17 de diciembre 2014 - 00:00

Petróleo en baja: ¿problema o drama?

 En una nota publicada en mayo pasado, aunque referida principalmente a Vaca Muerta, comenté los profundos cambios que se estaban produciendo en el mercado global del petróleo y del gas. El tema, ahora, ya no es la revolución productiva en las tecnologías no convencionales de extracción de petróleo y gas, sino la relación entre la violenta caída de los precios del petróleo de estos meses y sus efectos sobre la evolución de la economía global.

Como siempre que se producen cambios fuertes en los precios relativos de productos clave, el mapa cambia de colores, tanto en la geopolítica como en la macroeconomía y en lo sectorial. Y las reflexiones obvias y simplistas ayudan sólo en una primera mirada, pero las conclusiones lineales pueden resultar peligrosas.

En efecto, la reflexión más obvia es que los exportadores netos de petróleo pierden y los importadores netos ganan. Pero más allá de esta perogrullada, la cuestión se complica cuando se avanza en el análisis.

Por el lado de los exportadores netos, es cierto que verán reducidos tanto su disponibilidad de dólares para comprar importaciones como sus recursos presupuestarios para gasto público interno. (En la mayoría de los países exportadores la participación de los Estados en el negocio, sea a través de empresas públicas como a través del sistema de regalías, impuestos, etc., es muy alta), pero no es menos cierto que no es lo mismo exportadores con importantes "fondos soberanos de riqueza" (FSR) que podrían jugar un papel anticíclico, al menos en el corto plazo, que países endeudados o cuyos presupuestos se han construido en torno a un petróleo de 100 dólares el barril.

En ese sentido, resulta interesante ver algunos datos. De los 11 FSR más importantes del mundo, ocho están conformados con ingresos relacionados con el petróleo. En total, suman el equivalente a unas 10 veces el PBI argentino. Arabia Saudita, por ejemplo, tiene un fondo equivalente a todo su PBI de un año (que es algo más del doble que el nuestro, con un 30% menos de habitantes). Son más grandes aún los fondos soberanos de los Emiratos Árabes (más de mil millones de millones de dólares) o de Noruega (900 mil millones). Estos países, si bien tendrán problemas, pueden "bancarse" precios bajos por un tiempo. No es lo mismo que los casos de Nigeria o Venezuela, con "fonditos" de apenas el 0,1% del de Emiratos.

Del lado de los importadores netos, es cierto que estarán mejor, tanto desde su balanza comercial como desde sus recursos presupuestarios (teniendo en cuenta que el transporte público y, en otros casos, la energía están siendo subsidiados a los sectores más pobres y a las clases medias). Pero el efecto final dependerá de cuánto de la baja de los precios se traslade a los consumidores y cuánto quede en las cuentas públicas por reducción, precisamente, de los subsidios y qué uso se les asigne a esos mayores recursos públicos. Y cuál es, además, la correlación entre el precio de la energía que importan y los precios de los bienes que exportan. (Si son commodities, por ejemplo.)

Y, por supuesto, hay que tener en cuenta el valor relativo de sus monedas para saber cuánto ahorran en el neto, dado que, en simultáneo, se están produciendo cambios de importancia en los sesgos de la política monetaria en la Fed, el Banco de Inglaterra y el Banco de China, por un lado, y el Banco de Japón y (¿finalmente?), el Banco Central Europeo, por el otro, que afecta la cotización de las divisas de todos los países.

Complementariamente, y yendo ya a cuestiones sectoriales, si parte de los FSR se "gasta" para mantener el nivel de vida de la población, tendrá que "deshacer" las posiciones inversoras más líquidas, lo que puede influir en los precios de bonos y acciones de los mercados de capitales más desarrollados (en donde está invertida la mayor parte de estos FSR). Y los flujos de inversiones hacia otros países, puesto que muchas inversiones en "economía real" de los FSR se han usado como mecanismos de "política exterior".

Asimismo, en Estados Unidos, la baja del precio de los combustibles es, efectivamente, un subsidio al consumo, pero, básicamente, al consumo de sus sectores bajos y medios, en donde el precio del combustible, sea para transporte o calefacción, incide de manera proporcionalmente mayor que en los sectores más ricos. Por lo tanto, no todas las empresas se verán favorecidas por esta mejora en los ingresos de la población. De la misma manera que, la baja de los precios del petróleo y el gas, afectan diferencialmente a los protagonistas de la revolución productiva en los métodos no convencionales de extracción de petróleo y gas. Para las grandes empresas petroleras con fuertes espaldas financieras, la baja es sólo un problema. Para las pequeñas compañías petroleras, para sus proveedores y sus banqueros, puede ser un drama. Lo mismo para toda la industria vinculada a la exploración y producción. Los que "ayudan" a bajar costos estarán mejor, pero la inversión, en general, se hace más lenta. Y lo mismo para las ciudades y Estados en dónde se concentra la mayor inversión en no convencional. También se puede dar una ola de concentración en los proveedores con compras de los grandes a los chicos, y con adquisición de participaciones de mercado y de tecnologías a precios más baratos.

Y todo esto sin que sepamos, a ciencia cierta, el valor alrededor del cual se va a consolidar el precio del petróleo en los próximos meses.

¿Y por casa?. Desde el lado de la inversión, la Argentina es un destino para posicionarse en el largo plazo. Algunos proyectos se pueden hacer más lentos, y los montos involucrados menores, pero el problema argentino, no está en los precios globales, si no en el marco regulatorio y de estabilidad de reglas local. Como decía en aquélla nota de mayo, si no "alineamos" las políticas públicas para consolidar rápidamente la revolución productiva en el agro o en el petróleo agregando valor en torno a nuestras verdaderas ventajas competitivas, y seguimos creyendo que "política industrial" es el mamarracho de estos años, seguiremos en problemas, aún con el precio del petróleo a 200 dólares.

Por el lado del corto plazo, alguna ventaja en los costos de importación, que no se trasladarán directamente a los consumidores, pero que podrá aliviar en algo la necesidad de dólares y de pesos a pedirle al Banco Central.

En síntesis, todavía es prematuro, pero lo que está sucediendo en el mercado de la energía, es algo mucho más complejo, en todas sus dimensiones, (incluyendo los problemas ambientales) que los análisis simplistas que se escuchan estos días.

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