13 de agosto 2009 - 00:00

Perpetua a ex militar acusado de delitos durante la represión

El ex jefe de Institutos Militares de Campo de Mayo Santiago Riveros fue condenado anoche a prisión perpetua por el secuestro, tortura y posterior asesinato de un militante comunista de 14 años, en abril de 1976, durante el último Gobierno militar.

La sentencia del primer juicio sobre los delitos de lesa humanidad cometidos en Campo de Mayo fue dictada por el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín, integrado por los jueces Lucila Larrandart, Marta Milloc y Héctor Sagretti, luego de la lectura del fallo, que duró siete horas y fue considerado «emblemático» por los organismos de derechos humanos.

El Tribunal también condenó a 25 años de cárcel al ex jefe de Inteligencia de Campo de Mayo Fernando Verplaetzen y a 18 años al ex jefe de la Escuela de Infantería Osvaldo García, por el secuestro, tortura y muerte de Floreal Avellaneda y de su madre, Iris Pereyra.

El fallo determinó además la condena a ocho años de prisión a otros dos oficiales que actuaron en el centro de detención clandestino conocido como «El Campito», César Fragni y Raúl Harsich. En tanto, al ex policía bonaerense Alberto Aneto se le aplicó una pena de 14 años por el secuestro y la aplicación de «tormentos agravados» a un perseguido.

Alegato

Las cuatro querellas y la fiscalía habían pedido condena perpetua para los seis imputados, aunque la fiscalía al mismo tiempo solicitó una pena alternativa de 25 años de prisión para Riveros y Verplaetzen, 18 para García, 17 para Aneto y 15 para Harsich y Fragni.

Durante su alegato final, Riveros aseguró que «me considero un demócrata. No soy nazi ni dictador. Ustedes son jueces de la democracia, pero no pueden ser nuestros jueces». En este punto, el ex jefe militar reivindicó el Código de Justicia Militar para su juzgamiento, admitió tener 400 causas abiertas en su contra y recordó que hace más de 10 años tiene detención domiciliaria.

También se refirió a la «injustificable anulación de las leyes de punto final y obediencia debida, y a la errónea anulación de los indultos», así como criticó el «foráneo concepto de crímenes de lesa humanidad».

Después de las palabras de Riveros, que era el máximo jefe de Campo de Mayo durante el Proceso, habló otro de los imputados, Osvaldo García, quien se desempeñaba como jefe de la Escuela de Infantería en esa época. Ahí funcionaban varios campos clandestinos, incluido en el que fue visto muerto el adolescente. Verplaetzen, por su parte, se negó a hablar.

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