18 de noviembre 2010 - 00:00

“PH”: creíbles conflictos juveniles

Las buenas actuaciones y la fluidez con que se encadenan las escenas vuelven recomendable «PH-Un lugar común», logrado conjunto de historias de jóvenes entre la confusión y la incertidumbre.
Las buenas actuaciones y la fluidez con que se encadenan las escenas vuelven recomendable «PH-Un lugar común», logrado conjunto de historias de jóvenes entre la confusión y la incertidumbre.
«PH-Un lugar común». Dir.: C. Mattos. Int.: E. Gelbaum, C. Mattos, J. Pedersoli, J. Smud, J. Torres. Espacio Polonia (Fitz Roy 1477, timbre P; sábados a las 21).  

La obra se representa en un típico PH de Palermo, con pasillo angosto y puerta al fondo, tan de moda hoy día, sobre todo cuando adoptan el reciclaje «cool» que marca el diseño del nuevo milenio. Sin embargo, este espacio no está ambientado a la moda sino que fue reacondicionado como sala teatral, respetando su estructura original. El lugar no podía resultar más propicio para albergar historias que retratan una juventud que no es ningún divino tesoro, sino que transita errática y perdida, signada por la búsqueda y el principio socrático de la incertidumbre.

Los treintañeros de la historia son cinco amigos que se juntan para festejar el cumpleaños del que vive en el PH. Los une un pasado en común, pero la transición a la adultez los encuentra incomunicados, apesadumbrados o excitados con estimulantes, depresivos, desganados, aferrados a muchas actividades para llenar un vacío que igual no se llena. Al menos no se engañan con la intercomunicación vía mensaje de texto o red social virtual, y sus conflictos se plantean en el plano real. Lo que sí, igual nadie escucha ni mira al otro y, mucho menos, a sí mismo.

La trama se estructura a partir de anécdotas, chistes, corridas de un ambiente a otro, portazos a un ritmo que dota de verdadera tensión al relato. La puesta se ajusta al dinamismo de los personajes y, conforme avanza el argumento, que dosifica bien la información, los gritos son cada vez más crudos. Gritos de gente alienada, como en el cuadro de Munch. Aunque desde el título se advierte que habrá un planteo sobre los lugares comunes, los temas lo son pero no así su abordaje. Aparece el desengaño amoroso, la hipocondría heredada, el estancamiento laboral, la metafísica, el deseo de ser como Van Gogh, el de ser padres, el de haber nacido con una pasión, la traición entre amigos o la falta de valores.

Uno de los personajes fue literalmente «desterrado» por su propia madre y sólo persigue su conveniencia, mientras otro quiere aferrarse a su terruño. Uno sufrió ataques de pánico y está medicado, mientras otro consume cocaína y aconseja al más débil, completamente inconciente de sus propias y muchas debilidades.

Más rasgos a destacar, la acertada interpretación de los actores y la fluidez de las escenas, lo que probablemente responda a que la obra fue estrenada hace cuatro años y representada en varias oportunidades durante cortos períodos.

Dejá tu comentario