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Pereda: el arte como vehículo para transformar conciencias
En los últimos siete años, la obra de Teresa Pereda investiga el sólido vínculo entre el hombre, la tierra y el agua.
Conocedora de paisajes ignotos, lleva nuestras tierras y en un acto solidario las mezcla en acciones colectivas con las de otros lugares y países en conjunción con sus habitantes. Otra tarea que se impuso, además de solicitar y entregar tierras, es entretejer e hilar lana, hacer que esos ovillos "naveguen" por bosques y ríos, se disuelvan y penetren en la frondosa naturaleza. A todas estas acciones se suman las leyendas que le cuentan los nativos enriqueciéndola espiritualmente lo que se transmite a la creación del corpus de su obra.
Desde 2006, Teresa Pereda ha experimentado con la inmersión de papeles en agua mezclada con tierra y carbón. Deja que el tiempo transcurra, se producen accidentes y cambios a causa del lento fluir del agua, el sedimento revelará formas azarosas.
Siempre alerta a las catástrofes ecológicas, la erupción del volcán Puyehue dio origen a una serie de dibujos aluviales que plasmó en grandes láminas de acero inoxidable. El agua, la tierra, las cenizas, avanzan, a diferencia de lo sucedido con el papel, de manera incontenible y ominosa, enfatizado por el negro del carbón.
"Cuando el agua calla" es una serie de papeles que han estado sumergidos por varios días en la zona de mallines cordilleranos patagónicos (tierras bajas inundables, humedales). Los minerales y sustancias en suspensión en el agua se fijan en el papel, un proceso que dura varios días y que se registra fotográficamente. Excelente idea la de volver a exhibir el video "El tiempo del agua", una acción realizada en Morena, a 200 km. al norte de Manaos, zona crucial para el equilibrio ecológico del planeta, registrada en 2009 por los videastas Charly Nijensohn y Pablo Ferlat con la colaboración de Luciano Azzigotti, creador de la banda sonora: un ovillo de lana rueda por la selva húmeda, es introducido en un río de cascadas turbulentas hasta desaparecer.
En la inauguración se pudo ver una video instalación que, desafortunadamente, se proyectó durante sólo tres días.
Nada más contrastante que el salón de baile del museo de estilo rococó diseñado por Carlhian sobre la base de una boiserie traída de un hotel parisiense del siglo XVIII para proyectar en su cielorraso la video instalación "Humus, la piel no calla", de los autores Ferlat y Azzigotti, tomas directas realizadas en un manantial ubicado en la zona cordillerana patagónica. El sonido, se construye a partir del desplazamiento de partículas de tierra producido por el agua en sincronía rítmica con cientos de registros sonoros de la ciudad y de voces humanas. Un efecto caótico, avasallante, un contrapunto entre el adentro de esa arquitectura y el afuera de lo urbano y la naturaleza. Clausura el 1° de septiembre (Av. del Libertador 1902).


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