil no va hacia un paraíso. Al contrario. Pueden venir tiempos más amargos.

Nada indica que uno de los dos lados ganará por goleada como en 1992, cuando había un consenso contra Fernando Collor. El país continuará dividido en un eventual Gobierno de Michel Temer y la bronca actual del antipetismo dará lugar al resentimiento de la izquierda, de los movimientos sociales, de los que resistieron a la ruptura de la voluntad popular.

Subirá la Bolsa y el dólar caerá en lo inmediato, pero los problemas estructurales no serán resueltos con la eventual remoción de Dilma Rousseff del Palacio del Planalto.

Después, cuando empiecen los sacrificios anunciados por Temer, las calles hervirán en su contra. La Explanada de los Ministerios también hervirá tras el resultado del domingo. Allí está el peligro, en el espacio separado por el muro de la intolerancia.

No es cierto que las instituciones saldrán fortalecidas. Saldrán en harapos. El recurso de un "impeachment" sin base jurídica consistente es prueba de que el sistema político no tiene capacidad para enfrentar las crisis.

Las reglas de convivencia democrática están rotas. No será el Gobierno de Temer, etiquetado como golpista y traidor, que conseguirá superar la polarización. Sin votos para elegir un presidente, el PMDB se apertrechó en todos los gobiernos electos desde 1989. Ahora se prepara para dominar por sí solo las arcas del poder.

El PSDB no da el brazo a torcer, pero no era éste su plan de venganza contra la derrota de 2014. Lo que buscó fue una nueva elección que le devolviera la chance perdida con Aécio Neves. Terminó convirtiéndose en la fuerza auxiliar del engranaje montado por el diputado Eduardo Cunha y por Temer.

Si el "impeachment" pasa, tendrá que ayudar a sustentar el Gobierno de Temer, quien puede ser candidato a una reelección en caso de que no haya caos, reduciendo las posibilidades de una victoria de los socialdemócratas. Si vienen tiempos amargos, será socio de un Gobierno impopular.

Los más desilusionados serán los partidos medianos que están dejando al Gobierno. No habrá espacio para ellos cuando habrá que contentar a todas las corrientes del PMDB.

Y, por fin, que los indignados con la corrupción que se preparen. El "Lava Jato" saldrá de a poco de escena, algunos petistas seguirán presos, y la vida continuará.

Agencia Brasil247

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