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Piñera ya captura votos decisivos de Enríquez-Ominami
Sin demorar, Sebastián Piñera se mostró ayer en plan de campaña en Santiago. Sus adherentes lo hicieron posar con una réplica del palacio presidencial de La Moneda.
La todavía no oficializada partida de Fontaine, ex gerente de grandes cuentas de Edesur en la Argentina a comienzos de los 90, es un botón de muestra no sólo de las dificultades que afrontará el proyecto político del carismático joven, sino también de los amplios matices ideológicos que representó el 20% de los votos que cosechó.
Un apoyo electoral que estuvo en el piso de sus expectativas del último mes y que dejó sin asiento parlamentario a unos cuantos que habían saltado desde la Concertación despertó las críticas. Fontaine, que recibió a este enviado en su oficina del barrio El Golf, en Las Condes, es el principal exponente liberal de la coalición Nueva Mayoría. Ahora cuestiona que en el tramo final «Marco viró su campaña a la izquierda, le puso un 6 al Gobierno de Salvador Allende y defendió a Cuba por el embargo, pese a que es una dictadura que tuvo cosas sangrientas».
Fontaine calificó la de Enríquez-Ominami como «una campaña extraordinaria, sin recursos, contra el aparataje del Gobierno», pero cuestionó el, a su entender, error estratégico de haber pegado un viraje ante el crecimiento del postulante de izquierda Jorge Arrate, que actuó de tapón para el documentalista de 36 años.
Este empresario y consultor le planteará alguna reserva a Piñera, porque, según cree, no pone el énfasis suficiente en la redistribución de la riqueza. «En Chile, el 1% tiene el 80% de la riqueza, y mientras las empresas pagan un impuesto del 17% a las rentas, las personas llegan a un 40%», alertó.
Interrogante
Lo que desvela a analistas y candidatos es cuál será el comportamiento en la segunda vuelta de los marquistas, muchos de ellos emergentes del «voto bronca». Piñera necesita sumar un cuarto de los apoyos conseguidos por el disidente del socialismo y de la Concertación, quien dejó a sus votantes en libertad el mismo domingo a la noche.
La tarea no parece fácil, pero está lejos de ser imposible. También jugaría a favor del empresario que parte de ese voto bronca se exprese a través del sufragio en blanco, nulo o abstención, ya que no se consideran en el cómputo del balotaje.
Sin nada
Enríquez-Ominami no logró ninguna banca legislativa para los suyos (sólo presentó un puñado de candidatos). Uno de los que se quedaron sin nada fue Carlos Ominami, padre adoptivo del candidato y miembro fundador de la Concertación. De él y de otros ex concertacionistas partieron claras señales en cuanto a la necesidad de sumarse al «bloqueo» del postulante conservador.
Pero ni Fontaine ni Ominami padre parecen estar incidiendo en Marco. Entre el domingo y ayer, el ex candidato profundizó sus críticas a sus adversarios. «Piñera no es el cambio, y las diferencias con Frei son casi invisibles, aunque reconocemos que su base social sí las ve», concedió.
Una vía de salida para Enríquez-Ominami sería apostar a un triunfo de Piñera y, ante la crisis de la Concertación, emerger como jefe de la oposición. Por lo pronto, ya eligió un llamativo nombre para fundar un nuevo partido. Copihue, una flor autóctona.


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