Hacia fines de los 90, su obra se centra en la investigación de la luz y el color, produciéndose un vuelco en su expresividad. Los colores producen , en primer lugar, un efecto puramente físico, es decir, el ojo, es seducido por la belleza y por otras propiedades del color. Así lo expresó Kandinsky en sus investigaciones sobre un tema al que, evidentemente, un grupo de artistas se ha abocado a profundizar actualmente, completamente alejados de cualquier anécdota o narración que interfiera en su autonomía-
Peisajovich integró este grupo de siete artistas, Burgos, Cambre, Di Toro, Filippi, Van Der Meulen, Demirsache, en la muestra «El color: instrucciones de uso», que se exhibió en Galería Vasari a comienzos de 2012. Vuelve a esta galería de Esmeralda 1357 en una muestra individual «Totalmente, tácitamente», una serie de ejercicios colorísticos, un refinado conjunto y una instalación lumínica, dos bombitas que penden de un par de cables que giran ininterrumpidamente en el espacio despojado de la galería.
Recordamos su instalación lumínica «Teorías», 8 discos circulares sobre una pared en la que se reflejaban infinidad de posibilidades en sus combinaciones cromáticas, una situación magnética que envolvía al espectador. Algo de esa fascinación lumínica le falta a esta muestra, demasiado lacónica.
Cierra el 14 de diciembre.
Papeles recortados y pegados de vibrantes colores conforman una trama que el artista recorre a pie, desde el aire, desde un auto, y que constituyen el mapa de la ciudad, puede ser la nuestra o cualquier otra. Bienvenido su optimismo porque esa red se convierte en flores, en líneas que se entrecruzan, en abigarrados nudos en los que despliega su capacidad dibujística a través del recorte y pegado minucioso del papel.
Por un rato largo esta visión urbana nos acompaña y una vez más se comprueba cómo un artista tiene recursos para transformar la realidad.
En Galería Elsi del Río, Humboldt 1510, Clausura el 30 de diciembre.
Via Margutta y Jerald Melberg, publicaron en 2002 un importante libro que además de los estudios críticos , las reproducciones de sus obras ayudan a volver la mirada sobre un artista intenso y personal. ¿Por qué volver hacia atrás? Porque allí encontramos parte del Raúl Díaz de hoy que expone en Espacio Urbano Contemporáneo (Pierina Dealessi 508, Dique 4, Puerto Madero). Y como consecuencia de ese bucear en su obra anterior, comprobamos su atemporalidad, en la que se conjuga el ser que vive hoy en esta contemporaneidad y su esencia humanística.
El hombre y la mujer en un espacio central ambiguo, barcas, geometrías, vegetación, saltimbanquis, caballos, en gamas de ocres, azules, rojos, que con el tiempo se han vuelto atmosféricos, evanescentes. En su obra actual quedan las barcas, cierta geometría, el hombre, algún paisaje montañoso, el despojamiento se ha acentuado con el correr de estos años, la materia es primordial, pigmentos, acrílicos, yeso, texturas que cubren el soporte, generalmente sobre madera así como sobre papel.
Pero las incisiones sobre la madera le dan esa cualidad escultórica que también dialoga con las esculturas propiamente dichas, generalmente, un hombre solitario que mira hacia el cuadro. El hombre está solo en la barca, a veces la barca aparece apilada, tema que abordó en obras de 2001, por ejemplo «Barcas Azules». Actualmente las realiza en cerámica esmaltada, también en barro y madera. Los temas son casi siempre los mismos pero lo que no ha cambiado es la situación de distanciamiento, de ausencia, de soledad que nos transmite.
Obra poética, está a punto de decirnos algo, muy sutilmente. Hay un imponderable en la percepción de la obra de este artista que nos conmueve.


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