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Playas y mucha acción en el norte brasileño
La aventura es protagonista en estas playas. El kitesurf es uno de los tantos deportes que se practican.
Las dunas, que alcanzan hasta 50 m de alto con un blanco intenso, los coqueros, los arrecifes, los lagos y el mar forman sin lugar a dudas uno de los escenarios más bellos de Brasil. El clima caribeño desorienta y por un instante el paisaje se asemeja al desierto marroquí. Además, los paseos en dromedarios le dan todavía más intensidad a la sensación de estar en el continente africano.
Natal es la capital de Río Grande do Norte y es la puerta de entrada a Brasil desde el este. La hotelería resalta con sus edificaciones frente al mar, dispuestas en los 9 km de la Avenida Costera. Aquellos que disfrutan de la playa deberán madrugar porque amanece muy temprano y apenas antes de las 18 el sol ya se oculta. Las playas urbanas, donde se entremezclan la música brasileña, los puestos de comida rápida y los vendedores ambulantes se dividen en tres, a las que no se puede dejar de visitar en la estadía en la ciudad: De los Artistas, Del Medio y De los Reyes Magos.
Sin lugar a dudas el puente Newton Navarro, que atraviesa el río Potengí, es una de las mayores atracciones de la ciudad; desde allí se pueden ver toda la extensión de Natal y el fuerte de los Reyes Magos. Este último está ubicado a orillas de la ciudad, fue construido por los portugueses sobre el arrecife en 1598 en forma de estrella (sólo se puede apreciar en una vista aérea). En cuanto a playas, Ponta Negra es la más bella, donde se pueden encontrar excelentes hoteles, bares y restoranes para hacer la estadía aún más placentera.
Apenas a 100 km de Natal se encuentra Pipa, señalado como uno de los diez lugares paradisíacos de Brasil. Pipa es la playa más internacional del nordeste, donde se pueden encontrar europeos, africanos y hasta norteamericanos. En los 70 fue el reducto de hippies y surfistas y aún hoy conserva su esencia. En estas playas de imponentes acantilados se entremezclan la belleza natural y el deporte extremo; es un paraíso para la práctica de kitesurf, windsurf, parapente y hasta prolongadas caminatas.
Lo ideal, al igual que Natal, es recorrer estas maravillas en la aventura del buggy. Desde bien temprano, se sale de la ciudad y en una travesía larga e intensa se llega hasta Sagi, donde los más arriesgados se hacen un baño con lodo, que según dicen los nativos es excelente para la piel. Durante la excursión se hacen cinco paradas, la más llamativa es en Bahía Formosa, donde sorprende un lago oscuro que lleva el nombre de Laguna de Coca-Cola. Según cuentan los nativos, quien se sumerge en estas aguas oscuras pero frescas tendrá siete años más de vida.
Las playas de Pipa están menos pobladas y desarrolladas. Son muy extensas, por lo que la zona es ideal para aquellos que buscan paz y tranquilidad. Perezosos abstenerse: para llegar a las mejores playas hay que atravesar importantes acantilados, que se traducen en por lo menos 150 escalones, aunque el resultado realmente vale la pena. Las más destacadas son Punta do Madeiro, Praia do Amor y Bata dos Golfinhos. En esta última se puede nadar con delfines y se dice que el agua transmite una energía especial; desde la orilla se observan las piruetas de estos simpáticos animales. La puesta de sol en Pipa es encantadora, la crepería Tibau do Sul es uno de los lugares elegidos por los turistas para ver al sol esconderse en compañía de una caipiriña bien helada.
La única playa a la que se puede acceder sin acantilados es Praia das Minas. Es la más extensa de la región y preferida por las tortugas marinas, donde se puede experimentar la naturaleza de lleno. Aquí el viento sudoeste garantiza «el segundo aire más puro del mundo» y deja el mar bien revuelto, peligroso para nadar pero ideal para los deportes acuáticos. Además es el elegido por aquellos amantes de la privacidad y las caminatas.
No obstante, para los que les gusta disfrutar de la noche, el centro de Pipa ofrece una variada cantidad de bares y restoranes para disfrutar de la comida local y de buena música. La noche es muy movida y allí se respira un verdadero aire bohemio. Los turistas suelen juntarse en la playa o en la Avenida Costanera a disfrutar de la inmensidad de la noche en compañía de una cerveza y eternas charlas que se prolongan hasta el amanecer.
Enviada especial a Brasil

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