8 de abril 2010 - 00:00

Patada de Burro

El ingreso de Ortega al equipo titular no impidió la caída de River. Los millonarios no le encuentran solución al mal momento.
El ingreso de Ortega al equipo titular no impidió la caída de River. Los millonarios no le encuentran solución al mal momento.
La agonía de River se prolonga y ni la inclusión de Ariel Ortega, el improvisado antídoto de Leonardo Astrada, pudo contener la hemorragia de un equipo que se desangra fecha tras fecha y mira de reojo la tabla de los promedios de la próxima temporada. Ayer, los millonarios volvieron a caer en el Monumental, hilvanaron la cuarta derrota de manera consecutiva y acumulan la misma cantidad de partidos sin gritar un gol. Esta vez, el verdugo fue Newells, que se impuso por la mínima diferencia gracias a un tanto de Jorge Achucarro, a los 6 minutos del complemento.

Ni la sorpresiva apuesta ofensiva de Astrada, con Ortega, Villalva, Canales y Díaz como combo de ataque logró que el conjunto millonario generara situaciones de peligro en el arco adversario. Ya son casi 400 los minutos sin marcar goles. Si bien en la primera parte River dominó las acciones, comandado por el «Burrito», que le dio fluidez al ataque, volvió a faltarle profundidad para imponerse en el marcador. A los 34, Díaz estrelló una pelota en el travesaño. Dos minutos más tarde, Ortega asistió de taco a Affranchino, que llegó solo por derecha y sacó un remate que levantó a todos los hinchas locales. Poco después, el jujeño hizo una pared con Villalva, que definió con un cabezazo que Peratta controló sin problemas. Y antes del descanso, el ídolo aprovechó un largo pelotazo desde atrás, le ganó a una defensa mal parada, pero su derechazo se fue cerca del palo.

Lo mismo ocurrió en el segundo tiempo, con el agravante del déficit en el resultado, que no logró revertir. El Jefe movió el banco y reemplazó a Canales por Funes Mori, quien derrochó las dos oportunidades que tuvo y profundizó su crisis de confianza. Por su parte, la Lepra se hizo un festín y, con un inteligente planteo contragolpeador, mereció ampliar la brecha. En una de las mejores situaciones, un disparo del ingresado Boghossian estuvo a punto de besar el palo de Vega.

En el Monumental, con la salida del equipo predominaron los insultos a los jugadores. Paradójicamente, el único que se salvó fue el ídolo jujeño, que pese a su adicción al alcohol y a las once fechas de inactividad fue de lo más destacado en un equipo que marcha en caída libre.

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