Políticas graduales generan sólo resultados graduales

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Hacer negocios con la Argentina es hoy más difícil que en la mayoría de los países. Muchos inversores preferirán esperar una menor presión tributaria y mayor apertura.

En 2017 la economía argentina volvió a crecer y posiblemente lo haga nuevamente en 2018. Eso significa que por primera vez en 7 años podríamos tener dos años consecutivos de expansión. Eso implica que finalmente podríamos estar saliendo del estancamiento que venimos arrastrando desde 2011. Sin embargo sería ingenuo pensar que habrá un fuerte proceso inversor y una recuperación veloz de la actividad económica. La altísima presión tributaria, el exceso regulatorio en el mercado laboral y de bienes, la persistencia de la inflación, el reducido tamaño del sistema financiero y el atraso en materia de infraestructura ponen un límite a la velocidad que puede crecer el PIB y eso resulta un problema para el Gobierno que espera que el crecimiento ayude a licuar algunos problemas que presenta la economía.

El plan económico del Gobierno se basa en un continuo proceso de mini reformas durante mucho tiempo para estimular el crecimiento. El presidente Macri definió este proceso como "reformismo permanente" en su discurso en el CCK, luego de las elecciones legislativas. O sea, gradualismo en materia de reformas también.

Reformar la economía de manera de simplificar y reducir los costos burocráticos, disminuir el peso regulatorio inútil y reducir la innecesaria complejidad tributaria, es la principal (sino la única) herramienta que posee el Gobierno para hacer crecer la economía. Los otros instrumentos tradicionales de la política económica como la política fiscal y la política monetaria ya tienen bastante tensión con el déficit, el gasto público, el stock de Lebac y la inflación.

El informe de "Doing Business 2018" (Haciendo Negocios) del Banco Mundial que releva las facilidades y dificultades para hacer negocios en 190 países del mundo, coloca a nuestro país en la posición 117, siendo Nueva Zelandia, el primero. Ello significa que hacer negocios en la Argentina es más difícil que en la mayoría de los países. Los rubros en los que Argentina muestra la peor perfomance son el pago de impuestos (son muchos, altos y difíciles de pagar), los permisos para construir y la dificultad para abrir nuevos negocios. O sea, muchos impuestos y muchos permisos.

En este sentido, las reformas que presentó el Gobierno parecen apuntar correctamente. La reforma laboral, por ejemplo, intenta reducir los costos laborales y los riesgos que hoy presenta el mercado de trabajo para la contratación de nuevos trabajadores. Sin embargo, más allá del cambio impositivo en las contribuciones patronales, la reforma no ha sido muy grande y muchas cosas quedaron para la negociación de los Convenios Colectivos. De la misma manera, la reforma tributaria y el acuerdo alcanzado a las provincias reordenan varios aspectos de los impuestos así como cuestiones legales y judiciales. Pero en términos de presión impositiva y complejidad del sistema tributario no avanza demasiado.

Seguiremos teniendo una gran cantidad de impuestos, con muchísimos vencimientos cada mes y un nefasto sistema de "pague primero y después vemos" basado en retenciones, percepciones y anticipos., en los que los Estados nacional y provincial no devuelve los créditos fiscales que generan, reinterpretan retroactivamente normativas, la legislación continuamente invierte la carga de la prueba y obliga a las personas y empresas a trabajar gratuitamente y con costo financiero a cargo del contribuyente reteniendo o cobrando impuestos a los demás.

La Argentina necesita reformas de fondo. Se debe volver a los principios básicos en los que el Estado establezca reglas de juego claras, que sean de fácil cumplimiento de manera de abrir el juego a muchos emprendimientos nuevos y que deje operar libremente. Eliminando la cultura del permiso que hoy parece prevalecer y que se reflejan en el informe mencionado anteriormente.

Las reformas presentadas hasta ahora no son suficientes como para hacer mejorar substancialmente a la Argentina en el ranking mundial que revela la facilidad de hacer negocios en nuestro país (Doing Business Report). Pero tampoco parece que esa fuera la pretensión. Del discurso del Gobierno y del "reformismo permanente" pareciera surgir un programa de reformas continuas y graduales que de a poco irían mejorando la regulaciones y bajando los impuestos.

El problema de este enfoque es que los resultados también serán graduales. Aquella persona que quiere invertir en la Argentina y que se da cuenta que en el futuro será más fácil y barato contratar gente o abrir un negocio, tal vez prefiera esperar. De la misma manera, es posible que algunos negocios sean posibles solo con una menor presión tributaria o con una mayor apertura económica.

Es de esperar que la economía argentina crezca lentamente, lo cual implica que no será posible licuar velozmente muchos de los problemas fiscales, como el gasto público, el déficit o el rápido endeudamiento. Lo cual hace más difícil el trabajo el BCRA en su combate a la inflación y así sucesivamente. En otras palabras, un crecimiento menor hace las cosas más difíciles.

Por eso esperamos un buen 2018 aunque no tan bueno como quisiera el Gobierno. Proyectamos un crecimiento del PIB del 2,5%, algo menor de lo que se espera en el Presupuesto (3,5%) y una inflación que bajaría a valores del orden de 16% -17% anual pero que estaría por encima de la meta establecida por el BCRA. O sea, resultados buenos pero pequeños, para reformas que apuntan bien pero no son muy profundas.

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