El 4 de noviembre, el PJ bonaerense cumplirá 17 meses de implacable parálisis. El último chispazo de vida fue un formalismo: en junio de 2011, 40 días antes del cierre de listas, otorgó plenos poderes a Cristina de Kirchner para definir a su antojo las candidaturas K.
El 15 de diciembre próximo, al cumplirse cuatro años de la asunción de Alberto Balestrini como presidente, vencerán los mandatos de los 46 miembros del consejo del PJ bonaerense, los de los congresales y los de las autoridades de los 134 peronismos municipales.
Hace dos semanas se coronó la futura acefalía. La carta orgánica partidaria fija que la elección interna debe convocarse con 60 días de anticipación. Es decir: no hay manera de que haya mandatos electos cuando, en 45 días, venzan los actuales.
En falta, al único atajo formal al que puede recurrir el partido es reunir, antes del 15, al consejo para prorrogar «de facto» la vigencia de sus integrantes. Es lo que se hizo en el PJ nacional en mayo pasado, cuando se convocaron elecciones para marzo de 2013.
Pero el limbo legal es el menor de los problemas del peronismo de Buenos Aires. Fuera del corset orgánico -la última actividad en la sede de La Plata fue la colocación, el viernes pasado, de un busto de Néstor Kirchner-, bullen intrigas, maniobras y aventuras. Veamos:
En el PJ anti-K empezó a circular la idea de convocar, fuera del circuito del peronismo oficial, un congreso partidario que reúna a dirigentes -muchos de ellos congresales del partido- y muestre la voluntad de los sectores enfrentados con Cristina de darle volumen y movilidad al partido, contrariamente a lo que, sostienen, hace la Casa Rosada, que mandó a hibernar al PJ mientras apaña la avanzada de Unidos y Organizados, la megaagrupación K encabezada por La Cámpora.
Hay charlas cruzadas y cálculos para medir qué cantidad de congresales podrían reunir en caso de llevar adelante ese congreso paralelo, sobre la base de la idea de que en diciembre el consejo entrará en acefalía al vencer los mandatos. La jugada es impulsada por sectores cercanos a Francisco de Narváez y busca el aval de otros espacios peronistas como el de Jesús Cariglino y del peronismo que reporta a Mauricio Macri, aunque en un marco mayor que sirva para mostrar un frente ampliado de referentes del PJ, incluso no bonaerenses, como José Manuel de la Sota.
De esa aventura está notificado Hugo Moyano, que asegura haber recibido 20 días atrás a dirigentes de La Juan Domingo con los que conversó sobre alternativas referidas al PJ bonaerense. El moyanismo sostiene, con razón, que el jefe de la CGT Azopardo es todavía presidente del partido porque asumió ese cargo tras el ACV de Balestrini y, aunque presentó su renuncia en diciembre pasado, el consejo nunca la aceptó, por lo cual está, técnicamente, al frente del partido, aunque no ejerza sus funciones y Cristina Álvarez Rodríguez haya planteado, en charlas informales, que ella había quedado a cargo de la presidencia.
El camionero se envalentonó cuando le llegó el rumor de que consejeros partidarios plantearon la posibilidad de convocar una reunión y rechazar su renuncia. Una rareza y una señal de los cambios de viento: cuando quedó al frente del PJ, la relación con la mayoría de los consejeros fue pésima al punto que le vaciaron las reuniones y lo forzaron, incluso, a sesionar sin quórum.
En las carpas kirchneristas, el peronismo se invoca como una doctrina, pero apartada de la cuestión orgánica más allá de las versiones que en algún momento dejó correr Gabriel Mariotto de querer repetir la doctrina Balestrini según la cual el vicegobernador conduce el partido. Otro que se apoya en la memoria del exvice es Fernando Espinoza, su heredero en La Matanza, que salió a juntar voluntades para tratar de pelear la jefatura del PJ. Otros K, con el GPS averiado, llegaron a plantear la hipótesis de entronizar a Alicia Kirchner como titular del partido.
Frente a la ruleta de nombres, el sciolismo prefiere esperar. La lógica es que, como las elecciones del PJ nacional, la bonaerense se patee hasta marzo, como primera instancia, para luego entrar en una espiral de demoras y enredos para terminar por llevar los comicios más allá de las elecciones de octubre próximo. Además, si para entonces no hubo grandes sacudones en el dispositivo K, la presunción es que las elecciones de ambas conducciones estarán atadas entre sí, por lo cual, como ocurrió en 2008, se compensarían los espacios.
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