18 de septiembre 2009 - 00:00

Por los senderos de la Buenos Aires graffitera

Por los senderos de la Buenos Aires graffitera
Buenos Aires era una ciudad fantasma. Por lo menos eso parecía desde la ventana del colectivo. Era un día de ésos en los que optar por el transporte público se convierte más en un trastorno que en un provecho. Tenaz, la lluvia empañó todo el viaje que había comenzado en el barrio de Colegiales. Sin embargo, al pasar por una de esas callecitas de barrio que hacen el trayecto más pintoresco, pude divisar un mural que se mostraba imponente sobre una pared y surgía entre dos ventanas de una casa añeja. Los colores, las formas, el espacio, me llamaron la atención. Lo firmaba «Gualicho». Seguramente, el seudónimo del autor de esa obra que súbitamente me había seducido.

Próxima escala

La siguiente parada de mi recorrido era Palermo. Bajé del colectivo en la calle Thames, caminé unas cuadras y volví a sorprenderme, no tanto con una imagen sino con un nombre: «Hollywood in Cambodia». Parece el título de un raro film, pero nada más lejos. Se trata de una galería de arte que también es un bar. En realidad, según indagué más tarde, es una de las máximas exponentes en Buenos Aires del llamado «street art», o en castellano, arte callejero o urbano.

Unas horas más tarde, exactamente a las 8 de una noche fría, pasé por Belgrano y Bolívar, en pleno barrio de San Telmo. Me senté en un banco que sirve de descanso en medio de tanto ajetreo, y tropecé con la mirada de un Gauchito Gil pintado sobre una pared. Estaba cubierto de colores vivos, elegidos, consciente de sus efectos, por «Grolou».

Pensé: la era «posgraffiti» ya se instaló en Buenos Aires, como en las urbes más cosmopolitas. Como en el barrio Chelsea de Manhattan, donde se pueden ver las paredes de la Eyebeam Gallery cubiertas de imaginación; o en Berlín, donde el hoy famoso y otrora triste Muro dio vida a numerosos artistas como Alias y Xoooox.

Detrás de «Gualicho», descubrí al nombre y al hombre: Pablo Harymbat. Cuando habla, se nota que prefiere el pincel antes que la palabra. Cuenta que el arte urbano o callejero incluye todas las expresiones artísticas que se realizan en la calle. «Al margen de que por estos días esté en boga, nació en la época de las cavernas, del hombre de Neanderthal», aclara. El arte urbano en la vida de Pablo no es nuevo; comenzó a experimentar con graffiti en 1998. Su obra está plasmada, entre otros puntos de la Ciudad, en el puente de Jorge Newbery, en Colegiales, o en la esquina de Newbery y Zapiola, donde pintó por encargo la fachada de una productora de cine y publicidad. Por estos días, lo está sobre telas, preparando una gira por Europa.

«Street art»


«A mi entender el arte urbano es aquel que se aprende, se hace y se deja en la calle. Ahí nace y ahí muere», comenta Maximiliano Ruiz, un argentino que vive en Barcelona y con sus 27 años acaba de publicar el libro «Graffiti Argentina».

Explica que «el street art se divide en dos ramas contradictorias y complementarias, que basan la esencia misma de éste: legal e ilegal; es decir, con permiso o sin permiso». Y que «la segunda división del arte urbano es la técnica utilizada: pintura en aerosol, pincel y rodillo, stencil, stickers, posters, objetos pegados, luces, proyecciones, audio, esculturas, y la lista se amplía día a día. Hay de todo, desde las clásicas grandes letras de graffiti hasta gente que manipula las publicidades en la calle creando bolillos donde ponen plantas como vi hace poco».

Buenos Aires Stencil, Run Dont Walk, Pum Pum, Mural On Line, Gazz, Kid Gaucho, Barfuss, Doma son sólo algunos grupos y artistas del arte urbano en la Argentina. Aunque no fue en nuestro país donde este arte nació o por lo menos surgió con más fuerza. Barcelona, Berlín, o Milán, son ciudades clave, aunque según Maximiliano, «lamentablemente los gobiernos locales han mantenido una fuerte campaña antigraffiti que ha conseguido quitarles sus momento de gloria». Para Maximiliano, «la ciudad que ha logrado mantener su originalidad y expresión callejera siempre viva, a pesar de la represión de expresión local ha sido Nueva York». Y agrega: «Pero, la ciudad que realmente brilla por su arte urbano es Valparaíso, en Chile, que, afortunada y desafortunadamente, no es reconocida aún a nivel internacional».

Desde siempre

«Es imposible ubicar temporalmente el nacimiento del arte urbano ni siquiera en un solo siglo ya que el humano desde temprana edad ha dejado su marca artística en la naturaleza antes de que nazca cualquier civilización. Hasta en la antigua Roma abundaban los graffiti», comenta Maximiliano.

«Pero si nos referimos al graffiti contemporáneo, éste nació sin lugar a duda en Nueva York a principios de los años 70. Las investigaciones señalan a «Taki 183» como el primero en dejar su firma por toda esa ciudad. El movimiento original consistía en crearse un nombre corto ficticio, al que se le agregaba un número de vivienda, para luego cubrir toda la ciudad con éste. A partir de ahí el movimiento fue tomando más y más seguidores y evolucionando en colores, formas y estilos», añade.

Todo es «street art»

El «street art» no es excluyente de estos artistas, escondidos bajo seudónimos difíciles de descifrar y en sus talleres y blogs. También pertenece a nombres más populares. Recientemente, seis fotografías de Aldo Sessa, que muestran desde arriba a una pareja bailando tango, tomadas en 1998, fueron instaladas en la estación Juramento de la línea D de subterráneos.

Y hace unos días, Marta Minujín dio nuevas muestras de su fanatismo por los obeliscos al presentar el «Obelisco Multidireccional», en la plazoleta Isidoro Ruiz Moreno (Cerrito y Posadas). Es un obelisco de siete metros de alto, del cual se desprenden otras cuatro figuras similares a modo de abanico.

Doy vuelta la esquina en la calle Finochietto, en pleno Barracas y veo un mural que ya no es anónimo. Es un auténtico «Grolou», el seudónimo de Louis Danjou, un joven francés que vino a la Argentina hace tres años y plasma sus sensaciones sobre las paredes de su propio barrio. Sigo caminando y disfrutando de esta Buenos Aires, donde el arte se manifiesta a la par del segundero.

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